La grande bellezza (Paolo Sorrentino 2013)

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La grande bellezza poster movie

Película: La gran belleza. Título original: La grande bellezza. Dirección: Paolo Sorrentino. Países: Italia y Francia. Año: 2013. Duración: 142 min. Género: Comedia dramática. Interpretación: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Carlo Buccirosso, Iaia Forte, Pamela Villoresi. Guion: Paolo Sorrentino y Umberto Contarello. Producción: Nicola Giuliano y Francesca Cima. Música: Lele Marchitelli. Fotografía: Luca Bigazzi. Montaje: Cristiano Travaglioli. Diseño de producción: Stefania Cella. Vestuario: Daniela Ciancio.

Dos veces he visto La grande bellezza antes de escribir esto. No me sucede esto casi nunca, ya que la mayoría de las películas se agotan en un visionado. Con esta película de Paolo Sorrentino, viéndola solo una vez, tuve la sensación de que me perdía muchísimas cosas.
Películas como esta, marcan las diferencias entre literatura y cine, porque la película de Sorrentino es muy visual, a pesar de que la misma se inicie con una cita del libro Viaje al fondo de la noche de Celine. Este artefacto fílmico es tan visual que tras finalizarla, aún hoy hay unas cuantas imágenes, un buen número de ellas, que siguen flotando en mi memoria, con visos de quedarse ahí durante un tiempo.

La primera vez que la vi me pareció una película banal
, donde su protagonista, Jep Gambardella, va de fiesta en fiesta, sin que la historia diera mucho más de sí. Vista de nuevo, me veo obligada a entenderla y explicármela desde otro punto de vista.

Durante el primer cuarto de hora, apenas hay diálogos. Vemos a un japonés desplomarse bajo un sol romano de justicia, a un hombre orondo mojando sus sobacos en una fuente, a monjas cantando gregoriano, niñas corriendo por un claustro jugando con monjas jóvenes y risueñas, todo con una luz natural desbordante, y a esa luz se suma luego la luz artificial, los neones de la fiesta, bailes de cuerpos procaces, siluetas femeninas adivinadas tras un cristal, drogas, alcohol, gogós, en una discoteca donde suena Raffaella. Una sucesión de imágenes entre la música discotequera y lo sacro, entre la luz y la oscuridad, que deparan efectos hipnóticos, sedantes, adictivos.

¿Cómo apartar los ojos de la pantalla?. Imposible.

Un cuarto de hora así, con ese alud de imágenes tan sugerentes, sólo puede llevarlo a cabo un director único como lo es Sorrentino.

Todo lo que vemos gira en torno a la figura de Jep, escritor de un solo libro, aún recordado por muchos, que realiza ahora entrevistas, muy particulares, a personajes de lo más granado, como esa artista conceptual embotada en sus delirios artísticos tras cabezazos a los muros, enquistada en su argumento de que un artista no debe explicarse, que su obra (aunque sea la mayor estupidez que podamos imaginar) habla por sí misma, a la que Jep pone en su sitio.

Jep, vive solo, puebla su soledad con fiestas y amigos, con quienes se reúne en un fantástico piso frente al colisseo, en un terraza con vistas al mismo, donde hablan de todo y de nada, donde la idea es que partiendo de que todos ellos son iguales en su mezquindad, egoismo y ruindad, nadie puede ni debe entonces echar en cara nada a nadie, porque si esto sucede, entonces Jep nos ofrece cinco minutos que forman ya parte de la antología del cine, lapso de tiempo en el que Jep, zarpazo a zarpazo y del tirón, canta las cuarenta a una amiga suya que se vende como escritora-madre-esposa-trabajadora-moralista perfecta, cuyo discurso se nos descubre vacuo, cimentado sobre mentiras, como así nos lo hace ver Jep, que conociéndola al dedillo, logra dejarla sin palabras. Un discurso, alimentado de hipocresía y falsedad, que muy bien pueden asumir sin esfuerzo la mayoría de la clase burguesa-alta de cualquier sociedad moderna.

