Archivos de abril, 2018

El hilo invisible (Paul Thomas Anderson)


Título original Phantom Thread
Año 2017
Duración 130 min.
País Estados Unidos
Dirección Paul Thomas Anderson
Guion Paul Thomas Anderson
Música Jonny Greenwood
Fotografía Paul Thomas Anderson
Reparto Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram

Es evidente que Daniel Day-Lewis borda su papel, en la piel de Reynolds, un modisto envanecido, que ha construido una fortaleza a su alrededor para que nada le afecte, para que nada lo perturbe. El caso es que se cruza en su camino una joven, Alma, de la que se encapricha. Otra más. Entre los dos surge una relación enfermiza, sórdida, donde ella no sabe bien qué hace en ese lugar, al lado de un hombre tan repulsivo, tan insensible, que antepone su profesión a todo lo demás. Me parece una película de combustión lenta, muy estilizada, magnífica en sus aspectos técnicos, qué decir de su fotografía, de su vestuario, pero lo mejor sin duda es el actor Daniel Day-Lewis que lo borda, aunque a ratos creo que sobreactúa, aunque esa parece ser la intención, pues no es fácil domeñar ese mar embravecido que bate dentro, el control de ese otro que quiere salir, manifestarse, y que solo ve su oportunidad cuando Reynolds enferma, cuando su naturaleza se resiente, cuando cree morir, y entonces baja la guarda y se humaniza, muda sensible, requiere la presencia de su Alma, y la encuentra. Como espectador la pregunta es en qué medida esa tragedia traspasa la epidermis del espectador y nos toca la fibra o si solo cunde la indiferencia. Me he quedado a medio camino.

Out of nature (Ole Giæver)

El noruego Ole Giæver protagoniza, guioniza y dirige esta película.
Martín es un joven casado, con un hijo de unos 4 años que supera la treintena y es un mar de dudas. Le tira el monte y decide escapar un fin de semana a las montañas que circundan el pequeño pueblo noruego dónde vive. Ir al monte no le hace dejar en suspenso todas sus dudas, sino todo lo contrario, las acrecienta. La soledad, ese estar consigo mismo, sin interferencias de ningún tipo, le llevará a repensar la situación con su pareja, su rol de padre, la relación que ha tenido con su progenitor (y esos genes que mucho tienen que ver con su forma de ser), se plantea una separación, un regreso a la juventud, recuperar esa sensación que transmite la canción “forever young” (y esos años en los que los fines de semana consistía en salir, trasnochar, beber mucho, enrollarse con chicas, levantarse tarde al día siguiente, sin ninguna preocupación, sin ninguna atadura, sin ninguna responsabilidad) pues a Martin se le hace muy cuesta arriba la vida que lleva y fantasea con romper con todo, con ser otro, con darse otra existencia y se le presentará la oportunidad, que quizás suponga un punto de inflexión en la crisis que atraviesa, crisis por otra parte necesaria para aclararse, si bien el final no impide dejar la puerta abierta a otras fugas, de fin de semana o definitiva, algo así como sucedía en la película El perdido, donde la soledad sí era extrema.

The Square (Ruben Östlund)

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Título original The Square
Año 2017
Duración 142 min.
País Suecia
Dirección Ruben Östlund
Guion Ruben Östlund
Fotografía Fredrik Wenzel
Reparto Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Daniel Hallberg, Martin Sööder, Linda Anborg, Emelie Beckius, Peter Diaz, Sarah Giercksky, Jan Lindwall

Hace muy poco hablábamos aquí de Fuerza mayor, la anterior película de Ruben Östlund. Como en aquella, ahora en The Square lo que vemos no nos dejará indiferentes. Östlund es un transgresor que emplea sus películas para meter el dedo en la llaga, para formularse preguntas, muchas de las cuales quedan ahí flotando, sin darles respuesta. Un hecho trivial como un robo, puede acarrear consecuencias indeseadas. Así le sucede al director de un museo, que tras sufrir una situación violenta en la que cree haber actuado correctamente en el auxilio de una mujer que se ve perseguida por un hombre, comprueba que le han birlado la cartera y el móvil. En vez de avisar a la policía, que sería lo normal, trata de resolver el asunto a su manera, y como quiera que puede conocer la posición de su móvil merced a la tecnología GPS, decide dejar un mensaje amenazante en los casilleros de los pisos del inmueble en donde tiene constancia que viven los autores del hurto.
Como telón de fondo lo que asoma una y otra vez es el egoísmo, la insolidaridad, el no mover un dedo por los demás, embebidos todos ellos en las pantallas del móvil, donde les interesa mucho ver vídeos en internet con lo que sucede por ahí fuera, pero despachando a manotazos a los que en plena calle, piden ayuda para salvar una vida. Otro tanto sucede con las relaciones de pareja, poco más que episódicas, que dan mucho juego, a cuanta de qué hacer con el semen de un condón que da para toda clase de suspicacias.
Queda también un recadito para el arte moderno, que nunca sabremos muy bien lo que es, aquí con performances que consisten en sacos de ceniza o algo parecido que un operario destruye sin querer al limpiar la sala en la que se acoge la obra.
Impactante resulta la escena de ese hombre mono que va subiendo el tono, la voz, para acabar forzando a una chica, mientras el público atemorizado y con las cabezas gachas dejan hacer, anestesiados en su indiferencia, hasta que aquello estalla y la masa anónima es entonces capaz de golpear todos a uno, hasta sus últimas consecuencias, sea a un hombremono a un extranjero o a cualquier otra que difiera de esa masa rubia, pulcra y satisfecha.
Otro de los temas tratados es el uso de la publicidad, de la polémica y la provocación, aquí con una campaña publicitaria con la cual dar a conocer una obra del museo “The square”, y un vídeo donde una niña rubia volará en cachitos por los aire, y dónde fijar los límites de la libertad de la expresión, cuando censurar o autocensurarse, etc.
Las imágenes espejo de Östlund, y este creo que es su gran mérito, tienen mucha fuerza, son de esas que dejan en la retina tras su visionado y durante un tiempo una sensación de escozor, de asombro, de ira asordinada.
Como decía al principio no creo que Östlund ofrezca respuestas, le vale con formular preguntas muy interesantes, con mostrar cómo es ese primer mundo nórdico, tan desarrollado como hueco, como ya pudimos ver, bajo la forma de documental en la impagable La teoría sueca del amor.

