Yesterday (Danny Boyle)

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Dirección: Danny Boyle
Producción: Bernie Bellew, Tim Bevan
Danny Boyle, Richard Curtis, Eric Fellner
Matthew James Wilkinson
Guion: Richard Curtis
Música: Daniel Pemberton
Fotografía: Christopher Ross
Montaje: Jon Harris
Protagonistas: Himesh Patel, Lily James, Kate McKinnon, Ed Sheeran, Lamorne Morris, Ellise Chappell, Camille Chen, Alexander Arnold, Joel Fry, Sophia Di Martino, James Corden

Desde Trainspotting en el 96 hasta el Yesterday de hoy Danny Boyle ha ido trazando una filmografía de lo más interesante, con títulos como La playa, 28 días después o Slumdog millonaire.

En Yesterday la premisa es sencilla pero muy interesante. Un cantante sin éxito, Jack Malik, que va y viene de la mano de su agente Ellie por distintos garitos, pubs y conciertos sin público, sufre un día un accidente en bicicleta en el momento en el que la tierra se para, se queda 12 segundos sin luz y cuando todo vuelve a la normalidad, esta no es tal, porque el cantante descubre que por ejemplo Los Beatles nunca han existido, Oasis, tampoco. Asumido esto verá pintiparada la ocasión de hacer suyas las canciones de los de Liverpool, grabarlas a todo correr antes de olvidar sus letras, pues solo cuenta con su memoria pues se ha perdido todo rastro de las canciones, los vinilos, cualquier mención en internet: Todo.

La industria musical fija su atención en este cantante reponedor y poco tarda en alcanzar un éxito interplanetario. El cantante Ed Sheeran lo conoce y lo quiere como telonero suyo.

Así las cosas Jack obtiene el anhelado reconocimiento pero se siente un fraude, pues no lo ha obtenido por méritos propios sino con letras y melodías que no son suyas. Por otra parte Ellie que siempre ha estado enamorada de él sin confesarlo ve cómo Jack convertido en un cantante éxito está ahora orbitando más lejos de ella que nunca, aunque ya sabemos que la fuerza del amor y del destino es más fuerte que el movimiento de traslación y rotación de la tierra y esas cosas, así que se espera uno el consabido final feliz.

Es norma de la casa hablando de Boyle que su entretenidísima y amable película nos deje sin aliento, que el ritmo sea frenético, que las canciones nos pongan los pelos de punta (espectaculares las escenas aéreas o ver los estadios a reventar), que veamos el poder de la música y del amor en los humanos, pero creo que la premisa inicial se agota demasiado pronto y no da mucho juego, más allá de ver cómo Jack a pesar de ser un genio (si nadie sabe lo que éste esconde) se le considere como un producto más al que hay que sacarle el jugo hasta las entretelas, a fin de que puedan lucrarse a su costa todo quisqui. Todos por el amor al arte del dinero.

Informer (Johnny Campbell)

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Toca hoy hablar de series, en concreto de una serie británica que lleva por título Informer, del 2018. Serie de cuatro horas de duración, a razón de una hora por capítulo que recién vi en Filmin. Serie que se centra en lo policiaco.

Se inicia con una declaración ante el juez, y poco después volvemos un año atrás en el tiempo. Veremos cómo la policía que trabaja en antiterrorismo recurre a informantes que les proporcionen la información que permita evitar atentados y muertes. De esta manera un pakistaní nacido en territorio británico, al pasar una noche en el calabozo al venderle a una amiga unas pastillas con fatales consecuencias, es casi coaccionado a trabajar con la policía como informante o soplón, como vean. De esta manera nos introducimos en otros territorios, por barrios menos lucidos de Londres, echando mano de unas imágenes con una fotografía muy saturada, de cielos plomizos, que le imprimen la pretendida atmósfera de sordidez y tenebrismo.

