La casa de las miniaturas (Guillem Morales)

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Título original The Miniaturist (TV)
Año: 2017
Duración: 150 min.
País: Reino Unido
Dirección: Guillem Morales
Guion: John Brownlow (Novela: Jessie Burton)
Música: Dan Jones
Fotografía: Gavin Finney
Reparto: Anya Taylor-Joy, Romola Garai, Alex Hassell, Lara Bond, Lucas Bond, Ziggy Heath,Sally Messham, Hayley Squires, Jack Brady, Emily Berrington, Paapa Essiedu

La casa de las miniaturas es una cautivadora serie británica de 2017 basada en la novela de Jessie Burton y dirigida por el español Guillem Morales.

Consta de tres capítulos de cincuenta minutos que he visto en la plataforma Filmin. La sinopsis reza así: Siglo XVII. Una mujer se muda a vivir con su nuevo marido a Ámsterdam, y pronto descubrirá que no todo es lo que parece.

En un primer momento la historia me recordaba a la gran película Lady Macbeth de William Oldroyd. En la película y en la serie una chica joven se esposa con un hombre del que lo desconoce todo, y el enlace atiende a apaños económicos con los que los progenitores de las casadas tratan de enmendar su delicada situación financiera. Aquí es Petronella, una joven que deja su pueblo y a su familia para esposarse en Amsterdam con Johannes un joven hacendado. En su nueva casa frente al canal rige la severidad y la gravedad, pues el día a día viene marcado por el compás férreo y religioso de Marin, la hermana de Johannes, fiado todo a la contención, la austeridad, el sacrificio autoimpuesto que convierte el día a día en un cárcel para el cuerpo y para la mente. Petronella logra salir de esa prisión gracias a un regalo que recibe de Johannes una casa de miniaturas que dota a la historia cierto aire de misterio y de magia, cuando Petronella comienza a recibir figuras y objetos en miniatura que no ha recibido que plasman y explican muchas de las cosas que les suceden y sucederán. A pesar de ser una ciudad moderna, basada en el comercio y cosmopolita, Amsterdam sigue anclada en una moral propia del medievo, tal que por ejemplo la sodomía acarrea la pena de muerte. Así Petronella vivirá una situación matrimonial desconocida, a la que sabrá hacerse, pues más pronto que tarde descubre que su marido no necesita una esposa sino una tabla de salvación, por otra parte imposible, pues lo suyo no tiene solución y su forma de amar -censurada por todos-, la de Johannes ha de ser demolida por esa moral que como una tolva pulveriza todo aquello que una religión tan inquisitorial como corta de miras es capaz de entender, asumir, respetar y defender.

Destacaría las brillantes interpretaciones de Romola Garai como Marin y en especial de Anya Taylor-Joy como Petronella, la cuidada puesta en escena, el veraz retrato de una sociedad que se dice y se siente religiosa pero cuyos miembros no tienen reparo alguna en jurar en falso, en mentir, en entregarse a la vileza y la abyección en sus actos, capaces de mandar a alguien a una muerte segura, sin que le duelan prendas.
Queda un poco deslavada la figura de la miniaturista que aparece y desaparece de escena como una fantasma, aportando unos elementos fantásticos que uno quisiera sirvieran para cambiar el destino de soga y piedra del infausto Johannes.

Handia (Jon Garaño, Aitor Arregi)

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Título original: Handia (Aundiya)
Año: 2017
Duración: 114 min.
País: España
Dirección: Jon Garaño, Aitor Arregi
Guion: Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga, Andoni de Carlos
Música: Pascal Gaigne
Fotografía: Javier Aguirre
Reparto: Joseba Usabiaga, Eneko Sagardoy, Ramón Agirre, Iñigo Aranburu, Aia Kruse, Iñigo Azpitarte.

Handia de Jon Garaño y Aitor Arregi se sirve muy bien de las imágenes -maravillosa la fotografía de Javier Aguirre- para mostrarnos a fondo el martirio que le supone a un joven tener una altura desmedida que le acarreará el apodo de El Gigante de Alzo, que será luego exprimido por su hermano mayor como un muñeco de feria, al que la gente paga para poder contemplarlo.

Su carrera comercial les permite dejar el caserío familiar y visitar ciudades francesas e inglesas, si bien todo el dinero que van ganando no parece que lleve aparejada para ellos la consecución de la felicidad, pues Joaquín, el gigante, no tiene ni voz ni voto y su hermano Martín, constata como su sueño de ir a los Estados Unidos siempre será eso: un sueño.

