Il nome del figlio (Francesca Archibugi)

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Título original Il nome del figlio
Director Francesca Archibugi
Guión Francesca Archibugi, Francesco Piccolo (Obra: Matthieu Delaporte, Alexandre de La Patellière)
Fotografía Fabio Cianchetti
Reparto Micaela Ramazzotti, Valeria Golino, Alessandro Gassman, Luigi Lo Cascio, Rocco Papaleo
País Italia
Productora Indiana Production Company / Lucky Red / Motorino Amaranto
Género Comedia
Duración 94 min.

Esta película italiana de 2015, Il nome del figlio,es la versión italiana de la producción francesa Le prenom (2012) que no he visto, por lo que no puedo decir si el remake mejora o empeora el original.

La película es una pieza de cámara donde una reunión de viejos amigos da pie para que estos se tiren los trastos a la cabeza. La historia presente, la velada, se alterna con flashbacks donde vemos a estos adultos cuando eran adolescentes y la vida era ligera y nada grave.

La idea del film es tocar muchos palos sin abordar ninguno en profundidad. Así cada personaje atiende a un arquetipo y si lo llevamos al terreno político tendríamos a uno de izquierdas a otro de centro y a otro de derechas. Se aborda la crisis en la pareja, donde la infidelidad podría ser una salida. Las nuevas tecnologías, redes sociales como twitter también están presentes, pues uno de ellos profesor de literatura no para de tuitear y de estar maquinando tuits mentales todo el tiempo, aislándose así de todo cuanto le rodea. Otro, a sus cincuenta tacos va a ser padre y esperan a su mujer embarazada a que acuda a la cena. La embarazada se ha convertido en una escritora de éxito y se ve censurada y reprobada por el tuiteador que escribe como Dios (según parece) pero no vende un ejemplar. El otro que nos queda es tan hermético que incluso su orientación sexual es pasto de los cotilleos y esto quedará desvelado con un notición, que caerá como una bomba entre sus amigos.

En fin, que hay líos de faldas, devaneos políticos, mucha falsa hipocresía, mucho criticar a los otros pero ninguna autocrítica y todo esto es lo que maneja la directora Francesca Archibugi, contando con actores bien conocidos en esta blog como Alessandro Gassman, Luigui Lo Cascio (al que llevábamos mucho tiempo sin ver actuar. Por aquí hablamos de Mare negro y cómo no de su ya inmortal La mejor juventud) o Micaela Ramazzotti de la que ya comentamos en su día La prima cosa bella
http://www.cuak.com/critica/la-prima-cosa-bella-paolo-virzi-2009/ o La pazza gioia, para ofrecernos una comedia, que en todo caso sería amarga, pues una broma pesada a cuenta del nombre que llevará el bebé abre la caja de Pandora.
Hay que ver cómo les gusta a los italianos el psicoanálisis el enjuiciar lo que los demás hacen y dicen y no dicen y no hacen, para al final resolver la situación de cualquier manera, pues el resultado a fin de cuentas importa menos que mostrar lo contradictoria, falsa y nauseabunda que es la naturaleza humana.

45 años (Andrew Haigh)

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Título original 45 Years
Año 2015
Duración 93 min.
País Reino Unido
Dirección Andrew Haigh
Guion Andrew Haigh (Relato: David Constantine)
Fotografía Lol Crawley
Reparto Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley, Sam Alexander, Richard Cunningham, Rufus Wright, Hannah Chalmers, Camille Ucan

45 years de Andrew Haigh demuestra muy a las claras que con un presupuesto mínimo, un actor y una actriz brillantes (Tom Courtenay y Charlotte Rampling) y un guion inteligente se puede pergeñar una pieza de cámara fílmica monumental.

