Archivos de junio, 2018

Call me by your name (Luca Guadagnino)

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Título original: Call Me by Your Name
Año: 2017
Duración: 130 min.
País: Italia
Dirección: Luca Guadagnino
Guion: James Ivory (Novela: André Aciman)
Música: Sufjan Stevens
Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom
Reparto: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel, Victoire Du Bois, Elena Bucci, Marco Sgrosso, André Aciman, Peter Spears

Ante algunas películas parece que el único interés de muchos ante las mismas consiste en despacharlas (o despecharlas) con un “no es tan buena como dicen” o “no es tan mala como me la habían pintado”. Call me by your name entraría, en base a lo anterior, dentro de la primera categoría, pues ha recibido elogios por doquier. El espíritu crítico creo que debe ir más allá de un me gusta, o de un no está mal y rascar la superficie de lo que vemos para ver qué hay detrás de la membrana. Y lo que hay detrás es nada menos que una vida que fluye y que se derrama, que se exterioriza y materializa en el amor, en el deseo, en ese escozor que sentimos cuando nos falta la persona amada a nuestra vera. La historia de amor acontece en la Italia de los años 80 del pasado siglo, en el Norte, en un pueblito próximo a Milán donde una familia acomodada acude, como cada año, a pasar el verano. Un matrimonio acompañado por su hijo adolescente, un tipo enamorado de la música y de la literatura, que se queda prendado de un profesor, amigo de su padre, que pasará allá unas semanas con ellos.
Todo lo que se diga aquí queda en pañales ante lo que las imágenes de Guadagnino son capaces de ofrecer, sirviéndose de dos grandes actores (brillantes Timothée Chalamet, Armie Hammer), que escenifican a la perfección qué es esto de enamorarse, de desbocarse, de liarse la manta a la cabeza y dejarse llevar por el corazón, ante esta aventura que desgraciadamente tiene fecha de caducidad. El marco no puede ser más delicado, más luminoso: la bella casa donde viven, su luz de miel, el río próximo, la fuente en la que se bañan, los paseos en bicicleta, los escarceos sexuales en el altillo, que los conduce directamente al séptimo cielo.
Todo narrado con suma delicadeza, con una sensibilidad apabullante, que convierten el amor entre este adolescente de 17 años y su profesor algo mayor, en algo tan hermoso, tan bello, tan digno, tan desgarrador, tan intenso, tan vivificante, tan humano, como esa conversación memorable que mantienen el comprensivo padre y su hijo en el sofá, mientras el vástago se lame las heridas de la despedida. “No sentir nada por miedo a sentir algo es un desperdicio“, le dice el padre al hijo. Momentos como ese y otros muchos hacen de esta película una obra de arte que os animo a visualizar las veces que os plazca. No pierdan muchos días en verla.

Il nome del figlio (Francesca Archibugi)

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Título original Il nome del figlio
Director Francesca Archibugi
Guión Francesca Archibugi, Francesco Piccolo (Obra: Matthieu Delaporte, Alexandre de La Patellière)
Fotografía Fabio Cianchetti
Reparto Micaela Ramazzotti, Valeria Golino, Alessandro Gassman, Luigi Lo Cascio, Rocco Papaleo
País Italia
Productora Indiana Production Company / Lucky Red / Motorino Amaranto
Género Comedia
Duración 94 min.

Esta película italiana de 2015, Il nome del figlio,es la versión italiana de la producción francesa Le prenom (2012) que no he visto, por lo que no puedo decir si el remake mejora o empeora el original.

La película es una pieza de cámara donde una reunión de viejos amigos da pie para que estos se tiren los trastos a la cabeza. La historia presente, la velada, se alterna con flashbacks donde vemos a estos adultos cuando eran adolescentes y la vida era ligera y nada grave.

La idea del film es tocar muchos palos sin abordar ninguno en profundidad. Así cada personaje atiende a un arquetipo y si lo llevamos al terreno político tendríamos a uno de izquierdas a otro de centro y a otro de derechas. Se aborda la crisis en la pareja, donde la infidelidad podría ser una salida. Las nuevas tecnologías, redes sociales como twitter también están presentes, pues uno de ellos profesor de literatura no para de tuitear y de estar maquinando tuits mentales todo el tiempo, aislándose así de todo cuanto le rodea. Otro, a sus cincuenta tacos va a ser padre y esperan a su mujer embarazada a que acuda a la cena. La embarazada se ha convertido en una escritora de éxito y se ve censurada y reprobada por el tuiteador que escribe como Dios (según parece) pero no vende un ejemplar. El otro que nos queda es tan hermético que incluso su orientación sexual es pasto de los cotilleos y esto quedará desvelado con un notición, que caerá como una bomba entre sus amigos.