El presupuesto de la película luce en su apabullante factura y su gran nivel técnico (que incluye incluso escenas bélicas de las guerras carlistas), aunque lo llamativo y significativo no es esto, sino algo mucho más sencillo y humano como la mirada de Joaquín, su constante sufrimiento, el abrazo reparador con su hermano, esa capacidad de adaptación que le permite siempre al ser humano, desgraciadamente, soportarlo todo. Ahí, en ese punto Handia es una película gigante, profundamente humana, hermosa, conmovedora y desgarradora.

Recomiendo verla en vasco, en su lengua original.

La llamada (Javier Ambrosi Javier Calvo)

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Título original: La llamada
Año: 2017
Duración: 108 min.
País España
Dirección: Javier Ambrossi, Javier Calvo
Guion: Javier Ambrossi, Javier Calvo
Música: Leiva
Fotografía: Miguel Ángel Amoedo
Reparto: Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta, Gracia Olayo, Secun De La Rosa, Richard Collins-Moore, María Isabel Díaz, Víctor Elías, Esta Quesada, Mar Corzo, Loli Pascua, Henry Méndez, Llum Barrera, Noemí Arribas, Olalla Hernández, Olga Romero, Trinidad Vaquero Mallo, Soledad Mallol, Angy Fernández, Susana Abaitua, Nuria Herrero, Claudia Traisac, Clara Alvarado, Sara Calvo

Poco a poco vamos viendo y comentando (Verónica, Abracadabra, No sé decir adiós, Cantábrico…) las películas que optaban a los premios Goya en esta última edición y hoy hablamos La llamada, el notable debut de Javier Ambrosi y Javier Calvo.

La película dista mucho de la perfección, pero nos ofrece buenas dosis de humor, notables interpretaciones, gamberrismo domesticado, un tratamiento de la religión que se sustrae a la irreverencia y mucha alegría, tristeza y amor a raudales.

La clave creo que pasa por no tomársela mucho en serio. De esa manera el entrenamiento y las risotadas están garantizadas porque hay unas cuantas secuencias que de puro absurdo funcionan a la perfección. Todo se desarrolla en un campamento de verano regentado por unas monjas, a las cuales un par jóvenes se les descarrían, en parte, ya que una de ella una noche recibe la visita de un cantante que bien pudiera ser Dios.

Macarena y Castillo le dan a sus personajes la impulsividad y alocamiento requerido a esas edades adolescentes, Gracia Olayo nos deleita con su vis cómica y Belen Cuesta aporta su vis más dramática, en la piel de una monja que ha equivocado su magisterio, la cual vivirá su particular catarsis existencial que incluye también lo sentimental.

He disfrutado mucho de su tono desprejuiciado, vitalista, en una abigarrada película capaz de meter en un mismo saco elementos muy heterogéneos y obtener un resultado muy digno y disfrutable.

La región salvaje (Amat Escalante)

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Título original: La región salvaje
Año: 2016
Duración: 100 min.
País: México
Dirección: Amat Escalante
Guion: Amat Escalante, Gibrán Portela
Música: Igor Figueroa, Fernando Heftye, Martín Escalante, Lasse Marhaug, Guro Moe
Fotografía: Manuel Alberto Claro
Reparto: Simone Bucio, Ruth Jazmín Ramos, Jesús Meza, Edén Villavicencio, Andrea Peláez, Óscar Escalante, Bernarda Trueba, Kenny Johnston

Los seguidores del blog ya saben que por aquí desfilan películas originales, singulares, raras, extrañas, desasosegantes: puro arte.

La región salvaje de Amat Escalante hay que saludarla como tal. La película fue rodada en Guanajuato, ciudad mexicana donde curiosamente no se ha estrenado porque es posible que habrá levantado ampollas. La película ofrece una visión crítica de la sociedad y el poder la censura no emitiendo su película en los cines. Así va el mundo.

Lo que Amat pone sobre la mesa mezclando realidad y fantasía tiene mucho que ver con la homofobia, la violencia, la insatisfacción, la superchería…
La noticia de un joven tirado en una charca, con el término jotito en la portada, le da pie a Amat para reflexionar sobre la violencia o sobre cómo encara la sociedad la homosexualidad y lo hace empleando la fantasía, a través de un amasijo de serpientes que hay en una cabaña regentada por una pareja de científicos, de la cual vemos salir a una joven sangrando del costado. Luego vemos que ese bicho (cuando veo tantas serpientes no puedo menos que pensar en la estatua de Laocoonte del genio Michelangelo Buonarroti), es capaz de ofrecer placer y destrucción a partes iguales, como una metáfora del deseo, el placer y el sexo consumado y a veces aniquilante.