Lo curioso de la historia es que se va detrás de un terrorista, muy correoso, que quieren cazar en Londres, aunque hay quien dice que ya murió, y luego se produce un atentado pero a manos de quien menos podríamos llegar a imaginarlo, aunque viendo la evolución de la historia, las distintas piezas de la historia van encajando de tal manera que su resolución es verosímil. Prima en toda la serie la acción, vertiginosa.
Es característica de estas series que no haya opción alguna para el aburrimiento, y aquí pasan muchas cosas, y se deja ver, muy bien, gracias a una buena labor actoral tanto de Bel Powley, cuyos ojos son como un escaner de alta resolución y sobre todo de Paddy Considine que borda su papel de policía atormentado con su pasado de infiltrado, tan metido en su día en su papel que tuvo que hacer cosas horrendas, de las que no logra desprenderse y que inevitablemente afecta a su relación con su mujer e hija, algo que en estas series ya es todo un lugar común. La serie coge muy bien el pulso al estado de psicosis post 11M que vivimos en Europa.

¿Y vosotros, qué serie que hayáis visto recientemente os gustaría recomendarnos a los cuakeros?

The Virtues (Shane Meadows)

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Hacía muchísimo tiempo que no veía una serie que me removiese tanto como The Virtues del realizador Shane Meadows, autor de películas como This is England. La he visto en la plataforma Filmin, que va poniendo a nuestra disposición series muy buenas, como por ejemplo Informer, que comenté recientemente.
The Virtues, en su título, en la la t va anclada una cruz, que viene a ser como esa marca de agua, que crea traumas y deja secuelas. Stephen Graham el actor que encarna a Joseph, se mete tanto en su papel que pocas veces he visto una interpretación tan visceral, intensa e impactante como la suya.

Son cuatro episodios, 270 minutos desgarradores. Joseph tiene un hijo de corta edad que deja Reino Unido para mudarse con su madre y su pareja a Australia. Joseph supera la separación entre vapores etílicos, volviendo al alcohol a lo grande, tras dos años seco. Una noche de farra que tiene consecuencias, pues decide entonces abandonar Liverpool e ir a un pueblo en Belfast al encuentro de su hermana, de la que nada sabe desde hace tres décadas y que lo daba por muerto. Allá llega como el náufrago que arriba a una playa, con una mano delante y otras detrás, puro desamparo. Nada es fácil en la vida de Joseph y lo grande de la serie es eso, la capacidad que tiene para mostrar de manera prístina el drama de Joseph, de su hermana, de la cuñada de esta, Dinah, de Craigy, todos ellos siempre al borde del llanto, frágiles, atormentados, aplastados por el peso del pasado.

Se ve cómo el paso de Joseph por un orfanato tuvo secuelas irreparables, heridas que el paso del tiempo han cerrado en falso. Joseph va en busca de su pasado, doloroso, que le lleva a desenterrar cosas que su mente tenía guardadas en lo más profundo de su memoria. Recordar duele, desgarra, desequilibra, genera ataques de pánico, conduce al llanto, a la locura, y es en esa redención, en saldar cuentas con el pasado, incluso con sus verdugos, donde encontrará una salida, al tiempo que deberá esquivar pecios de todo tipo (Dinah mantiene también una relación tormentosa con su ultracatólica madre, que la obligó, ya que no se podía abortar, a dar a su hijo en adopción y con la que no puede hablar, sin que haya la menor empatía entre ellas, sólo reproches, censura, menosprecio, inquina, odio…), porque la serie te deja sin aliento en cada episodio, en cada secuencia, cada minuto. Tan brutal como hermosa. Véanla, ya.

Un atardecer en la toscana (Jacek Borcuch)

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Título original: Dolce Fine Giornata
Año: 2019
Duración: 92 min.
País: Polonia
Dirección: Jacek Borcuch
Guion: Jacek Borcuch
Música: Daniel Bloom
Fotografía: Michal Dymek
Reparto: Krystyna Janda, Antonio Catania, Lorenzo de Moor, Robin Renucci, Vincent Riotta, Kasia Smutniak

Poco tiene que ver Atardecer en la toscana con Bajo el sol de la toscana, que era una pastelada.
Aquí, no obstante, el entorno es el mismo: las praderas verdes, las brumas matinales, los preciosos pueblos medievales como Volterra, pero aquí no se trata de pintar o colorear una postal preciosista (aunque si buscan en Google, Atardecer en la Toscana encontrarán un aluvión de imágenes), sino ver qué anida en el interior de una mujer, Maria Linde, que frisa los sesenta, poeta polaca y residente en Italia, ganadora del Nobel de Literatura, que asentada en una agriturismo vive con su marido, hija y nietos una existencia aparentemente plácida, aburguesada en el trantrán de los días, con sus ágapes, canutos, fiestas, lecturas, paseos, excursiones…

Un día, el nieto jugando desaparece durante unas horas y lo encuentra un joven y apuesto hombre egipcio, Nazeer, que mantiene un juego de seducción con la poeta.
El clima se enrarece pues hay noticia de que cuatro inmigrantes irregulares han llegado y nadie sabe dónde están, al tiempo que se comete un atentado terrorista en Roma y todos los ojos, inyectados en sangre, se vuelven entonces hacia los extranjeros.