Sabrina Ferilli

Jep se enamoró en su mocedad y luego su amor lo dejó y ahora a sus 60 años su amada de entonces ha muerto y su viudo le hace saber a Jep que fue él, Jep, el amor de su vida y Jep entonces recuerda, se repliega en el pasado, en las aguas y playas donde se gestó su amor, un amor que quedó embalsado en la memoria, o envasado al vacío y al cual Jep
vuelve con frecuencia, mientras su mirada se puede en el techo de su habitación convertido en un mar con gaviotas, y a Jep no le faltan relaciones esporádicas, como la que mantiene con Orietta, la cual no trabaja porque es rica, o con Ramona, de quien Jep se prenda, sin que medie ayuntamiento carnal, movido más por curiosidad que por el deseo,
algo a todas luces difícil de creer, siendo ella Sabrina Ferilli, una mujer monumental, la cual sorprende verla taparse sus pechos, cuando sale en la cama. Unos pechos, unas caderas, un cuerpo en definitiva, que le han elevado por derecho propio al Olimpo de las Diosas Carnales.

Momentos impactantes hay unos cuantos, ver por ejemplo a un cirujano inyectar botox a una recua de personajes sacados de cualquier Sálvame (hay incluso una monja a la que le sudan las manos), recauchutados todos ellos hasta lo pavoroso, en un palacete, a ¿400? el jeringuillazo.

Otro: ver a un cardenal en un restaurante de lujo cenando con una monja de clausura, haciendo manitas, y no para rezar.

Otro: dos condes venidos a menos aceptan ir como relleno a una cena, representando a otros condes, mientras la condesa gracias a una audioguía recupera retazos de su pasado que la zambullen en la tristeza.

Otro: una monja, La Santa, con más de 104 años subiendo escaleras de una columnata, defendiendo su dieta a base de raíces, “porque las raíces son importantes”, o argumentando que la pobreza se vive no se escribe, respondiendo a los deseos de quienes desean entrevistarla.

Otro: un grupo de gaviotas en la terraza de Jep cogiendo fuerzas antes de su migración.

Otro: la visita de los palacetes más impresionantes de Roma, merced a un cancerbero que tiene llaves de los edificios más importantes de la ciudad gracias a que es un hombre de confianza.

Otro: una jirafa frente a un muro de piedra, que será desaparecida por un mago.

Momentos como estos, no le dejan a uno indiferente. Al final, todo esto son palabras, que se quedan muy cortas, demasiado, para alabar las bondades de esta película, que resulta cuando menos original, singular, sorprendente, de una belleza descarnada y desgarradora.

Tener como actor principal a Toni Servillo la hace todavía más grande. Una película que hay que ver se mire por donde se mire, y no porque le hayan dado el Oscar a la mejor película de habla inglesa este año, sino porque premios aparte, atesora en su interior tantos hallazgos, calidad y buenos momentos estéticos que sería una pena, para cualquier amante o cornudo del cine, no verla.

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Agosto (John Wells 2013)

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Película: Agosto. Título original: August: Osage County. Dirección: John Wells. País: USA. Año: 2013. Duración: 121 min. Género: Comedia dramática. Interpretación: Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Chris Cooper, Abigail Breslin, Benedict Cumberbatch, Juliette Lewis, Margo Martindale, Dermot Mulroney, Julianne Nicholson, Sam Shepard, Misty Upham. Guion: Tracy Letts, basado en su obra. Producción: George Clooney, Jean Doumanian, Steve Traxler, Grant Heslov y Harvey Weinstein. Fotografía: Adriano Goldman. Montaje: Stephen Mirrione. Diseño de producción: David Gropman. Vestuario: Cindy Evans

Agosto supone la adaptación al cine de la obra de Tracy Letts ganadora del Pulitzer en 2008.

Agosto es un dramón familiar. Violet está casada con el poeta retirado Beverly. Violeta tiene cáncer de boca, sufre y se medica y tiene un carácter mil demonios. Beverly un día desaparece y lo encuentran poco después muerto. Al funeral acuden dos hijas de Violeta que viven fuera, Barbara y Karen e Ivy que vive con Violet.

Todos juntos bajo el mismo techo asemejan una olla express pues todos ellos tienen cuentas pendientes, palabras no dichas, rencores, heridas sin cerrar y mucho odio y Violet la que más. Con Bev aún calentito en su ataud Violet arremete contra todo bicho viviente y se despacha con sus hijas, tratándolas de blandas, de haber tenido una infancia regalada, no como ella o como Bev que sufrieron de niños lo indecible y son por méritos propios unos sobrevientes (o ella al menos), acusándolas de haberse ido del hogar y haber dejado a sus padres sólos, incluso culpándolas del suicidio de este. Luego todo va a más, se embrolla con una serie de acciones alocadas y surrealistas, no porque no sucedan, que sí que pasan, pero que todo junto y a la vez resulta poco creíble y desmedido.