Hay un triángulo amoroso, pues la joven casada con dos niños, ve cómo su hermano enfermero se acuesta con su marido y aquello acaba como el rosario de la Aurora, pues el hermano no ve capaz de sacar su amor adelante y se ve obligado a vivir un amor clandestino, mientras el marido no quiere hacer pública su notoriedad y prefiere seguir con su mujer y sus hijas, llevando una doble vida. El enfermero acaba en coma y luego desenchufado y el marido va a la cárcel acusado de la muerte de su amante aunque luego será liberado tras engrasar sus padres unas cuantas voluntades, lo cual sirve para criticar de paso el sistema judicial, también en venta como un artículo más.

Lo que registra muy bien la cámara es la desazón, la urticaria emocional en la que se mueven y zozobran todos ellos, insatisfechos ante un presente que no los satisface, donde la cabaña en el busque obra como punto de fuga o punto de no retorno, según el caso.

A pesar de que a ratos la película resulte deslavazada y pierda fuelle y además los diálogos lo dejen casi todo en manos de una atmósfera, a ratos hipnótica, la he disfrutado en su justa medida y me ha permitido conocer a un director Amat Escalante, al que le han colgado el sambenito de director transgresor e inclasificable, y del que seguiré viendo y comentando por aquí más películas suyas.

El hijo de Saúl (László Nemes)

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Título original Saul fia (Son of Saul)
Año 2015
Duración 107 min.
País Hungría
Dirección László Nemes
Guion László Nemes, Clara Royer
Música László Melis
Fotografía Mátyás Erdély
Reparto Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér, Todd Charmont, Björn Freiberg, Uwe Lauer, Attila Fritz, Kamil Dobrowolski, Christian Harting, Juli Jakab

Desde el final de la segunda guerra mundial se vienen sucediendo películas que abordan el holocausto judío llevado a cabo por los nazis alemanes.
Lo que lleva a la pantalla el director húngaro László Nemes no se parece a nada que haya visto antes. El hijo de Saúl te deja sin aliento y te sitúa al borde de una impotencia y una frustración tan vasta como un mar sin orillas. Ya desde el primer momento el ritmo es frenético, la cámara es nerviosa y sigue en todo momento los ires y venires de Saúl, un preso que junto a otros ‘Sonderkommando’ como él se encarga de acompañar a las duchas a los recién llegados al campo, que tras dejar la ropa colgada, entran en las duchas, las puertas se cierran, y poco después son asesinados empleando un gas letal. Saúl y otros como él deben vaciar los vestuarios de los cuerpos muertos, limpiar la sangre y dejarlo todo listo para la siguiente remesa: piezas los denominan sus asesinos. Por tal tienen a esos seres humanos a los que tanto odian, por números, por mercancía, por material fungible. Luego esos cuerpos son cremados y una vez reducidos a cenizas, a paletadas son echados a un lago. De tal manera que no quede ni rastro de ellos. Al llegar al campo se les quita toda la ropa y documentación, la cual se hace desaparecer, salvo aquello que se considera de valor que irá a parar entonces a manos de los nazis.
La película muestra en toda su crudeza esas actividades de Saúl cuyo empeño en todo ese infierno pasa por enterrar el cuerpo de un niño, que dice ser su hijo. Sobre ese gesto simbólico se sostiene toda la película y Saúl no tiene otra cosa en mente que encontrar en el campo de concentración a un rabino que oficie el enterramiento.
La película deja para el recuerdo secuencias memorables, pero hay una para mí especial, que retrata la llegada al campo casi de noche de un grupo el cual al no estar los hornos crematorios operativos son asesinados a disparos a pie de fosa. Esa sensación de asfixia, de tensión, de ahogo, como el de los animales que son conducidos al matadero, ante el caos reinante, es puro arte.
Solo puedo de definir de magistral lo que el director László Nemes logra hacer con una cámara y con un actor, Géza Röhrig, cuya cara pétrea, medio ida, transmite muy bien ese estado de enajenación o de hiperlucidez de los que como él, parecen encontrarse ya en otra parte, quizás porque esa sea la única manera de sobrevivir a su horror diario en el campo y quizás como aquel que salvando a un hombre salva a la humanidad, Saúl enterrando al niño logre también salvarse.

