Archivos de enero, 2018

El hijo de Saúl (László Nemes)


Título original Saul fia (Son of Saul)
Año 2015
Duración 107 min.
País Hungría
Dirección László Nemes
Guion László Nemes, Clara Royer
Música László Melis
Fotografía Mátyás Erdély
Reparto Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér, Todd Charmont, Björn Freiberg, Uwe Lauer, Attila Fritz, Kamil Dobrowolski, Christian Harting, Juli Jakab

Desde el final de la segunda guerra mundial se vienen sucediendo películas que abordan el holocausto judío llevado a cabo por los nazis alemanes.
Lo que lleva a la pantalla el director húngaro László Nemes no se parece a nada que haya visto antes. El hijo de Saúl te deja sin aliento y te sitúa al borde de una impotencia y una frustración tan vasta como un mar sin orillas. Ya desde el primer momento el ritmo es frenético, la cámara es nerviosa y sigue en todo momento los ires y venires de Saúl, un preso que junto a otros ‘Sonderkommando’ como él se encarga de acompañar a las duchas a los recién llegados al campo, que tras dejar la ropa colgada, entran en las duchas, las puertas se cierran, y poco después son asesinados empleando un gas letal. Saúl y otros como él deben vaciar los vestuarios de los cuerpos muertos, limpiar la sangre y dejarlo todo listo para la siguiente remesa: piezas los denominan sus asesinos. Por tal tienen a esos seres humanos a los que tanto odian, por números, por mercancía, por material fungible. Luego esos cuerpos son cremados y una vez reducidos a cenizas, a paletadas son echados a un lago. De tal manera que no quede ni rastro de ellos. Al llegar al campo se les quita toda la ropa y documentación, la cual se hace desaparecer, salvo aquello que se considera de valor que irá a parar entonces a manos de los nazis.
La película muestra en toda su crudeza esas actividades de Saúl cuyo empeño en todo ese infierno pasa por enterrar el cuerpo de un niño, que dice ser su hijo. Sobre ese gesto simbólico se sostiene toda la película y Saúl no tiene otra cosa en mente que encontrar en el campo de concentración a un rabino que oficie el enterramiento.
La película deja para el recuerdo secuencias memorables, pero hay una para mí especial, que retrata la llegada al campo casi de noche de un grupo el cual al no estar los hornos crematorios operativos son asesinados a disparos a pie de fosa. Esa sensación de asfixia, de tensión, de ahogo, como el de los animales que son conducidos al matadero, ante el caos reinante, es puro arte.
Solo puedo de definir de magistral lo que el director László Nemes logra hacer con una cámara y con un actor, Géza Röhrig, cuya cara pétrea, medio ida, transmite muy bien ese estado de enajenación o de hiperlucidez de los que como él, parecen encontrarse ya en otra parte, quizás porque esa sea la única manera de sobrevivir a su horror diario en el campo y quizás como aquel que salvando a un hombre salva a la humanidad, Saúl enterrando al niño logre también salvarse.

El caso Fritz Bauer (Lars Kraume)


Título original Der Staat gegen Fritz Bauer
Año 2015
Duración 105 min.
País Alemania
Dirección
Lars Kraume
Guion Lars Kraume, Olivier Guez
Música Christoph M. Kaiser, Julian Maas
Fotografía Jens Harant
Reparto Burghart Klaußner, Ronald Zehrfeld, Dani Levy, Sebastian Blomberg, Laura Tonke, Robert Atzorn, Michael Schenk, Matthias Weidenhöfer, Götz Schubert, Jörg Schüttauf, Cornelia Gröschel, Lilith Stangenberg

La historia se sitúa en 1957, una vez acabada la segunda guerra mundial. Muchos nazis se han ido a trabajar a los Estados Unidos, otros a Suramérica, otros se han desnazificado y siguen en los mismos puestos que ocupaban cuando estaba en el poder el III Reich.
El Fiscal General Fritz Bauer se compromete a detener a los criminales nazis huidos, con el punto de mira puesto en Adolf Eichmann, al que la filósofa Hannah Arendt dedicó su libro, Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal.

La película muestra muy bien dos cosas. Una, el afán y el tesón de Bauer por cumplir con su deber. Y segunda, las dificultades que éste encuentra en su día a día, pues todo se conjura para que no pueda llevar a cabo su labor, pues no parece que los alemanes, al menos en las altas esferas (el servicio secreto, la policía), estén muy dispuestos a colaborar con la justicia para llevar a los tribunales a los jerarcas nazis huidos e inculpar a todos aquellos que de manera más o menos directa tuvieron que ver con el genocidio de seis millones de seres humanos.
Muchos de los afines al régimen cambiaron el uniforme por el traje y pasaron a ocupar puestos directivos en empresas por todos conocidas.
La película plasma el empeño titánico de Bauer por capturar a Eichmann ya sea por unos medios o por otros, colaborando con los israelitas. Cuando finalmente los israelitas capturen a Eichmann, éste no será extraditado a Alemania que es lo que quería Bauer, a fin de que los alemanes tuvieron que arrostrar así su pasado genocida.