Violet tuvo una madre demoniaca y ella vía genética tiene lo suyo. Es mala y disfruta amargando la vida a los demás, ofendiendo y lastimando a cuantos tiene a su alrededor.

Si uno recela de la familia, viendo esta película puede echarse a temblar, porque aquí no se libra nadie, y todos tienen lo suyo, pues la que no está enganchado a los tranquilizantes le pone los cuernos a su mujer con una alumna, o tontea con una cría de 14 años, o tiene la desdicha de enamorarse de su primo carnal.

Meryl Streep hace otro papelón. El resto del reparto brilla también a gran altura.

Recomiendo verla en versión original.

Agosto es dura, cruel, intensa, excesiva, desmedida, vibrante, hiriente y a ratos incluso emotiva.

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Le week-end (Roger Michell 2013)

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Le Week-end
Título original: Le Week-end
Director: Roger Michell
Guión: Hanif Kureishi
Intérpretes: Jim Broadbent, Lindsay Duncan, Jeff Goldblum
Nacionalidad: Reino Unido
Género: Comedia Romántica
Año: 2013

La pareja inglesa en crisis formada por Meg y Nick va a pasar unos días en París para rememorar sus días gloriosos, con la esperanza de que así puedan avivar de nuevo la llama del amor.

Llegan a París en tren y se encaminan al hotel donde se alojaron hace más de 20 años. La habitación no está como entonces y Meg renegando, sale echando pestes con idea de volverse a su país.

Nick que la conoce como si la hubiera parido después de treinta años largos de matrimonio le pide paciencia y consiguen alojarse en un hotel de lujo, donde ella gastará sin conocimiento, como si fuera el último día sobre la tierra.

Entre ellos hay amor y también odio soterrado disfrazado de sarcasmo. Vuelan los puyazos, los dobles sentidos, las ofensas dichas con una sonrisa, pero también una aceptación de la edad, de lo dificil que es a vecer querer y ser querido como a uno le gustaría.

Cuando Nick se encuentra casualmente con un amigo, ahora escritor afamado, para quien ejerció de maestro y referente, no les quedará otra que quitarse la careta durante la cena para llamar a las cosas por su nombre y declarar ante un auditorio mudo todas sus bajezas, su desesperanza, soledad y ruina. Un momento, único, que marcará el punto de inflexión en la pareja, momento a partir del cual sólo se puede ir a más, libre ya ambos de malos rollos, de neuras, de palabras fermentadas en el velo del paladar, con un amor fluido en los bolsillos y como único lastre el paso del tiempo.

Las interpretaciones de Jim Broadbent, Lindsay Duncan son maravillosas. Ellos solitos se las arreglan para tenernos durante una hora y media pegados a la pantalla sin pestañear, en esta película dura, cruda, hilarante, descarnada y bella.

Que no te vendan amor sin espinas, pues eso.

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Deadfall (La Huida) (Stefan Ruzowitzky 2013)

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Película: La huida (Deadfall). Título original: Deadfall. AKA: Blackbird. Dirección: Stefan Ruzowitzky. País: USA. Año: 2012. Duración: 94 min. Género: Thriller. Interpretación: Eric Bana (Addison), Olivia Wilde (Liza), Charlie Hunnam (Jay Mills), Kate Mara (Hanna), Kris Kristofferson (Chet Mills), Sissy Spacek (June Mills), Treat Williams (sheriff Marshall Becker). Guion: Zach Dean. Producción: Shelly Clippard, Ben Cosgrove, Gary Levinsohn y Todd Wagner. Fotografía: Shane Hurlbut. Montaje: Arthur Tarnowski y Dan Zimmerman. Diseño de producción: Paul D. Austerberry. Vestuario: Odette Gadoury. Distribuidora: DeAPlaneta.

Deadfall es un baturrillo de géneros, hilados de cualquier manera, que arroja como resultado una película ramplona que se olvida tan rápido como acabamos su visionado.

En un coche van dos hombres y una mujer por una pista nevada. Impactan con un animal y el coche sale despedido y tras dar varias vueltas de campana, uno de sus ocupantes, el conductor, muere. El hombre y la mujer restantes, que resulta que son hermanos y que acaban de cometer un robo en un casino, salen como pueden del auto mientras el hermano, llamado Addison, dispara a un agente de la ley que acude alarmado por el accidente. Entonces Adddison decide separarse de su hermana Liza, y buscar la manera cada uno por su lado de llegar a Canada, dado que se encuentran próximos a la frontera.