Los 45 años son los que van a celebrar de casados Kate y Geoff y andan inmersos (más ella que él) en los preparativos de la onomástica. Comienza la película con Geoff leyendo una carta que llega de Suiza para enterarle de que han encontrado el cuerpo de una mujer, que resulta ser una novia que Geoff tuvo y que desapareció mientras pasaban unos días en la montaña. Ese hecho, a pesar de que Geoff y kate lleven 45 años casados, aparentemente felices y llevan una vida apacible y tranquila en Norfolk (en la costa oeste inglesa) junto a su perro, removerá sus vidas con inesperadas consecuencias.
A partir de ese momento, involuntariamente, Geoff verá pasar su pasado ante sus ojos, recuperando el hilo de su antiguo amor (a través de cartas, fotos, flores guardadas en cuadernos…) y pondrá sobre la mesa (que siempre es un tapete de juego) un asunto crucial, que no desvelo, el cual creo que tiene mucho que ver con esa precariedad sobre la que se cimenta toda relación de pareja por muy estable que nos parezca, pues Kate a pesar de ser una mujer comprensiva no quiere oir el nombre de “la otra” en boca de su marido, pues la entiende, aunque lleve más de 45 años criando malvas (en este caso en un sepulcro de hielo), como una rival, pues de no haberse muerto entonces, ahora ella no estaría con Geoff, el cual, según le confiesa se hubiera casado con ella de no haber mediado su desaparición y muerte.

El ritmo de la película es lento, acorde con dos personas ya sin obligaciones apurando su jubilación, (él con rodillas artrósicas), pero este ritmo es el obligado pues es necesario ir rumiando y decantando la nueva situación, asumiéndola o intentándolo, pues hay ciertas cosas que nuncan llegan a digerirse y como nos dijo Faulkner, el pasado nunca acaba de pasar y es lo que aquí sucede, que los celos golpean con fuerza, y el equilibrio (siempre imposible) vuela por los aires.

La intensidad de la película se afianza gracias a dos muy buenos actores, en un juego de miradas (para muestra la imagen final con el rostro de Rampling mudando de la alegría al llanto, a la desolación, al desamparo: sencillamente conmovedora), silencios y sobreentendidos sobre los que gravita toda relación de pareja, donde lo que no se dice es tan importante como lo que se profiere, y donde aquel, hasta entonces, amado, pasa a ser un desconocido, un extraño, un compañero de viaje, quien sabe, si incluso ahora, indeseado, cuando el suelo que se pisa son ahora las arenas movedizas de la desconfianza.

Sin amor (Andrey Zvyagintsev)

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Título original: Nelyubovaka
Año: 2017
Duración: 128 min.
País: Rusia
Dirección: Andrey Zvyagintsev
Guion: Andrey Zvyagintsev, Oleg Negin
Música: Evgueni Galperine
Fotografía: Mikhail Krichman
Reparto: Maryana Spivak, Aleksey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, Andris Keishs, Alexey Fateev
Productora: arte France Cinéma / Why Not Pro

En el caso de una separación los que pagan el pato siempre son los hijos. Lo sabemos y Andrey Zvyagintsev, director de esta película, nos lo hace ver sin tapujo alguno. Aquí tenemos a una pareja se está separando, ambos ya conviven con otras parejas, y tienen un hijo en común que es un problema para ambos, pues no saben qué hacer con él. El padre trabaja y dice que no se puede hacer cargo de su vástago. La madre tampoco lo quiere. Una noche discuten voz en grito. El hijo detrás de la puerta llorando constata que sus padres no lo quieren, más bien lo odian, odian su presencia, odian haberlo traído al mundo, quieren llevarlo a un internado. El niño coge las de Villadiego, aquí ubicadas en una ciudad rusa y se da el piro. Dos días después su madre descubre que su hijo no está en su cuarto y con la ayuda de la policía y de unos unos voluntariosos voluntarios se afanan en su búsqueda. La película deja fuera la cháchara, ese blablabla que atiborra nuestro cine y se muestra hermética en cuanto a lo que sienten los padres del menor desaparecido. El niño ha desaparecido por su culpa, por su falta de amor, y a pesar de que lloran y a ratos se desesperan, están más empeñados en tirarse los trastos a la cabeza (ella se casó con él para escapar con su madre, él se juntó con ella para tener una familia) que en pensar lo que han hecho, pues por otra parte, visto el desprecio que sienten por su hijo su desaparición les deja expedito el camino para reiniciar su vida de nuevo, sin lastre filial alguno.
Los paisajes son un personaje más. A pesar de rodarse en exteriores, estos son fríos, acerados, grises, inhóspitos, tanto como los interiores de las casas, que parecen exentos de vida. La película sin hacer concesiones de ninguna clase es una bajada a los infiernos, estancia mal ventilada, donde el ser humano es un monstruo.