El caso Fritz Bauer (Lars Kraume)

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Título original Der Staat gegen Fritz Bauer
Año 2015
Duración 105 min.
País Alemania
Dirección
Lars Kraume
Guion Lars Kraume, Olivier Guez
Música Christoph M. Kaiser, Julian Maas
Fotografía Jens Harant
Reparto Burghart Klaußner, Ronald Zehrfeld, Dani Levy, Sebastian Blomberg, Laura Tonke, Robert Atzorn, Michael Schenk, Matthias Weidenhöfer, Götz Schubert, Jörg Schüttauf, Cornelia Gröschel, Lilith Stangenberg

La historia se sitúa en 1957, una vez acabada la segunda guerra mundial. Muchos nazis se han ido a trabajar a los Estados Unidos, otros a Suramérica, otros se han desnazificado y siguen en los mismos puestos que ocupaban cuando estaba en el poder el III Reich.
El Fiscal General Fritz Bauer se compromete a detener a los criminales nazis huidos, con el punto de mira puesto en Adolf Eichmann, al que la filósofa Hannah Arendt dedicó su libro, Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal.

La película muestra muy bien dos cosas. Una, el afán y el tesón de Bauer por cumplir con su deber. Y segunda, las dificultades que éste encuentra en su día a día, pues todo se conjura para que no pueda llevar a cabo su labor, pues no parece que los alemanes, al menos en las altas esferas (el servicio secreto, la policía), estén muy dispuestos a colaborar con la justicia para llevar a los tribunales a los jerarcas nazis huidos e inculpar a todos aquellos que de manera más o menos directa tuvieron que ver con el genocidio de seis millones de seres humanos.
Muchos de los afines al régimen cambiaron el uniforme por el traje y pasaron a ocupar puestos directivos en empresas por todos conocidas.
La película plasma el empeño titánico de Bauer por capturar a Eichmann ya sea por unos medios o por otros, colaborando con los israelitas. Cuando finalmente los israelitas capturen a Eichmann, éste no será extraditado a Alemania que es lo que quería Bauer, a fin de que los alemanes tuvieron que arrostrar así su pasado genocida.

Hay otra trama paralela que tiene que ver con la manera en la que el estado censura las relaciones homosexuales, penadas con varios meses de cárcel, lo cual le acarreará problemas al joven fiscal de Bauer que le tienden una trampa, en la que cae, salvando no obstante su honor, pues tiene en Bauer a un buen maestro, el cual demuestra una y otra vez que sabe sobreponerse a la adversidad, no dar su brazo a torcer, convertido en un coloso de la justicia.

Esta película se puede complementar con la lectura de El comienzo de la primavera de Patricio Pron, que también propone preguntas similares y con el visionado de El hijo de Saúl a fin de ver en toda su crudeza y brutalidad el plan de exterminio nazi, aniquilando seres humanos, de forma industrial y sistemática.

La Strada (Federico Fellini)

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La capacidad que tiene el cine para removernos es manifiesta al ver esta película de Federico Fellini rodada en 1954.

En la depauperada Italia de la posguerra, una joven, Gelsomina es vendida por su madre a un artista circense, el forzudo Zampanó, capaz de romper una cadena en su pecho con la fuerza de sus pectorales y sus pulmones. Ella es inocente, ingenua, cándida, sensible y pazguata, en apariencia. Él es un truhán, violento, alcohólico, mujeriego, tosco, insensible y correoso. La relación entre estos dos giróvagos parece imposible, pero algo hay en Gelsomina que la obliga a seguir a su lado, a pesar de que se le presentan distintas ocasiones (un circo, un convento) en las que podría dejar a Zampanó y seguir su propio camino. No, Gelsamina no quiere volver a casa, quiere seguir con Zampanó y le basta con muy poca cosa, algo tan simple como que Zampanó muestre hacia ella la menor señal de afecto o de cariño. ¿Es posible la redención?.