Por otra parte Jay, es un boxeador, que deja la cárcel tras cumplir condena por haber colaborado en un combate amañado. Al salir de la trena, ajusta cuentas con su entrenador, el cual lo envió a la cárcel o contribuyó a su encarcelamiento. Discuten y Jay debe huir dejando a su coach tendido en el suelo, conmocionado.

En su huida, en una pista nevada a bordo de su ranchera Jay se encuentra con Liza, la cual logra seducirlo. El mal tiempo se pone de su parte y ambos se ven impelidos a compartir horas en un Motel de carretera, donde acaban durmiendo juntos e incluso enamorándose.

Mientras, Addison debe ir liquidando obstáculos (matando seres
humanos) en su huida, hasta llegar al punto de encuentro, que resulta ser la casa de los padres de Jay, el día de Acción de Gracias.

Finalmente, a cargo de la investigación tenemos al Sheriff local y a un grupo de agentes, entre los que se encuentra la hija del sheriff, a quien en su empeño por protegerla, su padre no le deja aflorar su buen instinto y su buen hacer como agente de la ley, al tiempo que la humilla y ningunea.

Eric Bana es Addison

En el montaje se alternan las escenas de las persecuciones, con otras en las que se va cociendo a fuego lento el amor entre Liza y Jay.

Como telón de fondo, la sombra del padre de Liza y Addison, un borracho que acabó muriendo a manos de su hijo, que se lo cepilló.

Sobre esta historia, los diálogos son la mayor parte una sandez, mero relleno para que el silencio no se propale entre los copos de nieve.
(Cuando el Sheriff le dice a su hija que no puede acompañarles porque ¿qué pasaría se tuviera que cambiarse el tampón?, permite hacerse una idea de que ínfimo y ramplón producto fílmico estamos visionando)

Eric Bana que da vida a Addson se nos muestra convertido en un híbrido de ángel-diablo, pues es malo, pero no tanto como para ajusticiar a una mujer a o un niño. A su vez, Liza (interpretada por Olivia Wilde, propietaria de una belleza descomunal), atormentada por su pasado, reclama su oportunidad de vivir su vida, lejos de la férula filial que le impone su hermano desde siempre.

La nula entidad de los personajes, lo trillado de todo cuanto vemos, unos diálogos sonrojantes, y la nula capacidad del director, Stefan Ruzowitzky, de darle algo de aliento a esta historia, que en nada se beneficia de esos preciosos/asfixiantes parajes blancos, hacen de Deadfall una película fallida en todos los aspectos.

Deadfall tendría un pase como telefilm de sobremesa, pero en una pantalla grande y contando en su haber con esta nómina de actores y actrices (Wilde, Bana, Spacek, Kristofferson) la película debería haber sido infinitamente mejor.

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Southcliffe Temporada 1

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Southcliffe

Southcliffe es la serie de moda en Reino Unido. Gracias a Filmin la estoy viendo.

Atención SPOILER

Este primer episodio de 45 minutos deja de todo menos indiferente.

El sitio donde se desarrolla la historia, en noviembre de 2011, es Southcliffe un sitio gris, mortecino, próximo a una playa desértica, donde la bruma se lo come todo. Ahí vive el protagonista, Stephen Morton, un tío de unos cuarenta años con barba pelirroja, que vive con su madre, achacosa y muy mayor que reparte su tiempo entre el sofá y la cama. Lo vemos salir a correr con una mochila y volver sudado. Poco después los chicos ingleses que han ido al frente, vuelven a casa. Stephen trata de hacer amistad con uno de los retornados. Nuestro protagonista dice haber pertenecido a las fuerzas armadas, lo que luego se demuestra ser falso, lo que le acarrea una paliza por mentiroso, a manos de su pupilo y un tío de este. La violencia en esas escenas es explícita, ensañándose con el bromista, que al regresar a su casa y tras coger unas armas de un contenedor que hace las veces de refugio, despacha a su madre al otro barrio y se pone en marcha, armado hasta los dientes.

¿A qué la cosa promete?. Ya os contaré más cosas del segundo episodio.