Hay otra trama paralela que tiene que ver con la manera en la que el estado censura las relaciones homosexuales, penadas con varios meses de cárcel, lo cual le acarreará problemas al joven fiscal de Bauer que le tienden una trampa, en la que cae, salvando no obstante su honor, pues tiene en Bauer a un buen maestro, el cual demuestra una y otra vez que sabe sobreponerse a la adversidad, no dar su brazo a torcer, convertido en un coloso de la justicia.

Esta película se puede complementar con la lectura de El comienzo de la primavera de Patricio Pron, que también propone preguntas similares y con el visionado de El hijo de Saúl a fin de ver en toda su crudeza y brutalidad el plan de exterminio nazi, aniquilando seres humanos, de forma industrial y sistemática.

La Strada (Federico Fellini)


La capacidad que tiene el cine para removernos es manifiesta al ver esta película de Federico Fellini rodada en 1954.

En la depauperada Italia de la posguerra, una joven, Gelsomina es vendida por su madre a un artista circense, el forzudo Zampanó, capaz de romper una cadena en su pecho con la fuerza de sus pectorales y sus pulmones. Ella es inocente, ingenua, cándida, sensible y pazguata, en apariencia. Él es un truhán, violento, alcohólico, mujeriego, tosco, insensible y correoso. La relación entre estos dos giróvagos parece imposible, pero algo hay en Gelsomina que la obliga a seguir a su lado, a pesar de que se le presentan distintas ocasiones (un circo, un convento) en las que podría dejar a Zampanó y seguir su propio camino. No, Gelsamina no quiere volver a casa, quiere seguir con Zampanó y le basta con muy poca cosa, algo tan simple como que Zampanó muestre hacia ella la menor señal de afecto o de cariño. ¿Es posible la redención?.

La imagen final con Zampanó en la orilla del mar, mirando el cielo y desgarrándose por dentro, llorando en el mar muerto de ser, náufrago de sí mismo es uno de esos finales que sé que jamás olvidaré mientras mantenga la memoria. Hoy hay muchas películas que falsean la verdad, que se construyen sobre el postureo, con personajes de cartón piedra. Aquí, tanto a Gelsamina como a Zampanó te los crees hasta las trancas y te crees la violencia de Zampanó, sus ataques de ira, la furia ciega que le embarga al embriagarse, tanto como la candidez de ese animal herido que es Gelsamina, y su mirada limpia, la de aquella que no entiende el mundo que la cerca y golpea, mofándose siempre de ella, arrojándola a esa realidad enajenada que es la locura.

Inmensa película, inmenso Fellini y grandísimo Anthony Quinn y Giuletta Masina.

Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh)


Título original: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri
Año: 2017
Duración: 112 min.
País: Reino Unido
Dirección: Martin McDonagh
Guion: Martin McDonagh
Música: Carter Burwell
Fotografía: Ben Davis
Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, Peter Dinklage, John Hawkes, Abbie Cornish, Brendan Sexton III, Samara Weaving, Kerry Condon, Nick Searcy, Lawrence Turner, Amanda Warren, Michael Aaron Milligan, William J. Harrison, Sandy Martin, Christopher Berry, Zeljko Ivanek, Alejandro Barrios, Jason Redford, Darrell Britt-Gibson, Selah Atwood.

Martin McDonagh director y guionista, del cual ya había disfrutado mucho con su Escondidos en Brujas, presenta una realidad enferma y demoledora. Me sorprende gratamente que con una premisa en apariencia tan simple haya conseguido tan buenos resultados. Lo original no es tanto el tratamiento de la mucha violencia que hay sino el contexto en la que la misma se inserta y despliega sus armas.

Los humanos parecen aquí animales acosados y heridos. La película se sustancia sobre la gran interpretación de Frances McDormand en la piel de Mildred, una mujer que sufre por la pérdida de su hija asesinada, la cual ve que transcurridos más de seis meses no han cogido todavía al asesino y no hay nada que haga pensar que se vaya a resolver el caso. Esto le lleva a echar mano de tres vallas gigantescas próximas a su casa, en desuso desde hace años, que empleará para manifestar en ellas, con palabras muy oportunas todo su resquemor e impotencia. Algo tan justo y sincero le acarrea muchos problemas porque el responsable de la investigación sufre un cáncer de páncreas, y el pueblo, en su cerrilismo cree que las vallas publicitarias en las que aparece su nombre como responsable de la infructuosa investigación y su enfermedad terminal y posterior muerte estuvieran relacionadas con las vallas de Mildred.

