Archivos del 7 de diciembre de 2017

El perdido (Christophe Farnarier)

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Título original: El perdut (El perdido)
Año: 2016
Duración: 93 min.
País: España
Dirección: Christophe Farnarier
Guion: Daniel Remón, Pablo Remón, Christophe Farnarier
Música: Joe Farnarier
Fotografía: Christophe Farnarier
Reparto Adri Miserachs

El perdido es una película silente. Su protagonista, un hombre de unos cuarenta años no dice una sola palabra y el único ruido que profiere es algo parecido a un llanto, el que tiene lugar cuando quiere volarse la tapa de los sesos con una escopeta de caza y no se ve capaz. Este hombre llega en moto a lo alto de una montaña y tras su intento de suicidio, en lugar de volver por donde ha venido o de abandonarse, decide pasar de una autodestrucción que se comprueba fallida a la autoregeneración. Así, lo que le ocupará entonces será sobrevivir y como el hombre de las cavernas, ha de hacer fuego para calentarse, buscar alimento en la naturaleza, cazar animales y obtenera así sustento para no morir de hambre. En su lucha contra los elementos, debe hacer frente al frío, al hambre, a la soledad. Esta última es buscada, porque en su deambular este hombre se acerca a la costa, y deambula por aldeas abandonadas, por la zona de La Garrotxa, en las que consigue objetos que luego se llevará a la cabaña que construye en el corazón del bosque.
Es imposible viendo su proceder no pensar en Thoreau. Si aquel hizo de una laguna apartada un laboratorio en la que medirse consigo mismo, llevando a cabo con éxito su aventura y propósito de vivir austeramente, durante dos años y dos meses, despojado de todo lo accesorio y dedicando su tiempo a aquello que le colmaba: la lectura, la escritura, el estudio de la naturaleza, el protagonista de esta película hace algo parecido, porque su situación es desesperada en cierta medida, ya que vive apartado porque quiere y le costaría muy poco volver al abrigo -o puñetazo- de la civilización.
No hay discurso, no hay perorata, no hay lenguaje, no sabemos qué piensa nuestro hombre, qué le ocupa la cabeza, qué le ha llevado a esa situación, en qúe manera le transforma lo que va experimentado en su día a día, no vemos a través de sus ojos, sino que lo vemos a él, ocupando casi cada imagen, hacer cosas: cazar, contruir su cabaña, andar, bañarse en el río, visitar casas abandonadas, y emplear su inteligencia para garantizarse y mejorarse la superviviencia.
El único contacto que el hombre entabla es con un perro y con una mujer que es ensoñación.
Es muy seductor y bello este despojamiento, esta actitud radical, ese apartamiento de un mundo de ruido y furia, de toda esta maquinaria digital que pasa por la tolva la naturaleza humana, ocupada en tareas estériles e insulsas, escapándole entre los dedos su razón de ser para devenir razón de enser, de objeto de consumo, de pieza de recambio, de humano obsoleto y baladí, compartiendo su “identidad” en la nube.