Segundo capítulo

La narración no sigue una proyección temporal continua y en este episodio vemos qué sucedió con el hombre que solicita los servicios de Stephen para que le arregle la chimenea, vemos como este le pone los cuernos a su mujer y también cómo ésta y sus dos hijos mueren quemados al ser su vehículo objeto de los disparos de Stephen y desgraciadamente incendiarse. Los muertos van en aumento y suman ya más de diez, entre ellos la mujer de su pupilo (a quien se la tenía jurada), así como a la hija de la pareja con la que convive la mujer que ayuda a Stephen a cuidar a su madre. Poco asoma el rostro en este episodio Stephen, y cuando lo hace es matando a alguien.
Lo que sí vemos es como el pánico se apodera de los habitantes de Southcliffe, ciudad costera del Noreste de Reino Unido, y cómo los sobrevivientes, se desgarran de dolor ante algo que es duro y difícil de entender.
Para aportar algo de luz un periodista, David, es enviado sobre el terreno, alguien que conoce el suelo que pisa, ya que él nació allí.
Hasta el momento nada sabemos sobre la vida de Stephen, nada de su pasado, aunque podemos intuir bien su futuro a medida que la policía lo va cercando, ni porque mata indiscriminadamente a cuanto bicho viviente se cruza en su camino.

Tercer capítulo

Comienza como el resto, con el parte metereológico marino. En este capítulo a Stephen no lo vemos, más que una ocasión, antes de perpretar un asesinato. David, sigue indagando, tratando de que alguien se decide a hablar y le cuente algo de Stephen. Lo único que sabremos es que de niños, se reían de Stephen y ahora a pesar de haber despachado a 15 parroquianos, heridos a parte, la comunidad cierra filas y no dice ni esta boca es mía, lo cual pone a David en el disparadero, ya que a su padre le acusaron injustamente de un accidente en la central y de aquello David todavía no se ha recuperado, de tal manera que los acontecimientos luctuosos sucedidos los ve como algo razonable, dado que esa comunidad está llena de zoquetes y garrulos. El resto de los sobreviviente siguen sufriendo, digiriendo como buenamente pueden la pérdida de una hija, de una mujer, de unos hijos.

Cuarto capítulo y último de la primera temporada de Southclliffe
Southcliffe no es la típica serie donde seguimos la vida y milagros de un asesino en serie y la esforzada labor de unos policías que tratan de apresarlo. Lo valioso de esta serie es que nos ofrece aquello que casi nunca vemos en la vida real, aún menos en una pantalla de televisión, a saber, esa trastienda del dolor, lo que les pasa a esas personas desgarradas por el dolor, por la pérdida de un ser querido, que tienen que seguir tirando para adelante, sin fuerzas, muy a su pesar, rumiando su pena, su dolor, asumiendo sus derrotas, fracasos, arrostrando su pasado como el en caso de David, que sólo logra la paz cuando se reconcilia con el niño que fue, porque todos se sienten culpables, son víctimas pero al mismo tiempo saben que en algo ayudaron a que a Stephhen se le cruzara el cable. En ese mapa de dolor que despliega ante nosotros Southcliffe es donde esta serie coge vuelo y gana muchos enteros.
El problema es ver esta serie y pretender que sea como CSI o True Detective. No, Southcliffe está en las antipodas. Aquí no hay aderezo que valga, todo es real, verosimil, crudo, duro, frío, aspero, un dolor que corta como navaja de albacete, así las personas lloran, sufren, se desgarran, se frustran, se muestran impotentes, se suicidan.

Echarle un ojo, que vale la pena, por cuanto tiene de original, singular, sincero y emocionante. Las interpretaciones son todas a cual mejor.

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The seasoning house (Payl Hyett 2012)

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The seasoning house
Director: Paul Hyett
Guión: Paul Hyett, Conal Palmer
Elenco: Rosie Day (Angel) Kevin Howarth (Viktor) Sean Pertwee (Goran)
País: Reino Unido
Año: 2012
Duración: 95 minutos
Música: Paul E. Francis
Casting: Manuel Puro
Fotografía: Adam Etherington

Lo que más me sorprende, para mal, de una película como esta, es que la situación que vemos en la película, que es una ficción, pero al mismo tiempo es real, la hayamos asimilado de tal manera, que la podamos ver en una pantalla y no nos indigestamos viéndola, sino que nos quedemos pegados a la pantalla hasta que la misma acaba, entre atontados, hipnotizados y asqueados.

La historia se sitúa en los Balcanes, durante la guerra que tuvo lugar allí en los 90. Unos milicianos campan a sus anchas pegando tiros a diestro y siniestro, con total impunidad, violando mujeres y llevándose presas a otras tantas adolescentes o niñas, con idea de someterlas luego en prostíbulos, bajo un régimen esclavista.

