Archivos de julio, 2018

Holiday (Isabella Eklöf)

www.cuak.com

título internacional:Holiday
título original:Holiday
país:Dinamarca, Países Bajos, Suecia
año:2018
género: ficción
dirección: Isabella Eklöf
guión: Isabella Eklöf, Johanne Algren
reparto:Victoria Carmen Sonne, Lai Yde, Thijs Römer, Yuval Segal, Laura Kjær, Morten Hemmingsen, Adam Ild Rohweder, Ergun Kuyucu, Michiel de Jong, Bo Brønnum
fotografía:Nadim Carlsen
montaje:Olivia Neergaard-Holm
escenografía:Josephine Farsø, Ôzlem Ôzan
vestuario:Sascha Valbjørn
música: Martin Dirkov

Esta notable producción de Isabella Eklöf me recuerda a las películas de Haneke por lo que tienen de desasosegantes e incómodas.
Aquí una joven danesa (muy buena interpretación de Victoria Carmen Sonne), se traslada hasta la Riviera Turca cumpliendo un encargo. Al poco de llegar ya recibe un moquetón tras haber sustraído parte del dinero. La joven se aloja junto a su jefe y amante en una de esas casitas de diseño donde el azul de la piscina se funde en el horizonte con el azul del mar.

En la urbanización vive una panda de daneses, con el mafioso a la cabeza, bebiendo, comiendo, drogándose, sin dar un palo al agua. Por medio se cruzarará un holandés errante que entablará cierta relación con la joven, con fatales consecuencias.

La película ha dado que hablar por una escena en la que el jefe abusa sexualmente de la joven obligándole a hacerle una felación. Después de ser humillada y vejada ella sigue a su lado, como si no hubiera pasado nada.

La relación entre el jefe y la joven resulta incómoda inexplicable, sórdida y deviene un juego infernal, un infierno en el que, por otra parte, todos parecen sentirse cómodos.

La directora logra mantener de principio a fin un clímax de tensión constante, dejando al espectador siempre a la expectativa, ante una violencia latente y palpitante y lo resuelve con un final demoledor, donde podemos pasar sin problema del compadecimiento hacia la joven al aborrecimiento.
Puro arte.

Con esta ya van tres (Blue My Mind y Sarah plays a werewolf) las películas vistas y reseñadas del Atlántida Film Fest.

Blue My Mind (Lisa Brühlmann)

www.cuak.com

Título original: Blue My Mind
Año: 2017
Duración: 97 min.
País: Suiza
Dirección: Lisa Brühlmann
Guion: Lisa Brühlmann
Música: Thomas Kuratli
Fotografía: Gabriel Lobos
Reparto: Luna Wedler, Zoë Pastelle Holthuizen, Nicola Perot, Regula Grauwiller, Georg Scharegg

Comentaba ayer otra película suiza, Sarah plays a Werewolf, ambas programadas en el Atlántida Film Fest, que versa también sobre la adolescencia, encarnada en una joven. Ambas películas tienen elementos comunes, como ese tira y afloja entre la joven y su progenitora, donde media la violencia, la ira y ataques de furia juveniles propios de Aquiles.

Esta producción de Lisa Brühlmann nos traerá ecos inevitablemente de otra película, The Lure, una singular producción polaca con sirenas.

La protagonista, muy bien interpretada por Luna Wedler, llega nueva a un instituto en un barrio de Zurich, donde debe encajar eso de ser la nueva y el centro de atención. A los desvelos y agite propio de la adolescencia, la joven debe lidiar con unos cambios físicos propios de su edad, como la llegada de la regla, que afronta sola, pues no tiene la confianza de comentarlo con su madre, y otro tipo de sentimientos que no sabe racionalizar, que la conducen hacia un camino autodestructivo a lo que contribuye las amigas que se echa, las chicas populares del centro, con las que además de hacer pellas, le enseñan a robar en los centros comerciales, jugar a asfixiarse y estar todo el día a su puta bola, aprovechando cualquier ocasión para manifestar su descaro y su irrespetuosidad hacia todo y hacia todos. En este punto ciertas escenas si que se ciñen mucho al cliché, a aquellas ideas preconcebidas que tenemos de cierta juventud, cuyo tratamiento resulta superficial.

Como en Sarah plays a Werewolf, Lisa Brühlmann, construye una película muy desasosegante y perturbadora, donde los cambios físicos sireniles no dejan de ser un metáfora de esa evolución y desnortamiento que implica la adolescencia, un continuo cambio, donde la joven recela de todo, incluso de su madre, a la que no considera como tal, como si su vida, de hecho es así, estuviera en otra parte, en otro medio.