Un día perfecto (Fernando León de Aranoa)

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Título original A Perfect Day
Año 2015
Duración 106 min.
País España
Dirección Fernando León de Aranoa
Guión Fernando León de Aranoa, Diego Farias (Novela: Paula Farias)
Música Arnau Bataller
Fotografía Alex Catalán
Reparto Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Meldar Residovic, Sergi López

Fernando León de Aranoa mezcla en un ambiente bélico -la guerra de los balcanes ya en sus postrimerías- ante un inminente alto el fuego a cooperantes y población civil. Los cooperantes parecen estar de vuelta de todo, interpretados por Tim Robbins y Benicio del Toro como dos zumbados que me recuerdan las películas ambientadas en Vietnam donde los veteranos tienen el culo pelado y ven a los novatos con ojos gastados y desencantados.

El novato aquí es una joven que quiere cambiar el mundo y otra “entendida” (la guapísima Olga Kurylenko cuya entrada en escena supone un punto de inflexión, porque creo que a partir de ese momento la historia comienza a hacer aguas) que viene a establecer si hay que seguir destinando dinero o no al programa que los cooperantes llevan a cabo sobre el terreno y que demuestra que quien toma las decisiones no se entera de nada.
La guerra está ahí y las heridas siguen abiertas y frescas y los cooperantes poco pueden hacer ante algunas situaciones que claman al cielo por su injusticia, así que no van más allá de su papel de testigo.

El argumento es mínimo porque se construye sobre una anécdota. Un asesinado ha sido arrojado a un pozo con idea de contaminar sus aguas y los cooperantes tratan de sacarlo sin éxito porque la única cuerda de la que disponen se les rompe y está por ver si conseguirán otro, dado que por un motivo o por otro aquello parece ser misión imposible. Además cuando al final consiguen la cuerda topan con la burocracia, que aquí son los cascos azules, que entre legislaciones de todo tipo no dejan sacar el cuerpo del pozo pues ahora la jurisdicción ha cambiado de manos.

Una de las cualidades de la película, la que la define es que es tanto drama como comedia, hay acción y mensaje, conflicto, tensión sexual no resuelta, la mirada adulta desencantada, y la mirada infantil (a pesar del balón demasiado madura).

Hay muchas cosas pero todas juntas dan lugar a un película donde todos sus elementos no acaban de cuajar, que se desliga en su abigarramiento, que se queda muy en la superficie. Al contrario que en las películas de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, falta esa verdad desgarradora, pues aquí veo impostura y eso en un cine de estas características resulta nefasto.

The salvation (Kristian Levring)

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Título original The Salvation
Añ0 2014
Duración 92 min.
País Dinamarca
Dirección Kristian Levring
Guion Anders Thomas Jensen, Kristian Levring
Música Kasper Winding
Fotografía Jens Schlosser
Reparto Mads Mikkelsen, Eva Green, Jeffrey Dean Morgan, Michael Raymond-James, Sivan Raphaely,Douglas Henshall, Mikael Persbrandt, Jonathan Pryce, Eric Cantona, Alexander Arnold, Nanna Øland Fabricius, Toke Lars Bjarke

Lo curioso de esta película de Kristian Levring es que si de por sí el western que vemos en pantalla muestra a menudo hombres americanos rudos, secos, silenciosos, en The salvation la novedad estriba en que el protagonista es Jon Jensen, un sueco que emigrara junto a su hermano Peter al lejano oeste y espera un par de años después, muy ilusionado, la llegada de su mujer y de su hijo pequeño. Podemos pensar en un western familiar y pastoril, con nubes en forma de pan de azúcar. Pues no.

Una vez juntos en la estación cogen una caravana para ir a su hogar y por el camino la mujer y el niño son asesinados por una pareja de psicópatas, que pagarán por lo que han hecho, pues Jon logra borrarlos de la faz de la tierra. Los muertos eran hermanos de Delarue, un exmilitar convertido en jefe de una banda -con los pozos petrolíferos y la codicia humana como telón de fondo y engrasando voluntades-, al que todo el mundo teme, menos Jon, que sin mujer, hijo y hermano, que también morirá, ve en la venganza su único motivo para vivir, quiere morir matando.

La película es eso, ver cómo Peter consuma su venganza, va eliminando con mucho arte a todo el clan de Delarue y junta su destino al de Madelaine, la cual también ha sufrido lo suyo. Resulta lo que se va bastante previsible, aunque las escenas de acción están muy bien rodadas, y ese toque seco y hosco del western, se ve acrecentado al ser el protagonista un sueco que parece un monolito o un bloque de hielo, interpretado -es un decir porque le basta y sobre con poner cara de palo todo el tiempo- por el actor Mads Mikkelsen