A los golpes, puñetazos, patadas y cuantas otras vejaciones osemos imaginar que reciben de los hombres (más bien bestias), que allí acuden a saciar su apetito sexual con niñas, hay que sumar la sordidez, suciedad podredumbre del ambiente, y las drogas que les inyectan para que de esta manera sean más sumisas, complacientes y finalmente dependientes, entrando en un bucle del que saldrán con los pies por delante, para ser luego alojadas a las afueras del prostíbulo en un montículo, propio de un campo de concentración nazi.

Una de estas adolescentes, sordomuda, de nombre Angel, es el ojito derecho del dueño del lupanar, y esto la libera del trato carnal, realizando otras muchas tareas, como pinchar a las otras niñas y maquillarlas, para que estén presentables. Acomodada en su situación, todo cambia, cuando Angel entabla amistad con una de estas esclavas sexuales, que conoce el lenguaje de signos. Angel echa entonces la vista atrás, dinamita el muro de hormigón donde estaban sepultados sus recuerdos, y decide entonces tomar cartas en el asunto y hacer frente a los agresores: un puñado de
milicianos.

Lo que venía siendo un drama dantesco, una bajada y estancia en los infiernos, torna en algo más gore, donde prima la acción, donde chorrea la sangre y la adrenalina al mismo compás y así hasta el final de la cinta que no desvelo, porque es de traca y que me recuerda mucho a otro peliculón, Eden Lake.

Rosie Day (Angel) se come con patatas al resto del elenco. Una acertada mezcla de drama humano y violencia desmedida. Sorprendente, cuanto menos.

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Metro Manila (Sean Ellis 2013)

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Metro Manila

Dirección: Sean Ellis
Guión. Sean Ellis
Intérpretes: Jake Macapagal, John Arcilla, Althea Vega, Miles Canapi, Ana
Abad-Santos, Moises Magisa, JM Rodriguez, Erin Panlilio
Género: Drama/Denuncia social
Casting: Raymond Alzona
País: Reino Unido
Año: 2013
Duración: 105 minutos
Música: Robin Foster


Metro Manila
es una película británica rodada en Filipinas, en lengua tagalo, que nos muestra con todo el dramatismo que podemos encajar, la peripecia existencial que sufre una familia que vive en el norte del país Filipino, la cual subsiste cultivando arroz y que viendo cómo con esas tareas agrícolas no pueden sobrevivir deciden probar una vida mejor en la capital, trasladándose a Manila.

El contraste entre la vida rural y la vida en una urbe caótica, de 11 millones de personas que viven hacinadas, ruidosa, fea, supone un shock. La vida en el campo no les resultaba fácil, al contrario, de ahí su marcha, pero en la ciudad, no tardarán en comprobar la degradación humana en todas sus vertientes: prostitución, delincuencia, drogas,
contaminación, estafas, robos, etcétera.

La familia llega a la capital con lo justo, un hatillo con un par de ropas y dos niñas, una casi recién nacida y la otra con dolor de muelas. Un alma caritativa les ofrece a su llegada un inmueble donde cobijarse a bajo precio. No tardan en comprobar que les han engañado, ya que se trata de una vivienda social y les obligan a irse a otra parte, viéndose dormir los cuatro en la calle, con los bordillos como almohadas.

Queda muy bien definida lo fina que es la línea que separa la pobreza de la indigencia, cuando no tenemos recursos ni apoyo de ninguna clase.
Afortunadamente, Óscar, el padre de familia logra un trabajo como conductor de un furgón blindado y la mujer hace lo propio en un lupanar, en donde no mantendrá trato carnal con los clientes, reducido su trabajo a animar a la clientela a consumir alcohol. A pesar de todo, la mujer siente como todo aquello la degrada y envilece, a ojos vista de sus hijas que la acompañan al trabajo, pues no tiene otro sitio, ni con quien dejarlas. Digo yo, que la mala suerte es como una bola de nieve, que se retroalimenta y ceba en la tragedia.

No abundo más en el contenido de la película para no destriparla y paso ahora a remarcar sus cualidades fílmicas. La historia tiene ritmo, una fotografía luminosa y detallista, una labor actoral notable y combina con acierto el drama humano, sin cebarse en exceso (podría haber resultado otro Biutiful, pero no lo es), con otros elementos que permiten sacar a la luz y dejar en negro sobre blanco que “el hombre es un lobo para el hombre“.

