Archivos del 10 de diciembre de 2017

Chaika (Miguel Ángel Jiménez)


Título original Chaika
Año 2012
Duración 100 min.
País España
Dirección Miguel Ángel Jiménez
Guion Luis Moya, Miguel Ángel Jiménez
Música Pascal Gaigne
Fotografía Gorka Gómez Andreu
Reparto Salome Demuria, Gio Gabunia, Aytuar Issayev, Bolatbek Raimkulov, Zhaksbek Kurmanbekov, Bachi Lezhava, Ciala Gurgenidze, Salome Mikhelashvili
Puntuación: 7,2

La apodada como Chaika fue la primera mujer que pisó el espacio. Muestra de superación que les llevaría a muchas madres a decir a sus hijas que ellas serían también unas Chaikas, metáfora de que podrían conseguir lo que se propusieran. Ahysa iba a ser una de estas Chaikas, pero escapó de su hogar para acabar prostituyéndose en un barco, al que ya sube embarazada. Quiera que allá un hombre, un marinero, Asylbek, se enamore o apiade de ella y le ofrezca un hogar a ella y a su chiquillo (Tursyn quien ya de adulto vuelve a casa para velar a su abuelo antes de morir y da pie para contar su historia en restrospectiva), en un rancho desvencijado en medio de la nada, en la estepa rusa, en la que durante muchos meses a su alrededor solo hay nieve, mucho silencio y soledad. Ahysa debe hacerse a la difícil compañía de la madre y de los hermanos de Asylbek y a una vida recoleta de recogimiento donde hay muy poco que hacer y donde Aysha ve como su “suegra” la mira mal, llamándola furcia con la mirada, sentimiento compartido por el hermano mayor de Asylbek, que la desprecia tanto como la desea.

El director, Miguel Ángel Jiménez, ofrece una película dura y cruda, con escasos diálogos, pues al igual que las energías, en esos parajes tan fríos e inhóspitos, las palabras también parece que hubiera que administrarlas con cuentagotas. Un buen ejemplo de esto es cuando Ahysa se reencuentra con su madre y con su padre, y este último a pesar de que tendría muchas cosas qué decir y que reprocharla, despacha el asunto diciendo que se alegra de que haya vuelto, de tenerla a su lado. Esa filosofía vital, esa especie de poética de la inmensidad, del desamparo, de la austeridad en la que se mueven los personajes creo que queda muy bien registrada con los breves diálogos (más importancia tienen las miradas) la fotografía de Gorka Gómez que muda lo sórdido en luminoso, lo cual supone un alivio, una esperanza, aunque sea tibio. Además, la película deja para el recuerdo imágenes inolvidables como la pedida de mano de Asylbek a Aysha con una lanzadera espacial a su espalda en el momento en el que un cohete despega.