Sarah plays a werewolf (Katharina Wyss)

www.cuak.com


Título original: Sarah joue un loup garou
Año: 2017
Duración: 86 min.
País: Suiza
Dirección: Katharina Wyss
Guion: Katharina Wyss, Josa David Sesink
Música: Conrad Oleak
Fotografía: Armin Dierolf
Reparto: Loane Balthasar, Michel Voïta, Annina Walt, Sabine Timoteo, Manuela Biedermann

La adolescencia presenta elementos comunes que se aprecian tanto en esta película de Katharyna Wiss como en la última que he visto, Blue muy Mind. Ambas vistas en el Atlántida Film Fest.

Independientemente de la clase social de los jóvenes, de su grupo de amigos, de su lugar de residencia, parece que en esa adolescencia, en ese adolecer, las carencias son muchas, e importa poco que la joven esté inserta en una familia acomodada, en un entorno acogedor, con su padre, su madre, y su hermana pequeña, porque algo borbotea en el interior de la joven protagonista (muy bien interpretada por Loane Balthasar, de 19 años, la cual estuvo dando la vuelta al mundo viajando con su familia durante cuatro años y cuya experiencia han registrado aquí: http://www.sixenroute.com/) que reivindica su derecho a estar sola.

En su proceder violento se enzarza con su madre y al expulsarla a gritos de su cuarto, le pilla los dedos con la puerta. Hay una tensión no resuelta, una turbamulta de sentimientos de amor y odio hacia los progenitores, a lo cual tampoco ayuda los sentimientos que el padre muestra hacia la hija, un sentimiento inflamado de deseo. La joven estudia para actriz, y sobre el escenario se muestra un episodio de violencia en el que la pregunta es si aquello es crítica de algo, si hay que mostrar las cosas para poder hablar y pensar sobre ellas.

La desazón de la joven, su novio imaginario, su furia ciega, su necesidad de estar sola cristaliza en el deseo de suicidarse. La conversación que mantiene con su padre horripila. Si quieres hacerlo, hazlo, pero no lo hagas aquí, no lo hagas en casa, no nos hagas encontrarte así. En una situación similar qué hacer. Parece que obligar a un joven a no hacer algo es una acicate para aumentar las ganas de hacer cualquier casa, suicidarse también, si embargo, sumarse al deseo de la hija adolescente para que lleve a cabo su plan, es perderla.

En el haber la capacidad que tiene la película para inquietar y desasosegar, al tiempo que abre puertas a la reflexión, a la toma de conciencia de un problema, el suicidio en la adolescencia, que se orilla siempre, por lo tanto la cineasta creo que va por el buen camino, en idea de rasgar la membrana de la realidad para ver lo que ésta esconde.

La sal de la tierra (Sebastião Salgado)

www.cuak.com

A Sebastião Salgado (Aymorés, 1944) lo conozco de sus magníficos reportajes fotográficos que he ido viendo durante décadas en el semanal de El País. Sentía curiosidad por conocer mejor a la persona que hay detrás de tan maravillosas fotografías. Curiosidad que viene a saciar el director Wim Wenders. El documental es austero, Sebastião Salgado habla ante la cámara con el fondo negro donde se realza únicamente el rostro con la cabeza afeitada de Salgado, y éste va dando cuenta de su vida, sus estudios de economía, su trabajo para el Banco Mundial, su casamiento, la idea de la pareja de dedicarse a la fotografía, el haciéndolas y ella colocándolas por los distintos medios de difusión, comentando múltiples fotografías.

La pareja tiene un hijo, luego otro, con síndrome de Down, y todos ven ir a venir a Sebastião Salgado que recorre el mundo de cabo a rabo con sus reportajes, que lo tienen largas temporadas fuera de casa. Sebastião Salgado empatiza con lo que ve, se diluye en el paisanaje local y ahí creo que radica la fuerza que tienen sus fotografías, su sinceridad, pues no hay atisbo de impostura.

Sebastião Salgado registra el mundo durante décadas con su cámara y sus fotografías en blanco y negro y entre las escasas opiniones que vierte hay una que lo resume todo, que viene a decir que nuestra especie es la peor, y lo dice alguien con conocimiento de causa, que ha visto y vivido in situ las migraciones, los éxodos, las sequías, los genocidios: manifestaciones de la peor cara de la naturaleza humana. Harto de tanta violencia, barbarie y muerte, con el alma rota, Sebastião Salgado, cambia a los humanos por la Naturaleza y emprende su proyecto Génesis donde Salgado comenta que el 40% del planeta está igual que el día del Génesis.

Al final Sebastião Salgado se entusiasma con la idea de su mujer de convertir los terrenos de la Hacienda de los padres de Salgado en Brasil, que es un secarral, en un selva atlántica y lo consiguen tras plantar dos millones de árboles.

Salgado es consciente creo, de que sus fotos vivirán más o menos, pero una minucia en comparación con esa Hacienda que pasa a convertirse en Parque Natural y cuyos árboles llegarán a su madurez en 400 años. En cierta medida se cifra ahí una esperanza real, al pasar de la posibilidad a la práctica, al constatar que ciertas cosas son reversibles y que si somos capaces de lo peor también podemos serlo de lo mejor.