Archivos del 25 de noviembre de 2017

Brava (Roser Aguilar)

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Título original:Brava
Año: 2017
Duración: 91 min.
País: España
Dirección: Roser Aguilar
Guion: Roser Aguilar, Alejandro Hernández
Música: Vincent Barrière
Fotografía: Diego Dussuel
Reparto: Laia Marull, Bruno Todeschini, Sergio Caballero, Francesc Orella, Emilio Gutiérrez Caba, Mikel Iglesias, Empar Ferrer, Maria Ribera

En nuestra apuesta por el cine español de calidad (hablé días atrás de dos películas muy recomendables, Verano de 1993 y No sé decir adiós) hoy hablo de Brava de Roser Aguilar, directora conocida por estos pagos pues hace diez años ya comentábamos por aquí su película Lo mejor de mí. Brava es una película valiente y arriesgada que economiza las palabras y donde priman los silencios. La protagonista, Janine, trabaja en un banco, se ve expuesta a una realidad a la que no puede sustraerse, la de los problemas de sus clientes disconformes con el proceder de su entidad, su pareja es un publicista de éxito, tiene en mente viajar a China donde van a abrir una sucursal y a tal fin está aprendiendo chino. Una noche camino de casa coge un metro y dos adolescentes la intimidan, la agreden, la violentan sexualmente obligándola a practicarle una felación a uno de ellos. Luego la dejan allá tirada al descubrir una víctima más joven. Este trance desencadena en Janine la necesidad de huir de Barcelona y tras alejarse de su pareja a la que no le confesará todo lo sucedido, buscará el amparo y la protección en casa de su padre viudo, que vive tranquilamente en una casa de pueblo. Allí Janine trata de restablecerse, superar la ansiedad, si bien la presencia de un amigo del padre, un ingeniero francés que se retiró al pueblo buscando la paz o huyendo de su pasado, lejos de tranquilizarla le hará regresar a ella todos sus miedos e inquietudes con una actitud hacia el vecino que la pretende y seduce muy poco clara, con el sexo y el deseo como material inflamable.

Me gusta de la película la economía verbal, no hay largas parrafadas ni discursos vacíos, sino conversaciones muy breves, como cuando el padre de Janine le reprocha a su hija que cualquier otra persona en su situación y teniendo lo que ella tiene sería feliz, ella replica, ¿qué es lo que tengo yo?. Janine a pesar de la fachada material, a pesar de que todos la ven como una mujer de éxito (como le hacen ver sus amigas que se quedaron en el pueblo y no recorrieron mundo ni estudiaron una carrera ni hicieron un máster) se siente una fracasada, un fraude, una cobarde, una mentirosa.
Su casa de hecho parece una oficina, con su pareja y a pesar de los malos momentos que Janine pasa no se dan una sola caricia, solo hay frialdad, distanciamiento y pastillas para dormir.

La gran baza de la película es la gran actriz Laia Marull que hace un gran papel y lo dice todo con su rostro, con sus miradas. Al que no veo tanto es a Emilio Gutiérrez Caba cuyo personaje me resulta un tanto endeble. De una manera muy clara creo que esta sencilla película sin alarde alguno explícita muy bien lo que le supone a una persona entrar en crisis y tocar fondo, ante una vida difícil de domeñar que se escapa sin control.