Muchos hijos, un mono y un castillo (Gustavo Salmerón)

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Título original: Muchos hijos, un mono y un castillo
Año: 2017
Duración: 90 min.
País: España
Dirección: Gustavo Salmerón
Guion: Gustavo Salmerón, Raúl de Torres, Beatriz Montáñez
Música: Nacho Mastretta
Fotografía: Gustavo Salmerón
Reparto: Julia Salmerón, Gustavo Salmerón
Productora: Sueños Despiertos
Género: Documental

Vendrá la muerte y yo tendré una aguja de punto, para cerciorarme de que la he palmado. Lo primero que he decir es que estoy perplejo ante lo que acabo de ver. Gustavo Salmerón al que recuerdo de sus comienzos cuando presentaba el That´s English, reconstruye la vida de su madre y por ende de su familia, él incluido. Su madre, Julia, conocida como Julita Salmerón es todo un personaje, siempre hilarante, rocambolesco, inasible.

El título del documental cifra los tres deseos que tenía Julita de joven. Los tres deseos los cumplió. Hijos tuvo unos cuantos, y los vemos pulular por la pantalla. El mono también lo tuvo, aunque le salió rana y en cuanto al castillo, una herencia le permitió cumplir ese sueño que devino pesadilla cuando la familia tuvo que desprenderse del mismo y casi uno prefiere no tener nada para no tener tanto cachivache del que tener que desprenderse. Las escenas que más me impactan son las que Julita aparece en la cama, esperando la muerte, tomándosela a cachondeo, mirándola de frente, sin dejar de comer como le reprochan sus hijos, que ven en su actitud un desafío constante a la muerte. A través de imágenes antiguas, y distintas conversaciones nos enteramos de la vida de Julita y de su marido, con el que mantienen también unas conversaciones descacharrantes. Hay por ahí unos huesos, unas vértebras, de una abuela guardadas en una caja que son como encontrar una aguja en un pajar pues la casa de Julita es toda ella un trastero, atiborrado de objetos y de recuerdos.

Entre bromas y veras Salmerón logra certeramente abordar la vida y la muerte, la memoria y el olvido, la senectud, el tedio, el sentido o sinsentido de atiborrarse de bienes materiales, la familia como abrigo, como amparo, como sostén. Tiene muchas capas la película, y por encima de todo se enseñorea la simpar Julita, la cual a los ochenta llega a la conclusión de que ahora que la muerte está ahí fuera, cada vez más cerca, solo quiere divertirse. Está bien, que empiece la fiesta pues.

El hilo invisible (Paul Thomas Anderson)

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Título original Phantom Thread
Año 2017
Duración 130 min.
País Estados Unidos
Dirección Paul Thomas Anderson
Guion Paul Thomas Anderson
Música Jonny Greenwood
Fotografía Paul Thomas Anderson
Reparto Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram

Es evidente que Daniel Day-Lewis borda su papel, en la piel de Reynolds, un modisto envanecido, que ha construido una fortaleza a su alrededor para que nada le afecte, para que nada lo perturbe. El caso es que se cruza en su camino una joven, Alma, de la que se encapricha. Otra más. Entre los dos surge una relación enfermiza, sórdida, donde ella no sabe bien qué hace en ese lugar, al lado de un hombre tan repulsivo, tan insensible, que antepone su profesión a todo lo demás. Me parece una película de combustión lenta, muy estilizada, magnífica en sus aspectos técnicos, qué decir de su fotografía, de su vestuario, pero lo mejor sin duda es el actor Daniel Day-Lewis que lo borda, aunque a ratos creo que sobreactúa, aunque esa parece ser la intención, pues no es fácil domeñar ese mar embravecido que bate dentro, el control de ese otro que quiere salir, manifestarse, y que solo ve su oportunidad cuando Reynolds enferma, cuando su naturaleza se resiente, cuando cree morir, y entonces baja la guarda y se humaniza, muda sensible, requiere la presencia de su Alma, y la encuentra. Como espectador la pregunta es en qué medida esa tragedia traspasa la epidermis del espectador y nos toca la fibra o si solo cunde la indiferencia. Me he quedado a medio camino.