La poeta nota que algo se desgarra en su interior, se produce un desquiciamiento, toda su existencia sale pues del quicio sin saber muy bien qué vendrá. La poeta senecta se convierte entonces en una adolescente díscola, problemática, rebelde, levantisca, más aún después de renunciar al Nobel y proferir un discurso polémico con naturaleza de filípica que traerá cola, en donde equipara la destrucción de un ataque terrorista con una obra de arte. En el contexto poético, tendría un pase, pero luego comprobará que las redes sociales y la globalización hacen que un discurso dicho en un pequeño pueblo de la toscana, una vez viralizado, tiene consecuencias globales, que le afectarán a ella y a su núcleo familiar (las caras de la actriz Kasia Smutniak que interpreta a la hija, son un poema trágico), que se muda frágil cual azucarillo.

Jacek Borcuch nos ofrece imágenes tormentosas aunque abiertas a la intimidad y la reflexión (como el fuego que habita bajo el hielo), a la calma, que plasman muy bien la zozobra que experimenta Linde, su incapacidad para expresarse con su hija, su necesidad de rompe y rasga, su impotencia al comprobar, ella que fue víctima del nazismo, cómo la xenofobia siempre está al acecho, merodeando, aprovechando cualquier momento para colarse en casa ajena de rondón.

Otra línea argumental muy interesante es el amor entre Lide y Nazeer. La necesidad que tiene ella de vivir a través del amor, de despojarse de su edad, de su piel, de su cuerpo, ese que le imponen las seis décadas que tiene encima. Encontrar ese reconocimiento anhelado -no hacia su figura de escritora famosa- sino hacia su persona, la colma y satisface, el amor (metáfora del encuentro de civilizaciones) se explica entonces solo, pero enseguida hay que buscarle sentido a esa situación, a la dicha, cuando la sociedad y sus condicionamientos invaden el espacio íntimo de ellos dos aboliéndolo. Ella que es poeta, escritora, que vive de y por las palabras, finaliza la discusión con un término definitivo: mentecato. Palabra que cifra a la perfección su imposibilidad, el constreñimiento, el de ambos.

La escena final es el broche a una película espléndida, escena que integra la performance, el arte inasible, con lo palpable, que aúne la angustia etérea, la zozobra que reconcome sin encontrar la salida, con lo tangible, el encierro, la cruda realidad, el regreso de los fantasmas, de carne y hueso.

Rams. El valle de los carneros (Grímur Hákonarson)

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Título original: Hrútar (Rams)
Año: 2015
Duración: 93 min.
País: Islandia
Dirección: Grímur Hákonarson
Guion: Grímur Hákonarson
Música: Atli Örvarsson
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Reparto Sigurður Sigurjónsson, Theódór Júlíusson, Charlotte Bøving, Jon Benonysson, Gunnar Jónsson, Þorleifur Einarsson, Sveinn Ólafur Gunnarsson, Ingrid Jónsdóttir, Jörundur Ragnarsson, Viktor Már Bjarnason, Jenný Lára Arnórsdóttir

Como sea que hay películas que pasan ante nuestros ojos sin dejar huella, por el contrario hay otras, y pienso en Border y en la presente Rams, que dejan larvadas los huevos de los recuerdos y me refiero a dos escenas. En una vemos como a un hospital llega un tractor y en la pala de la misma va un hombre que será depositado en la entrada del hospital y, como si se tratara del paquete de un mensajero, sin que él mismo espere a recibir la conformidad de la entrega, desaparece de la escena del crimen, es un decir. La otra escena es memorable, dos hermanos, desnudos, abrazados en un agujero, dándose calor, peleando contra la muerte, mientras el frío y la nieve amenaza con despedazarlos.

