Archivos de mayo, 2018

Sin amor (Andrey Zvyagintsev)


Título original: Nelyubovaka
Año: 2017
Duración: 128 min.
País: Rusia
Dirección: Andrey Zvyagintsev
Guion: Andrey Zvyagintsev, Oleg Negin
Música: Evgueni Galperine
Fotografía: Mikhail Krichman
Reparto: Maryana Spivak, Aleksey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, Andris Keishs, Alexey Fateev
Productora: arte France Cinéma / Why Not Pro

En el caso de una separación los que pagan el pato siempre son los hijos. Lo sabemos y Andrey Zvyagintsev, director de esta película, nos lo hace ver sin tapujo alguno. Aquí tenemos a una pareja se está separando, ambos ya conviven con otras parejas, y tienen un hijo en común que es un problema para ambos, pues no saben qué hacer con él. El padre trabaja y dice que no se puede hacer cargo de su vástago. La madre tampoco lo quiere. Una noche discuten voz en grito. El hijo detrás de la puerta llorando constata que sus padres no lo quieren, más bien lo odian, odian su presencia, odian haberlo traído al mundo, quieren llevarlo a un internado. El niño coge las de Villadiego, aquí ubicadas en una ciudad rusa y se da el piro. Dos días después su madre descubre que su hijo no está en su cuarto y con la ayuda de la policía y de unos unos voluntariosos voluntarios se afanan en su búsqueda. La película deja fuera la cháchara, ese blablabla que atiborra nuestro cine y se muestra hermética en cuanto a lo que sienten los padres del menor desaparecido. El niño ha desaparecido por su culpa, por su falta de amor, y a pesar de que lloran y a ratos se desesperan, están más empeñados en tirarse los trastos a la cabeza (ella se casó con él para escapar con su madre, él se juntó con ella para tener una familia) que en pensar lo que han hecho, pues por otra parte, visto el desprecio que sienten por su hijo su desaparición les deja expedito el camino para reiniciar su vida de nuevo, sin lastre filial alguno.
Los paisajes son un personaje más. A pesar de rodarse en exteriores, estos son fríos, acerados, grises, inhóspitos, tanto como los interiores de las casas, que parecen exentos de vida. La película sin hacer concesiones de ninguna clase es una bajada a los infiernos, estancia mal ventilada, donde el ser humano es un monstruo.

Muchos hijos, un mono y un castillo (Gustavo Salmerón)

Título original: Muchos hijos, un mono y un castillo
Año: 2017
Duración: 90 min.
País: España
Dirección: Gustavo Salmerón
Guion: Gustavo Salmerón, Raúl de Torres, Beatriz Montáñez
Música: Nacho Mastretta
Fotografía: Gustavo Salmerón
Reparto: Julia Salmerón, Gustavo Salmerón
Productora: Sueños Despiertos
Género: Documental

Vendrá la muerte y yo tendré una aguja de punto, para cerciorarme de que la he palmado. Lo primero que he decir es que estoy perplejo ante lo que acabo de ver. Gustavo Salmerón al que recuerdo de sus comienzos cuando presentaba el That´s English, reconstruye la vida de su madre y por ende de su familia, él incluido. Su madre, Julia, conocida como Julita Salmerón es todo un personaje, siempre hilarante, rocambolesco, inasible.

El título del documental cifra los tres deseos que tenía Julita de joven. Los tres deseos los cumplió. Hijos tuvo unos cuantos, y los vemos pulular por la pantalla. El mono también lo tuvo, aunque le salió rana y en cuanto al castillo, una herencia le permitió cumplir ese sueño que devino pesadilla cuando la familia tuvo que desprenderse del mismo y casi uno prefiere no tener nada para no tener tanto cachivache del que tener que desprenderse. Las escenas que más me impactan son las que Julita aparece en la cama, esperando la muerte, tomándosela a cachondeo, mirándola de frente, sin dejar de comer como le reprochan sus hijos, que ven en su actitud un desafío constante a la muerte. A través de imágenes antiguas, y distintas conversaciones nos enteramos de la vida de Julita y de su marido, con el que mantienen también unas conversaciones descacharrantes. Hay por ahí unos huesos, unas vértebras, de una abuela guardadas en una caja que son como encontrar una aguja en un pajar pues la casa de Julita es toda ella un trastero, atiborrado de objetos y de recuerdos.

Entre bromas y veras Salmerón logra certeramente abordar la vida y la muerte, la memoria y el olvido, la senectud, el tedio, el sentido o sinsentido de atiborrarse de bienes materiales, la familia como abrigo, como amparo, como sostén. Tiene muchas capas la película, y por encima de todo se enseñorea la simpar Julita, la cual a los ochenta llega a la conclusión de que ahora que la muerte está ahí fuera, cada vez más cerca, solo quiere divertirse. Está bien, que empiece la fiesta pues.