Out of nature (Ole Giæver)

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El noruego Ole Giæver protagoniza, guioniza y dirige esta película.
Martín es un joven casado, con un hijo de unos 4 años que supera la treintena y es un mar de dudas. Le tira el monte y decide escapar un fin de semana a las montañas que circundan el pequeño pueblo noruego dónde vive. Ir al monte no le hace dejar en suspenso todas sus dudas, sino todo lo contrario, las acrecienta. La soledad, ese estar consigo mismo, sin interferencias de ningún tipo, le llevará a repensar la situación con su pareja, su rol de padre, la relación que ha tenido con su progenitor (y esos genes que mucho tienen que ver con su forma de ser), se plantea una separación, un regreso a la juventud, recuperar esa sensación que transmite la canción “forever young” (y esos años en los que los fines de semana consistía en salir, trasnochar, beber mucho, enrollarse con chicas, levantarse tarde al día siguiente, sin ninguna preocupación, sin ninguna atadura, sin ninguna responsabilidad) pues a Martin se le hace muy cuesta arriba la vida que lleva y fantasea con romper con todo, con ser otro, con darse otra existencia y se le presentará la oportunidad, que quizás suponga un punto de inflexión en la crisis que atraviesa, crisis por otra parte necesaria para aclararse, si bien el final no impide dejar la puerta abierta a otras fugas, de fin de semana o definitiva, algo así como sucedía en la película El perdido, donde la soledad sí era extrema.

The Square (Ruben Östlund)

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Título original The Square
Año 2017
Duración 142 min.
País Suecia
Dirección Ruben Östlund
Guion Ruben Östlund
Fotografía Fredrik Wenzel
Reparto Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Daniel Hallberg, Martin Sööder, Linda Anborg, Emelie Beckius, Peter Diaz, Sarah Giercksky, Jan Lindwall

Hace muy poco hablábamos aquí de Fuerza mayor, la anterior película de Ruben Östlund. Como en aquella, ahora en The Square lo que vemos no nos dejará indiferentes. Östlund es un transgresor que emplea sus películas para meter el dedo en la llaga, para formularse preguntas, muchas de las cuales quedan ahí flotando, sin darles respuesta. Un hecho trivial como un robo, puede acarrear consecuencias indeseadas. Así le sucede al director de un museo, que tras sufrir una situación violenta en la que cree haber actuado correctamente en el auxilio de una mujer que se ve perseguida por un hombre, comprueba que le han birlado la cartera y el móvil. En vez de avisar a la policía, que sería lo normal, trata de resolver el asunto a su manera, y como quiera que puede conocer la posición de su móvil merced a la tecnología GPS, decide dejar un mensaje amenazante en los casilleros de los pisos del inmueble en donde tiene constancia que viven los autores del hurto.
Como telón de fondo lo que asoma una y otra vez es el egoísmo, la insolidaridad, el no mover un dedo por los demás, embebidos todos ellos en las pantallas del móvil, donde les interesa mucho ver vídeos en internet con lo que sucede por ahí fuera, pero despachando a manotazos a los que en plena calle, piden ayuda para salvar una vida. Otro tanto sucede con las relaciones de pareja, poco más que episódicas, que dan mucho juego, a cuanta de qué hacer con el semen de un condón que da para toda clase de suspicacias.
Queda también un recadito para el arte moderno, que nunca sabremos muy bien lo que es, aquí con performances que consisten en sacos de ceniza o algo parecido que un operario destruye sin querer al limpiar la sala en la que se acoge la obra.
Impactante resulta la escena de ese hombre mono que va subiendo el tono, la voz, para acabar forzando a una chica, mientras el público atemorizado y con las cabezas gachas dejan hacer, anestesiados en su indiferencia, hasta que aquello estalla y la masa anónima es entonces capaz de golpear todos a uno, hasta sus últimas consecuencias, sea a un hombremono a un extranjero o a cualquier otra que difiera de esa masa rubia, pulcra y satisfecha.
Otro de los temas tratados es el uso de la publicidad, de la polémica y la provocación, aquí con una campaña publicitaria con la cual dar a conocer una obra del museo “The square”, y un vídeo donde una niña rubia volará en cachitos por los aire, y dónde fijar los límites de la libertad de la expresión, cuando censurar o autocensurarse, etc.
Las imágenes espejo de Östlund, y este creo que es su gran mérito, tienen mucha fuerza, son de esas que dejan en la retina tras su visionado y durante un tiempo una sensación de escozor, de asombro, de ira asordinada.
Como decía al principio no creo que Östlund ofrezca respuestas, le vale con formular preguntas muy interesantes, con mostrar cómo es ese primer mundo nórdico, tan desarrollado como hueco, como ya pudimos ver, bajo la forma de documental en la impagable La teoría sueca del amor.