La historia que se nos plantea es mínima: las desavenencias entre dos hermanos, ambos ganaderos, y muy distintos, que viven uno al lado del otro, sin hablarse. Uno aficionado a la música clásica, abstemio, manso, bondadoso, el otro con querencia por la bebida, hosco, bronco, autodestructivo.
Una enfermedad que afectará al ganado, el scrapie (enfermedad degenerativa), en aquel paraje inhóspito, desolado, acechado por las inclemencias del frío, permite a los hermanos recuperar aquello que en su día fue. No hay apenas diálogos. Todo es frío, glacial, cortante. La supervivencia fiada a su vez en la de unas pocas cabezas de ganado de la especie local: los carneros.

Sin aspavientos, abundando en lo cotidiano, Grímur Hákonarson, director y guionista, contando con dos grandes actores –Sigurður Sigurjónsson, Theódór Júlíusson- desnuda la naturaleza humana en esta suerte de tragedia griega (ambientada en Islandia) en la que la pantalla actúa como espejo.
Bajo la nieve y como sucede en la Antártida hay volcanes de fuego, lava sentimental, necesidad de tocar y abrazarse, sentir las lágrimas ardiendo sobre las mejillas, baladrear un “querido hermano”, proveniente de las fosas marianas del alma, de las simas de un dolor renacido, en aquel punto de encuentro filial y quizás ciego que clausura la película.

Vitoria, 3 de marzo (Víctor Cabaco)

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Título original Vitoria, 3 de marzo
Año 2018
Duración 90 min.
País España
Dirección Victor Cabaco
Guion Hector Amado, Juan Ibarrondo
Música José Luis Canal
Fotografía: Gaizka Bourgeaud
Reparto: Ruth Díaz, José Manuel Seda, Alberto Berzal, Mikel Iglesias, Amaia Aberasturi, Iñigo de la Iglesia, Iñaki Rikarte, Asier Macazaga, Oti Manzano, Pepe Penabade, Ane Pikaza

La película de Víctor Cabaco recrea hechos reales desde la ficción. Aquello que sucedió el 3 de marzo de 1976 en la ciudad de Vitoria, cuando las factorías y el resto de sectores se sumaron a una huelga que el régimen reprimirá con fatales consecuencias. Franco había muerto, se vivía la Transición, pero los grises seguían en la calle repartiendo a diestro y muy siniestros. Cuando los trabajadores quieren ejercer su derecho a la huelga (que junto con el de manifestación como el de reunión, no estaban permitidos), el poder trata por todos los medios de desconvocar las huelgas y las asambleas, a pesar de su carácter pacífico. Reivindicaciones que consistían en aumentos de sueldo lo suficientemente dignos para poder llegar a final de mes, asistencia sanitaria, indemnizaciones por muertes laborales, mayor seguridad y salubridad en las fábricas, librar los sábados y domingos, guarderías para poder conciliar el trabajo y el cuidado de los hijos, etcétera.

Los luctuosos y violentos acontecimientos se centran en una familia vitoriana, en la que podemos apreciar perfectamente los entresijos del poder y sus ramificaciones cenagosas, cuando la madre (muy buen trabajo actoral de la reinosana Ruth Díaz) a fin de liberar de la cárcel al marido de su aya, accederá a las demandas sexuales de un pretendiente que ocupa un relevante puesto en el régimen. Otro tanto sucederá con el marido, quien se tragará su orgullo y sus principios, para ponerse del lado del poder, prestando sus servicios desde una emisora de radio de la cual él es el responsable, de tal manera que su hija no sufrirá una paliza en los sótanos a mano de los esbirros del poder cuando la detengan, al ser la pareja de uno de los principales activistas en la huelga.

Se alternan en la película, que aboga por el cine social y de denuncia, imágenes reales con imágenes documentales, fundiendo ambas texturas. Escuchamos las grabaciones de la policía, hablan de 20.000 disparos, de una auténtica masacre. Las fuerzas del orden entrarían en la iglesia, en donde se concentraban miles de manifestantes, saltándose así lo establecido en el concordato. Cinco trabajadores murieron. La película rinde tributo, a ellos y a todos los que aquellos días ocuparon las calles de Vitoria. De las muertes no se responsabilizó nadie, ni Manuel Fraga, entonces Ministro de la Gobernación, ni Rodolfo Martín Vila, Ministro de las Relaciones Sindicales.