La imagen final con Zampanó en la orilla del mar, mirando el cielo y desgarrándose por dentro, llorando en el mar muerto de ser, náufrago de sí mismo es uno de esos finales que sé que jamás olvidaré mientras mantenga la memoria. Hoy hay muchas películas que falsean la verdad, que se construyen sobre el postureo, con personajes de cartón piedra. Aquí, tanto a Gelsamina como a Zampanó te los crees hasta las trancas y te crees la violencia de Zampanó, sus ataques de ira, la furia ciega que le embarga al embriagarse, tanto como la candidez de ese animal herido que es Gelsamina, y su mirada limpia, la de aquella que no entiende el mundo que la cerca y golpea, mofándose siempre de ella, arrojándola a esa realidad enajenada que es la locura.

Inmensa película, inmenso Fellini y grandísimo Anthony Quinn y Giuletta Masina.

Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh)

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Título original: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri
Año: 2017
Duración: 112 min.
País: Reino Unido
Dirección: Martin McDonagh
Guion: Martin McDonagh
Música: Carter Burwell
Fotografía: Ben Davis
Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, Peter Dinklage, John Hawkes, Abbie Cornish, Brendan Sexton III, Samara Weaving, Kerry Condon, Nick Searcy, Lawrence Turner, Amanda Warren, Michael Aaron Milligan, William J. Harrison, Sandy Martin, Christopher Berry, Zeljko Ivanek, Alejandro Barrios, Jason Redford, Darrell Britt-Gibson, Selah Atwood.

Martin McDonagh director y guionista, del cual ya había disfrutado mucho con su Escondidos en Brujas, presenta una realidad enferma y demoledora. Me sorprende gratamente que con una premisa en apariencia tan simple haya conseguido tan buenos resultados. Lo original no es tanto el tratamiento de la mucha violencia que hay sino el contexto en la que la misma se inserta y despliega sus armas.

Los humanos parecen aquí animales acosados y heridos. La película se sustancia sobre la gran interpretación de Frances McDormand en la piel de Mildred, una mujer que sufre por la pérdida de su hija asesinada, la cual ve que transcurridos más de seis meses no han cogido todavía al asesino y no hay nada que haga pensar que se vaya a resolver el caso. Esto le lleva a echar mano de tres vallas gigantescas próximas a su casa, en desuso desde hace años, que empleará para manifestar en ellas, con palabras muy oportunas todo su resquemor e impotencia. Algo tan justo y sincero le acarrea muchos problemas porque el responsable de la investigación sufre un cáncer de páncreas, y el pueblo, en su cerrilismo cree que las vallas publicitarias en las que aparece su nombre como responsable de la infructuosa investigación y su enfermedad terminal y posterior muerte estuvieran relacionadas con las vallas de Mildred.

La dureza de muchas situaciones (patadas en plena jeta, cuerpos en llamas, ataques de ira…) se ve suavizada en parte merced a un humor soterrado que a veces se alza y golpea como un mazo. Creo que lo que mejor transmite la película es la sensación de impotencia y frustración que sufre Mildred, la cual en vez de quedarse de brazos cruzados o llorando en un rincón, adopta una posición muy activa, levantisca y guerrera, que la lleva a no achantarse ante la autoridad, a plantarla cara y a prenderle fuego si tiene ocasión.

Es consciente Mildred de que nada de lo que haga le devolverá a su hija, pero sabe también que no debe rendirse, que debe luchar, alimentando su sed de venganza, y a pesar de todo, el final, ese “ya lo vamos viendo por el camino”, junto a un compañero de viaje que valida aquello que cantan los Suaves –las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti– deja abierta creo una esperanza, algo parecido a una reconciliación, no ya con el mundo, sino consigo misma, como si Mildred se dijera: he hecho mil burradas, la furia ha tomado posesión de mí, pero a pesar de todo he hecho lo correcto y toca ahora ya mirar hacia adelante, ventilar el interior, levantar el veto del duelo y dejar los postigos del alma abiertas.

Algo que tampoco hemos de dejar pasar por el alto, es el poder de las palabras, en este caso escritas. Así la misiva que el policía muerto deja a Mildred logrará algo que parecía imposible, como es arrancarle una sonrisa. Y algo incluso más importante viene cuando en otra carta dirigida a su compañero de cuerpo, éste sufre al leerla algo parecido a una redención (acompañado de cierto chamuscamiento), pues en el papel encuentra su verdadero yo, aquel que permanecía atontado por el alcohol y la vileza. Palabras que le permiten salir del laberinto en busca de otro, él mismo, mejorado.