Un día perfecto (Fernando León de Aranoa)

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Título original A Perfect Day
Año 2015
Duración 106 min.
País España
Dirección Fernando León de Aranoa
Guión Fernando León de Aranoa, Diego Farias (Novela: Paula Farias)
Música Arnau Bataller
Fotografía Alex Catalán
Reparto Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Meldar Residovic, Sergi López

Fernando León de Aranoa mezcla en un ambiente bélico -la guerra de los balcanes ya en sus postrimerías- ante un inminente alto el fuego a cooperantes y población civil. Los cooperantes parecen estar de vuelta de todo, interpretados por Tim Robbins y Benicio del Toro como dos zumbados que me recuerdan las películas ambientadas en Vietnam donde los veteranos tienen el culo pelado y ven a los novatos con ojos gastados y desencantados.

El novato aquí es una joven que quiere cambiar el mundo y otra “entendida” (la guapísima Olga Kurylenko cuya entrada en escena supone un punto de inflexión, porque creo que a partir de ese momento la historia comienza a hacer aguas) que viene a establecer si hay que seguir destinando dinero o no al programa que los cooperantes llevan a cabo sobre el terreno y que demuestra que quien toma las decisiones no se entera de nada.
La guerra está ahí y las heridas siguen abiertas y frescas y los cooperantes poco pueden hacer ante algunas situaciones que claman al cielo por su injusticia, así que no van más allá de su papel de testigo.

El argumento es mínimo porque se construye sobre una anécdota. Un asesinado ha sido arrojado a un pozo con idea de contaminar sus aguas y los cooperantes tratan de sacarlo sin éxito porque la única cuerda de la que disponen se les rompe y está por ver si conseguirán otro, dado que por un motivo o por otro aquello parece ser misión imposible. Además cuando al final consiguen la cuerda topan con la burocracia, que aquí son los cascos azules, que entre legislaciones de todo tipo no dejan sacar el cuerpo del pozo pues ahora la jurisdicción ha cambiado de manos.

Una de las cualidades de la película, la que la define es que es tanto drama como comedia, hay acción y mensaje, conflicto, tensión sexual no resuelta, la mirada adulta desencantada, y la mirada infantil (a pesar del balón demasiado madura).

Hay muchas cosas pero todas juntas dan lugar a un película donde todos sus elementos no acaban de cuajar, que se desliga en su abigarramiento, que se queda muy en la superficie. Al contrario que en las películas de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, falta esa verdad desgarradora, pues aquí veo impostura y eso en un cine de estas características resulta nefasto.