Expediente 64 (Christoffer Boe)

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Título original Journal 64 aka
Año 2018
Duración 100 min.
País Dinamarca
Dirección Christoffer Boe
Guion Nikolaj Arcel, Bo Hr. Hansen, Mikkel Nørgaard (Novela: Jussi Adler-Olsen)
Música Mikkel Maltha, Anthony Lledo
Fotografía Jacob Møller
Reparto Nikolaj Lie Kaas, Fares Fares, Nicolas Bro, Anders Hove, Søren Pilmark, Morten Bjørn, Elliott Crosset Hove, Diem Camille Gbogou, Anders Juul, Fanny Bornedal, Johanne Louise Schmidt, Clara Rosager, Amanda Radeljak, Nastja Arcel, Michael Brostrup, Per Tofte Nielsen, Marianne Høgsbro, Morten Feldt, Lennart Falk
Productora Det Danske Filminstitut / Deutscher Filmförderfonds / Film I Väst / Filmförderung Hamburg Schleswig-Holstein / Nordmedia Fonds / Zentropa Productions

A finales de año hablaba de Redención, otra película danesa de esta saga, de los casos del Departamento Q, basada en las novelas de Jussi Adler-Olsen. Saga que sigo con sumo interés. La película (última de la saga, rodada en 2018) se inicia cuando en un inmueble, tras una pared falsa aparecen tres cuerpos momificados. Ahí entra el departamento Q, para como es habitual volver al pasado, a fin de esclarecer en el presente aquellos casos que sucedieron sin resolverse décadas atrás.

No tarda mucho en desvelarse el pastel. La escena fúnebre de los cuerpos momificados pareciera atender a una venganza: de aquellos polvos estos lodos. Sí, mucho fango y mucha puesta en escena tenebrosa y acerada hay presentes en las imágenes.

A una isla danesa eran enviadas las chicas de moral dudosa, jóvenes embarazadas, pecadoras, según la moral imperante. Allí, en aquel reformatorio, en los años 60 del pasado siglo, tratarían de corregirlas, empleando para ello la violencia física y el aislamiento, sin contacto alguna que pudiera macularlas aún más.
Veremos como allá es confinada Nette -por mediación de su padre- una joven a la que éste pilla in fraganti mientras mantiene relaciones sexuales en un vehículo con un chico, un primo. En el sitio donde está recluida Nette apenas encuentra esta auxilio alguno, pues además de los rigores del centro y la violencia que se ejerce sobre ellas hay que añadir que cada chica juega sus cartas de cara a mejorar su situación, y esto implica que para obtener algún beneficio esto supondrá obrar en contra de otras reclusas. Así hará Rita, su compañera de habitación.

Seguimos a su vez las pesquisas de Carl y Assad. A este último le han ofrecido otro puesto y le quedan cuatro días para dejar el departamento. Assad busca en Carl alguna palabra que lo retenga, pero como es de esperar Carl se encastilla en su hermetismo y solo quiere que venza el plazo para que Assad (muy a pesar, aunque se niegue a confesarlo) se vaya.
A medida que avanza la investigación surge una trama criminal conspirativa según la cual un grupo de médicos estarían esterilizando a las mujeres danesas que no cumplen los requisitos de ciertos estandares (inmigrantes, extranjeras…) que nos remontan a la época de Hitler y su pureza racial.

La película resulta muy divertida, no da tregua al espectador, hay tiroteos, persecuciones y una trama que busca el clímax y lo alcanza en sus secuencias finales. Clímax no sólo mediado por la acción pura y dura, sino también por lo emocional, pues finalmente veremos una grieta en Carl, una especie de redención.

Border (Ali Abbasi)

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Título original Gräns
Año 2018
Duración 101 min.
País Suecia
Dirección Ali Abbasi
Guion Ali Abbasi, Isabella Eklöf (Novela: John Ajvide Lindqvist )
Música Christoffer Berg, Martin Derkov
Fotografía Nadim Carlsen
Reparto Eva Melander, Eero Milonoff, Viktor Åkerblom, Joakim Olsson

Si se puede calificar de alguna manera Border sería apelando al término fascinante. Border lo es en muchos sentidos. Cuando uno cree haberlo visto ya todo, de nuevo se ve sorprendido. El guión es obra de Ali Abbasi e Isabella Eklöf sobre la novela de John Ajvide Lindqvist.