La dureza de muchas situaciones (patadas en plena jeta, cuerpos en llamas, ataques de ira…) se ve suavizada en parte merced a un humor soterrado que a veces se alza y golpea como un mazo. Creo que lo que mejor transmite la película es la sensación de impotencia y frustración que sufre Mildred, la cual en vez de quedarse de brazos cruzados o llorando en un rincón, adopta una posición muy activa, levantisca y guerrera, que la lleva a no achantarse ante la autoridad, a plantarla cara y a prenderle fuego si tiene ocasión.

Es consciente Mildred de que nada de lo que haga le devolverá a su hija, pero sabe también que no debe rendirse, que debe luchar, alimentando su sed de venganza, y a pesar de todo, el final, ese “ya lo vamos viendo por el camino”, junto a un compañero de viaje que valida aquello que cantan los Suaves –las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti– deja abierta creo una esperanza, algo parecido a una reconciliación, no ya con el mundo, sino consigo misma, como si Mildred se dijera: he hecho mil burradas, la furia ha tomado posesión de mí, pero a pesar de todo he hecho lo correcto y toca ahora ya mirar hacia adelante, ventilar el interior, levantar el veto del duelo y dejar los postigos del alma abiertas.

Algo que tampoco hemos de dejar pasar por el alto, es el poder de las palabras, en este caso escritas. Así la misiva que el policía muerto deja a Mildred logrará algo que parecía imposible, como es arrancarle una sonrisa. Y algo incluso más importante viene cuando en otra carta dirigida a su compañero de cuerpo, éste sufre al leerla algo parecido a una redención (acompañado de cierto chamuscamiento), pues en el papel encuentra su verdadero yo, aquel que permanecía atontado por el alcohol y la vileza. Palabras que le permiten salir del laberinto en busca de otro, él mismo, mejorado.

Verónica (Paco Plaza)

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Título original Verónica
Año 2017
Duración 105 min.
País España
Dirección Paco Plaza
Guion Paco Plaza, Fernando Navarro
Música Chucky Namanera
Fotografía Pablo Rosso
Reparto Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Sonia Almarcha, Maru Valdivielso, Leticia Dolera, Ángela Fabián, Carla Campra, Samuel Romero.

El gran acierto, a mi entender, de esta película es que además de crear una atmósfera muy desasosegante manejando mimbres bien manidos, a saber, todo lo que tiene que ver con las posesiones demoniacas, es que va más allá de los lugares comunes para mostrarnos un escenario aún más terrorífico, la situación que vive Verónica, un joven vallecana de 16 años, la cual un día durante un eclipse, aprovecha para en compañía de dos compañeras de clase hacer una ouija, con nefastas consecuencias, pues a resultas de tan inicuo juego, el demonio viene de allá donde quiere que more para entrar a formar parte desde ese momento de Verónica, atormentándola en su día a día, sin que esta sea capaz de hacer a nadie partícipe de su pesar -más allá de las recomendaciones que la hará una monja ciega que le dice que acabe lo que ha empezado-, y no es porque no esté acompañada, sino que en su travesía le acompañan sus tres hermanos, para quienes Verónica hace de madre y de padre, ya que su madre regenta un bar, y la mujer curra todas las horas del mundo para adentrarse en la noche aterrizando sobre el colchón, baldada y con antifaz incluido.

Tú que sabes lo que fueron los ochenta, te mereces todo lo que te pase, cantan los León Benavente. Cierto. Aquí los ochenta están presentes en las canciones de los Héroes del Silencio, en juegos como El imperio cobra, o en esos teléfonos caseros a los que había que recurrir para hablar con los amigos del cole, cuando íbamos a EGB, pues no existían los móviles, ni internet, así que nos dejábamos nuestras perrillas comprando revistas en los kioskos, los mismos que ahora van cerrando en cascada por toda la geografía nacional.

Según nos dicen, solo en un atestado policial se ha hablado de efectos paranormales y fue con este caso real que Paco lleva a la pantalla grande y creo que en gran medida mucho el buen resultado de la película tiene que ver con la gran interpretación de la joven Sandra Escacena. Paco recupera también a una actriz que se prodiga poco: Ana Torrent.