The salvation (Kristian Levring)

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Título original The Salvation
Añ0 2014
Duración 92 min.
País Dinamarca
Dirección Kristian Levring
Guion Anders Thomas Jensen, Kristian Levring
Música Kasper Winding
Fotografía Jens Schlosser
Reparto Mads Mikkelsen, Eva Green, Jeffrey Dean Morgan, Michael Raymond-James, Sivan Raphaely,Douglas Henshall, Mikael Persbrandt, Jonathan Pryce, Eric Cantona, Alexander Arnold, Nanna Øland Fabricius, Toke Lars Bjarke

Lo curioso de esta película de Kristian Levring es que si de por sí el western que vemos en pantalla muestra a menudo hombres americanos rudos, secos, silenciosos, en The salvation la novedad estriba en que el protagonista es Jon Jensen, un sueco que emigrara junto a su hermano Peter al lejano oeste y espera un par de años después, muy ilusionado, la llegada de su mujer y de su hijo pequeño. Podemos pensar en un western familiar y pastoril, con nubes en forma de pan de azúcar. Pues no.

Una vez juntos en la estación cogen una caravana para ir a su hogar y por el camino la mujer y el niño son asesinados por una pareja de psicópatas, que pagarán por lo que han hecho, pues Jon logra borrarlos de la faz de la tierra. Los muertos eran hermanos de Delarue, un exmilitar convertido en jefe de una banda -con los pozos petrolíferos y la codicia humana como telón de fondo y engrasando voluntades-, al que todo el mundo teme, menos Jon, que sin mujer, hijo y hermano, que también morirá, ve en la venganza su único motivo para vivir, quiere morir matando.

La película es eso, ver cómo Peter consuma su venganza, va eliminando con mucho arte a todo el clan de Delarue y junta su destino al de Madelaine, la cual también ha sufrido lo suyo. Resulta lo que se va bastante previsible, aunque las escenas de acción están muy bien rodadas, y ese toque seco y hosco del western, se ve acrecentado al ser el protagonista un sueco que parece un monolito o un bloque de hielo, interpretado -es un decir porque le basta y sobre con poner cara de palo todo el tiempo- por el actor Mads Mikkelsen

Fuerza mayor (Ruben Östlund)

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Título original Turist (Tourist) (Force Majeure)
Año 2014
Duración 117 min.
País Suecia
Dirección Ruben Östlund
Guion Ruben Östlund
Música Ola Fløttum
Fotografía Fredrik Wenzel, Fred Arne Wergeland
Reparto Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli, Vincent Wettergren, Clara Wettergren, Kristofer Hivju, Fanni Metelius, Karin Myrenberg, Brady Corbet, Johannes Moustos, Jorge Lattof, Adrian Heinisch, Michael Breitenberger

Un acto mínimo da mucho juego. Cuando una pareja y sus dos hijos están de vacaciones en una estación invernal y ven atónitos como una avalancha de nieve va camino de sepultarlos el padre agarra su móvil y coge las de Villadiego, mientras la madre se queda protegiendo a sus hijos. Pasado el susto, sin lamentar víctimas mortales, este acontecimiento dejará tocada a la pareja, pues ella no perdona a su marido lo que ha hecho, su cobardía y aunque en un momento de aquello no se habla, al final, como el corcho que busca la superficie, así el padre tendrá que pagar y reconocer lo que ha hecho, impelido por su instinto, que en este caso va en su contra, pues le conduce a hacer cosas que él mismo detesta.

El director, Östlund, maneja bien la tensión de la historia, que va in crescendo, contando para ello con un escenario que se quiere idílico y que resulta ser infernal. Hay que reflexionar sobre lo que piensa un niño cuando ve llorar a su padre a moco tendido. Es ese uno de los momentos más impactantes, en mi opinión, de esta producción sueca.

Es interesante pararse a pensar cómo reaccionaría uno en un caso similar, si sería como la madre o como el padre, porque aquí el problema no es lo que él ha hecho, que es aberrante sino el negar la mayor, aportar otra versión, como si lo que sucedió quedase abierto a distintas versiones, cuando como se ve y queda muy claro en un vídeo que graba ella, lo que sucedió. Aceptarlo, será el punto de inflexión para experimentar su personal catarsis.