Lo que vemos es cómo Tina, una mujer que trabaja en un control de aduanas, debido a su buen olfato es capaz de saber si los que por allá pasan llevan alguna sustancia prohibida e incluso es capaz de detectar otros sentimientos como la culpa. Así por ejemplo sabrá que un hombre en su teléfono lleva en una tarjeta de memoria fotos de contenido pedófilo.

La vida de Tina transcurre sin estridencia apalancada en la monotonía de su quehacer laboral. En el hogar: una cabaña en un bosque le espera un zángano con apariencia humana que lo máximo que le ofrece es algo de compañía que le permita a Tina aliviar su soledad. De vez en cuando esta acude a ver a su padre a una residencia.

Un buen día por el control de pasaportes pasa un hombre, Vore y Tina experimenta algo que la saca de sus casillas, la desquicia y descoloca. Ha descubierto a alguien como ella. Luego veremos en qué consiste esto. La cámara explícita maravillosamente este sentimiento de arrobo, de despertar, de enamoramiento, de encajamiento, de sentirse en el mundo por vez primera.

Estupendas interpretaciones son las que nos brindan Eva Melander y Eero Milonoff, bajo una apariencia que la labor de maquillaje hace fabulosa.

Como cuestión de fondo está por ver si Tina seguirá sintiéndose humana o preferirá seguir el camino que le ofrece Vore, lo que le llevará a preguntarse sobre cuál es su identidad, quién es, qué quiere ser, y qué es aquello que más allá de cualquier categoría anida en su interior y la conforma. No pareciera ser la maldad.

L’intrusa (Leonardo Di Costanzo)

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Título original: L’intrusa
Año: 2017
Duración: 95 min.
País: Italia
Dirección: Leonardo di Costanzo
Guion: Leonardo di Costanzo, Maurizio Braucci, Bruno Oliviero
Música: Marco Cappelli, Adam Rudolph
Fotografía: Hélène Louvart
Reparto: Anna Patierno, Gianni Vastarella, Marcello Fonte, Martina Abbate, Raffaella Giordano, Valentina Vannino

Leonardo Di Costanzo presentó en 2012 L´intervallo. En 2017 volvió a la carga con L´intrusa. Leonardo se curtió en el mundo del documental y eso se aprecia bien en L´intrusa, pues la cámara lejos de juzgar o posicionarse, deja espacio a sus personajes para que actúen. El espectador observa, y saca sus propias conclusiones. La actriz principal sobre la recae el peso de la interpretación, aunque la película es coral, es Raffaella Giordano, un rostro apenas visto en la gran pantalla, que aporta su frescura y naturalidad, exenta de cualquier artificio ni sobreactuación. Rafaella había trabajado anteriormente y únicamente en la película Il giovane favoloso.

La historia se desarrolla en la perifería de Nápoles. Giovanna ha creado allá un espacio recreativo, la Masseria, en el que los niños son sustraidos a las calles y a la Camorra, resultando una suerte de oasis urbano. Allá los niños juegan, realizan talleres de pintura, escultura, hacen monstruos de metal con bicicletas desvencijadas, se relacionan y en definitiva son felices, creciendo como lo que son: niños.

Ese equilibrio siempre precario ante tantas amenazas externas y a menudo violentas, se tambalea cuando una familia se aloja en un casita aneja al centro. Allá aparece la policía poco después para llevarse a un hombre detenido acusado de homicidio. La mujer, la niña pequeña y el bebé recién nacido se quedarán en la casita. Esto no traerá más que problemas, pues el detenido pertenece a la Camorra y nadie en la Masseria quiere tener cerca a miembros de esa organización.

Giovanna se enfrenta a un dilema: qué hacer, qué decisión tomar. Nadie la apoya ni secunda, porque los que trabajan con ella, los profesores del centro escolar, las familias de los niños que acuden al centro, ninguno de ellos quieren que nadie de la Camorra rondé por allá, pues para ellos ese sitio recreativo tiene razón de ser porque ha logrado sustraerse a los tentáculos de la criminalidad, que sigue acechando. Vemos, por ejemplo, cómo las hermanas del preso acuden a llevarse a la intrusa con ella, a lo cual ésta se niega.