En esa jungla urbana, todos quieren sobrevivir, a cualquier precio, y ante situaciones desesperadas, los hombres y mujeres son capaces de hacer cualquier cosa. Esta desesperación surge de no tener un trabajo, de no tener nada con lo que comprar medicinas o dar de comer a sus hijos, lo que permite que almas nada desinteresadas, valiéndose de la situación desesperada de los otros les obliguen a hacer cosas que de otra manera no harían, de tal manera que éstos acaban degradándose, perdiendo su dignidad, esa que es única e intransferible y que es lo que nos hace humanos. Ellas acaban en la prostitución, incluso llegando como vemos en otros países asiáticos a prostituir a sus hijas sin cumplir los diez años, y ellos, como nuestro protagonista dispuesto a todo, para que su familia tenga una oportunidad.

De una manera muy sutil la denuncia social es explícita. No hay aquí banqueros, ni preferentes, ni la mano invisible del mercado, ni nada similar. Aquí el malo de la película, el enemigo real, de carne y hueso, es la mujer que regenta el prostíbulo, el compañero de trabajo que quiere corromperte, el médico que se cobra los servicios en especie, la esposa perfecta corroída por la avaricia, los jóvenes que te roban a plena luz del día, aquel que te ofrece un piso en alquiler creyendo que te hace un favor y que resulta que te está estafando, y un entorno hostil, sórdido, una urbe corrompida desde los cimientos hasta la aguja de los rascacielos,
etc.

Metro Manila es una película potente, cruda, descarnada a la vez que tierna y hermosa, mostrándonos un dramón con una historia de amor de trasfondo, que la hace si cabe más hermosa, ya que a pesar de todo la pareja busca en el amor entre ellos y hacia sus hijos la energía necesaria para no tirar la toalla, para seguir peleando, aunque sea a la contra, con el aliento de Dios y su fe en el mismo, animándolos a luchar, a perseverar, a seguir confiando en el ser humano, en el otro, porque es lo único que puede salvar/hundir a otro ser humano.

Si podéis verla, hacerlo. Vale la pena y luego me lo contaís.

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Upstream color (Shane Carruth 2013)

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Upstream color cartel película

Película: Upstream color. Dirección y guion: Shane Carruth. País: USA. Año: 2013. Duración: 96 min. Género: Drama, ciencia-ficción. Interpretación: Amy Seimetz (Kris), Shane Carruth (Jeff), Andrew Sensenig (el Sampleador), Thiago Martins (ladrón), Kathy Carruth (Madre orquídeas), Meredith Burke (Hija orquídeas), Andreon Watson (Peter), Ashton Miramontes (Lucas). Producción: Shane Carruth, Casey Gooden y Ben LeClair. Música: Shane Carruth. Fotografía: Shane Carruth. Montaje: Shane Carruth y David Lowery. Dirección artística: Darrah Dean Gooden.

Shane Carruth dirigió Primer. Ahora vuelve con Upstream Color. Si la otra era rara, ésta lo es elevada a la enésima potencia. Shane además de dirigirla se encarga del guión de la fotografía, montaje y producción, además de ser también el protagonista.

¿De qué va Uspstream color?. Ni idea
. Así que hablamos de algo atmosférico, conceptual, sensorial, un cine que no se aprehende desde un relato fílmico. Ese tipo de cosas que decimos cuando no nos hemos enterado de nada de lo que hemos visto y no porque no haya estado atento, sino porque Shane Carruth no quiere ponérnoslo nada fácil, más bien al contrario. Lo único que tengo más o menos claro es que un fulano coge gusanos y les mete sustancias y luego se las ingenia para que esos gusanos acaben en el organismo de sus víctimas, las cuales acaban perdiendo la voluntad, siendo sometidas sin reticencias por El Señor los gusanos, que los somete y luego los desvalija. Esto lo hace con una mujer, la cual sobrevive de milagro, pero que se queda más para allá que para aquí. Luego ella conoce a un chico en el metro, que parece haber vivido una experiencia similar y entonces todo resulta muy onírico, al tiempo que vemos como un señor que tiene una granja con cerdos, se convierte en algo parecido a Dios, creador de una religión porcina, a la que la chica debe poner fin si quiere sobrevivir.

El libro, Walden de Henry David Thoreau tiene una presencia importante, porque la chica en su encierro forzado se ve obligada a transcibirlo, de tal manera que luego se lo sabe de memoria.

Me maravilla que una película de estas características, toda una rareza, salga adelante y pueda estrenarse en un cine y reciba el visto bueno de la crítica, y yo ahora la esté comentando.

