Archivos del 4 de junio de 2018

45 años (Andrew Haigh)


Título original 45 Years
Año 2015
Duración 93 min.
País Reino Unido
Dirección Andrew Haigh
Guion Andrew Haigh (Relato: David Constantine)
Fotografía Lol Crawley
Reparto Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley, Sam Alexander, Richard Cunningham, Rufus Wright, Hannah Chalmers, Camille Ucan

45 years de Andrew Haigh demuestra muy a las claras que con un presupuesto mínimo, un actor y una actriz brillantes (Tom Courtenay y Charlotte Rampling) y un guion inteligente se puede pergeñar una pieza de cámara fílmica monumental.

Los 45 años son los que van a celebrar de casados Kate y Geoff y andan inmersos (más ella que él) en los preparativos de la onomástica. Comienza la película con Geoff leyendo una carta que llega de Suiza para enterarle de que han encontrado el cuerpo de una mujer, que resulta ser una novia que Geoff tuvo y que desapareció mientras pasaban unos días en la montaña. Ese hecho, a pesar de que Geoff y kate lleven 45 años casados, aparentemente felices y llevan una vida apacible y tranquila en Norfolk (en la costa oeste inglesa) junto a su perro, removerá sus vidas con inesperadas consecuencias.
A partir de ese momento, involuntariamente, Geoff verá pasar su pasado ante sus ojos, recuperando el hilo de su antiguo amor (a través de cartas, fotos, flores guardadas en cuadernos…) y pondrá sobre la mesa (que siempre es un tapete de juego) un asunto crucial, que no desvelo, el cual creo que tiene mucho que ver con esa precariedad sobre la que se cimenta toda relación de pareja por muy estable que nos parezca, pues Kate a pesar de ser una mujer comprensiva no quiere oir el nombre de “la otra” en boca de su marido, pues la entiende, aunque lleve más de 45 años criando malvas (en este caso en un sepulcro de hielo), como una rival, pues de no haberse muerto entonces, ahora ella no estaría con Geoff, el cual, según le confiesa se hubiera casado con ella de no haber mediado su desaparición y muerte.

El ritmo de la película es lento, acorde con dos personas ya sin obligaciones apurando su jubilación, (él con rodillas artrósicas), pero este ritmo es el obligado pues es necesario ir rumiando y decantando la nueva situación, asumiéndola o intentándolo, pues hay ciertas cosas que nuncan llegan a digerirse y como nos dijo Faulkner, el pasado nunca acaba de pasar y es lo que aquí sucede, que los celos golpean con fuerza, y el equilibrio (siempre imposible) vuela por los aires.

La intensidad de la película se afianza gracias a dos muy buenos actores, en un juego de miradas (para muestra la imagen final con el rostro de Rampling mudando de la alegría al llanto, a la desolación, al desamparo: sencillamente conmovedora), silencios y sobreentendidos sobre los que gravita toda relación de pareja, donde lo que no se dice es tan importante como lo que se profiere, y donde aquel, hasta entonces, amado, pasa a ser un desconocido, un extraño, un compañero de viaje, quien sabe, si incluso ahora, indeseado, cuando el suelo que se pisa son ahora las arenas movedizas de la desconfianza.