Giovanna es consciente de todo esto, pero su forma de ser, su bondad, le impiden dejar a nadie tirada, abandonada a su (mala) suerte, máxime cuando la mujer va acompañada de dos niños que no tienen culpa de nada, pues uno nunca elige a sus padres. La intrusa a su vez no da ninguna concesión, no da el brazo a torcer, mantiene impasible su rostro inviolable, granítico, no agradece nada, se cree con derecho a todo, recrimina a los otros niños el comportamiento para su hija, cuando hay una algarada infantil en la que se ve implicada. A pesar de todo Giovanna la sigo ayudando, pues como le hace saber ha conocido a muchas mujeres como ella, en su misma situación y ninguna ha sido feliz, sirve para apuntalar el diálogo, que nunca es tal, ya que la intrusa se encastilla en un hermetismo oral del que no quiere salir.

Sin moralina alguna, ni maniqueísmos, ni lugares comunes, ni falsos arrebatos románticos, ni imposturas, ni artificios, Leonardo Di Costanzo saca adelante una película magnífica, que pone en el centro de la misma la bondad humana, también los miedos y amenazas que la acechan, en donde Giovanna encarna sin darse importancia alguna, esa energía imparable, en su búsqueda y defensa de la concordia, la armonía, y en especial del respeto, la única manera de que la atmósfera que todos ellos -niños y adultos- respiran resulte respirable, habitable

Tu hijo (Miguel Ángel Vivas)

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Título original: Tu hijo
Año: 2018
Duración: 103 min.
País: España
Dirección: Miguel Ángel Vivas
Guion: Miguel Ángel Vivas, Alberto Marini
Fotografía: Pedro J. Márquez
Reparto: José Coronado, Pol Monen, Ana Wagener, Sergio Castellanos, Sauce Ena, Ester Expósito

¿Otra película más sobre el manido tema de la venganza?. Poco tiene que ver Tu hijo con producciones, aparentemente similares, como esas de Liam Neeson con las que tratan de emparentarla. No es este un producto palomitero donde uno deja en suspenso su incredulidad para ver cómo un padre de familia se convierte en una máquina de matar, no, lo que aquí se plantea es algo más de andar por casa, más verosímil, más prosaico. Tu hijo está más próxima a películas como En la sombra que a Matar o morir. No se trata de ver cómo los malos pagan por lo que han hecho, con toda suerte de mamporros y balaceras por medio, sino en qué situación se quedan aquellos que se ven en un trance así, pues no sólo el que recibe la paliza puede perder su vida, a su vez todos los que lo rodean, sus seres queridos, van cayendo como piezas de dominó, cada cual rumiando la tragedia que les concierne a su manera.

¿Qué hacer si tu hijo de 17 años a la salida de una discoteca recibe una brutal paliza que lo deja en estado vegetativo?. El padre de la víctima, Jaime, un cirujano interpretado de forma muy solvente por José Coronado, que deviene aquí un monstruo, un Atalante capaz de cargar todo el peso de la película y el dolor del mundo en sus hombros. Una opción es dejar que la justicia actúe. Jaime habla con los amigos de su hijo y uno de ellos, amedrentado, que no dijo toda la verdad a la policía, le pone en la pista de los actores de la paliza. Jaime decide entonces tomarse la justicia por su mano.

Lo interesante de la película sorteando el riesgo de pecar de maniquea es ver cómo el espectador involuntariamente se sitúa inevitablemente de parte de la víctima. En su tramo final, a medida que uno va rascando con la uña, llegando al fondo del asunto, y se ve cierto mecanismo de causa-efecto, la pregunta que cabe hacernos es ¿qué sabemos de cuantos nos rodean, hijos incluidos? ¿Son lo que aparentan? ¿Son seres puros y en esencia buenos? ¿La realidad se ajusta a la imagen idealizada que uno se hace de ellos? ¿Hasta donde es uno capaz de llegar para salvar a un hijo, haga éste lo que haga?.

Miguel Ángel Vivas, director y coguionista deja estas y otras muchas preguntas flotando en la sala de proyección, en el salón de los hogares, y ahí radica para mí el valor de esta película: la reflexión sobre los puntos ciegos de nuestra conducta.