No sé si me ha gustado porque a duras penas podemos críticar aquello que no entendemos, diré que es una experiencia fílmica que me ha resultado desconcertante, que ha generado altas dosis de desasosiego en mi persona, resultando muy hipnótica, al ritmo de la música que suena: no digo más.

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Stockholm (Rodrigo Sorogoyen 2013)

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Stockholm cartel película
Película: Stockholm. Dirección: Rodrigo Sorogoyen. País: España. Año: 2013. Duración: 90 min. Género: Drama, romance. Interpretación: Javier Pereira, Aura Garrido. Guion: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen. Producción ejecutiva: Borja Soler, Pedro Martín-Calero, Alberto del Campo y Rodrigo Sorogoyen. Fotografía: Alejandro de Pablo. Montaje: Alberto del Campo. Dirección artística: Juantxo Divasson. Vestuario: Lorena Puerto. Distribuidora: Festival Films

Que Stockholm se rodara en apenas dos semanas es anecdótico. Que casi todo el peso de la cinta resida en dos protagonistas también. Stockholm se construye y deconstruye en apenas 90 minutos. Al principio pisamos un camino muy trillado, a saber, el del chico que corteja a la chica a la salida de una fiesta en un piso, la cual se resiste en un principio, con el ánimo de llevársela a la cama. El chico se aplica y la chica también, en su reticencia y hasta ahí me resulta todo muy cargante. Él un tipo guay y ella un sí pero no. Todo muy convencional.

Luego, todo cambia, y comienza la deconstrucción. Él se quita la careta, ella también. Ahora estamos en el interior de una casa, no en la calle. Ahora ya no es de noche, sino de día, y todo es luminoso, y las sonrisas ahora son muecas, y sí él no la dejaba escapar, ahora es él quien no puede salir. Ahí la película sí me interesa, bastante, a medida que el film se pone la piel de thriller psicológico, donde no falta el tiro de gracia final.

No descubro nada diciendo que Javier Pereira y Aura Garrido son dos actores jóvenes muy buenos y solventes. Rodrigo Sorogoyen ha conseguido una película impactante, desasosegante, singular, que ofrece una cosa y luego todo lo contrario, casi nada.

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Vigilo el camino (Pablo Aragües 2013)

Sin comentarios!

Vigilo el camino Pablo Aragües

Director: Pablo Aragüés Intérpretes: William Miller, Irene Ferrándiz, David Sancho País: España Año: 2013. Género: Thriller sexual Duración: 80 min. Color o en B/N: Color Guión: Pablo Aragüés Fotografía: Álex Sierra.

Una pareja de treintañeros pierden al hijo que ella llevaba en el vientre y ahí andan rumiendo sus tristeza cuando surge de la nada una rubia, que en un visto y no visto, logra meterse bajo las sábanas para acabar compartiendo chico. Hay sexo, sí. No es explícito, de hecho hay mucho beso, lametón y frotamiento, pero nada más. Hay sensualidad, no pornografía. Eso me gusta. El chico que tras el aborto de su chica lleva dos meses sin copular, ve aquello como una bendición, y cuando pierde el trabajo y su nueva amiga les invita a pasar unos días en un paraje, donde no vive nadie más que los miembros de la comuna, y donde se encuentran incomunicados, los dos aceptan encantados la oferta. Además, el chico no da crédito al comprobar cómo las mujeres jóvenes que allí viven se dedican cuando declina el sol a practicar el sexo, sin miramientos.

Para salir de ese bucle sexual, se añade el elemento sectario, con las peroratas del iluminado (William Miller), y su camino, al mando de la comuna, un iluminado escuchimizado y greñudo que se vale de las desgracias ajenas, para decirles lo que estos quieren oír, comiéndoles el tarro, hasta lavarles el cerebro. Ahí el guión es un poco flojo, porque no resulta muy creíble que una chica centrada como nuestra protagonista se crea las majaderías del iluminado, pero parece que sucede más a menudo de lo que pensamos.

De cara al final aquello adopta un tono más gore y macarra, tipo La matanza de texas, y el último cuarto de hora resulta trepidante. Es un acierto que la película no llegue a los 80 minutos, pues le da mayor contundencia y solidez a la propuesta, que combina con acierto lo erótico, lo religioso, el thriller y lo gore. El director y guionista, Pablo Aragües, tiene 30 años, es aragonés y nos dará grandes alegrías, y si no al tiempo. La actriz Irene Ferrándiz es otro hallazgo.

Si queréis ver algo excitante, echarle un ojo.

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