Verónica (Paco Plaza)

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Título original Verónica
Año 2017
Duración 105 min.
País España
Dirección Paco Plaza
Guion Paco Plaza, Fernando Navarro
Música Chucky Namanera
Fotografía Pablo Rosso
Reparto Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Sonia Almarcha, Maru Valdivielso, Leticia Dolera, Ángela Fabián, Carla Campra, Samuel Romero.

El gran acierto, a mi entender, de esta película es que además de crear una atmósfera muy desasosegante manejando mimbres bien manidos, a saber, todo lo que tiene que ver con las posesiones demoniacas, es que va más allá de los lugares comunes para mostrarnos un escenario aún más terrorífico, la situación que vive Verónica, un joven vallecana de 16 años, la cual un día durante un eclipse, aprovecha para en compañía de dos compañeras de clase hacer una ouija, con nefastas consecuencias, pues a resultas de tan inicuo juego, el demonio viene de allá donde quiere que more para entrar a formar parte desde ese momento de Verónica, atormentándola en su día a día, sin que esta sea capaz de hacer a nadie partícipe de su pesar -más allá de las recomendaciones que la hará una monja ciega que le dice que acabe lo que ha empezado-, y no es porque no esté acompañada, sino que en su travesía le acompañan sus tres hermanos, para quienes Verónica hace de madre y de padre, ya que su madre regenta un bar, y la mujer curra todas las horas del mundo para adentrarse en la noche aterrizando sobre el colchón, baldada y con antifaz incluido.

Tú que sabes lo que fueron los ochenta, te mereces todo lo que te pase, cantan los León Benavente. Cierto. Aquí los ochenta están presentes en las canciones de los Héroes del Silencio, en juegos como El imperio cobra, o en esos teléfonos caseros a los que había que recurrir para hablar con los amigos del cole, cuando íbamos a EGB, pues no existían los móviles, ni internet, así que nos dejábamos nuestras perrillas comprando revistas en los kioskos, los mismos que ahora van cerrando en cascada por toda la geografía nacional.

Según nos dicen, solo en un atestado policial se ha hablado de efectos paranormales y fue con este caso real que Paco lleva a la pantalla grande y creo que en gran medida mucho el buen resultado de la película tiene que ver con la gran interpretación de la joven Sandra Escacena. Paco recupera también a una actriz que se prodiga poco: Ana Torrent.

The Treatmen (Hans Herbots)

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Título original De behandeling
Año 2014
Duración 125 min.
País Bélgica
Dirección Hans Herbots
Guion Carl Joos (Novela: Mo Hayder)
Música Kieran Klaassen, Melcher Meirmans, Chrisnanne Wiegel
Fotografía Frank Van Den Eeden
Reparto Geert Van Rampelberg, Ina Geerts, Johan van Assche, Laura Verlinden, Ingrid De Vos, Brit Van Hoof, Dominique Van Malder, Tibo Vandenborre, Michael Vergauwen

A estas alturas de la película somos todos conscientes de que cuesta mucho, o es casi pedir un imposible, resultar original, máxime un género como el thriller. Aquí son inevitables los ecos de otras películas con asesinos en serie como Seven, Zodiac o bien recordar Mystic River si hablamos de niños desaparecidos y pedofilia.

El caso es que esta película belga a pesar de manejar mimbres que están muy sobados, alumbra una propuesta fílmica sorprendente. No diré original, pero sí que consigue Hans Herbots, su director, desasosegar en gran medida, gracias a una trama bastante rebuscada, que abunda en lo sórdido y lo macabro, sin que se abuse de lo explícito. Esa es su gran baza, dado que el espectador debe dejar volar su imaginación y reconstruir (con un nudo en la garganta) el final de muchas escenas. El ritmo durante más de dos horas es endiablado, es una cuenta atrás donde cada minuto cuenta, y donde la vida pende de un hilo, así que seguimos los desplazamientos y la investigación del inspector con el alma en vilo. El actor Geert Van Rampelberg se mete tan de lleno en el papel que el resultado se nota, porque parece que le va la vida en ello. El policía tiene un hermano que desapareció cuando eran niños y cuyo paradero desconoce, así como si éste sigue vivo o no después de tantos años.
El final abierto -la mano golpeando el cristal, en el último estertor, como la último coletazo del pez fuera del agua- va en consonancia con todo lo anterior.

Una película muy recomendable. Ha sido un feliz hallazgo que confirma que el cine belga- -a pesar de lo funerario de la propuesta- está muy vivo.