En fin, que hay líos de faldas, devaneos políticos, mucha falsa hipocresía, mucho criticar a los otros pero ninguna autocrítica y todo esto es lo que maneja la directora Francesca Archibugi, contando con actores bien conocidos en esta blog como Alessandro Gassman, Luigui Lo Cascio (al que llevábamos mucho tiempo sin ver actuar. Por aquí hablamos de Mare negro y cómo no de su ya inmortal La mejor juventud) o Micaela Ramazzotti de la que ya comentamos en su día La prima cosa bella
http://www.cuak.com/critica/la-prima-cosa-bella-paolo-virzi-2009/ o La pazza gioia, para ofrecernos una comedia, que en todo caso sería amarga, pues una broma pesada a cuenta del nombre que llevará el bebé abre la caja de Pandora.
Hay que ver cómo les gusta a los italianos el psicoanálisis el enjuiciar lo que los demás hacen y dicen y no dicen y no hacen, para al final resolver la situación de cualquier manera, pues el resultado a fin de cuentas importa menos que mostrar lo contradictoria, falsa y nauseabunda que es la naturaleza humana.

45 años (Andrew Haigh)


Título original 45 Years
Año 2015
Duración 93 min.
País Reino Unido
Dirección Andrew Haigh
Guion Andrew Haigh (Relato: David Constantine)
Fotografía Lol Crawley
Reparto Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley, Sam Alexander, Richard Cunningham, Rufus Wright, Hannah Chalmers, Camille Ucan

45 years de Andrew Haigh demuestra muy a las claras que con un presupuesto mínimo, un actor y una actriz brillantes (Tom Courtenay y Charlotte Rampling) y un guion inteligente se puede pergeñar una pieza de cámara fílmica monumental.

Los 45 años son los que van a celebrar de casados Kate y Geoff y andan inmersos (más ella que él) en los preparativos de la onomástica. Comienza la película con Geoff leyendo una carta que llega de Suiza para enterarle de que han encontrado el cuerpo de una mujer, que resulta ser una novia que Geoff tuvo y que desapareció mientras pasaban unos días en la montaña. Ese hecho, a pesar de que Geoff y kate lleven 45 años casados, aparentemente felices y llevan una vida apacible y tranquila en Norfolk (en la costa oeste inglesa) junto a su perro, removerá sus vidas con inesperadas consecuencias.
A partir de ese momento, involuntariamente, Geoff verá pasar su pasado ante sus ojos, recuperando el hilo de su antiguo amor (a través de cartas, fotos, flores guardadas en cuadernos…) y pondrá sobre la mesa (que siempre es un tapete de juego) un asunto crucial, que no desvelo, el cual creo que tiene mucho que ver con esa precariedad sobre la que se cimenta toda relación de pareja por muy estable que nos parezca, pues Kate a pesar de ser una mujer comprensiva no quiere oir el nombre de “la otra” en boca de su marido, pues la entiende, aunque lleve más de 45 años criando malvas (en este caso en un sepulcro de hielo), como una rival, pues de no haberse muerto entonces, ahora ella no estaría con Geoff, el cual, según le confiesa se hubiera casado con ella de no haber mediado su desaparición y muerte.

El ritmo de la película es lento, acorde con dos personas ya sin obligaciones apurando su jubilación, (él con rodillas artrósicas), pero este ritmo es el obligado pues es necesario ir rumiando y decantando la nueva situación, asumiéndola o intentándolo, pues hay ciertas cosas que nuncan llegan a digerirse y como nos dijo Faulkner, el pasado nunca acaba de pasar y es lo que aquí sucede, que los celos golpean con fuerza, y el equilibrio (siempre imposible) vuela por los aires.

La intensidad de la película se afianza gracias a dos muy buenos actores, en un juego de miradas (para muestra la imagen final con el rostro de Rampling mudando de la alegría al llanto, a la desolación, al desamparo: sencillamente conmovedora), silencios y sobreentendidos sobre los que gravita toda relación de pareja, donde lo que no se dice es tan importante como lo que se profiere, y donde aquel, hasta entonces, amado, pasa a ser un desconocido, un extraño, un compañero de viaje, quien sabe, si incluso ahora, indeseado, cuando el suelo que se pisa son ahora las arenas movedizas de la desconfianza.