The Treatmen (Hans Herbots)


Título original De behandeling
Año 2014
Duración 125 min.
País Bélgica
Dirección Hans Herbots
Guion Carl Joos (Novela: Mo Hayder)
Música Kieran Klaassen, Melcher Meirmans, Chrisnanne Wiegel
Fotografía Frank Van Den Eeden
Reparto Geert Van Rampelberg, Ina Geerts, Johan van Assche, Laura Verlinden, Ingrid De Vos, Brit Van Hoof, Dominique Van Malder, Tibo Vandenborre, Michael Vergauwen

A estas alturas de la película somos todos conscientes de que cuesta mucho, o es casi pedir un imposible, resultar original, máxime un género como el thriller. Aquí son inevitables los ecos de otras películas con asesinos en serie como Seven, Zodiac o bien recordar Mystic River si hablamos de niños desaparecidos y pedofilia.

El caso es que esta película belga a pesar de manejar mimbres que están muy sobados, alumbra una propuesta fílmica sorprendente. No diré original, pero sí que consigue Hans Herbots, su director, desasosegar en gran medida, gracias a una trama bastante rebuscada, que abunda en lo sórdido y lo macabro, sin que se abuse de lo explícito. Esa es su gran baza, dado que el espectador debe dejar volar su imaginación y reconstruir (con un nudo en la garganta) el final de muchas escenas. El ritmo durante más de dos horas es endiablado, es una cuenta atrás donde cada minuto cuenta, y donde la vida pende de un hilo, así que seguimos los desplazamientos y la investigación del inspector con el alma en vilo. El actor Geert Van Rampelberg se mete tan de lleno en el papel que el resultado se nota, porque parece que le va la vida en ello. El policía tiene un hermano que desapareció cuando eran niños y cuyo paradero desconoce, así como si éste sigue vivo o no después de tantos años.
El final abierto -la mano golpeando el cristal, en el último estertor, como la último coletazo del pez fuera del agua- va en consonancia con todo lo anterior.

Una película muy recomendable. Ha sido un feliz hallazgo que confirma que el cine belga- -a pesar de lo funerario de la propuesta- está muy vivo.

Mi amor (Maïwenn Le Besco)

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Título original Mon roi
Año 2015
Duración 130 min.
País Francia
Dirección Maïwenn Le Besco
Guion Etienne Comar, Maïwenn Le Besco
Música Stephen Warbeck
Fotografía Claire Mathon
Reparto Emmanuelle Bercot, Vincent Cassel, Louis Garrel, Isild Le Besco, Chrystèle Saint Louis Augustin, Patrick Raynal, Yann Goven, Paul Hamy, Djemel Barek, Slim El Hedli, Lionnel Desruelles, Laetitia Dosch, Félix Bossuet, Giovanni Pucci, Michael Evans, Vincent Nemeth, Milagros Schmoll

Como dos púgiles, la pareja protagonista sube al ring a apalizarse. En un combate hay un fin determinado y sabemos el contexto. Aquí en los ires y venires de esta pareja de tórtolos, que no lo son, apenas sabemos nada de lo que hay detrás de las escenas o numeritos que montan, que los hacen pasar de lo exultante a lo insultante sin apenas transición.

Vemos que ella se prenda de él en una discoteca, donde él oficia de Don Juan nocturno. Ella trata de apartarlo de la noche, de sus amistades, de sus exnovias (cordón umbilical difícil de romper dado que una de estas exnovias, a la sazón de modelo de pasarela y porta de Vogue, se quiere suicidar y a un tris está de lograrlo, lo que exige la presencia de él). En resumen, trata de cambiarlo.

La película arranca con ella bajando una pista de sky, dándose un tortazo y destrozándose la rodilla. Luego se va mezclando el tiempo presente de la recuperación en un centro especializado (tiempo presente que dura mucho para lo poco significativo que resulta), con lo que sucedió antes del accidente.

El gran problema de la película es que tras el ruido y la furia no hay nada ni nadie. Ella grita, se desespera, se deprime se angustia, lo cual no cambia tras el embarazo y llegada de su hijo. Y no sabemos por qué. Él, descubrimos que ademas de un Don Juan toma drogas. ¿Y?. Nada de esto tiene relación directa con la relación que esta pareja tiene entre manos, donde todo resulta forzado e impostado. Para ellos relacionarse es más una cosa de mostrar lo que se quieren (como la celebración en el restaurante del cumpleaños del hijo), así que cada vez que están juntos las explosiones de júbilo están garantizadas, siempre con la participación de alguien que oficie de espectador. Luego, en casa, ven que no se aguantan, que no se soportan, pero curiosamente más él que ella trata de tirar para adelante, de mantener lo que tienen, de no separarse, de no divorciarse, aunque si de esto va el asunto me quedo con Días de vino y rosas. Allá más allá del trasiego etílico había una historia verdaderamente desgarradora y creíble. Aquí no. Aquí sólo hay postureo, agitar de brazos, exabruptos, mucha superficie y muy poca raíz. El resultado por tanto me ha parecido nefasto.