Archivos de agosto, 2018

Custodia compartida (Xabier Legrand)

www.cuak.com


Año: 2017
Duración: 93 min.
País: Francia
Dirección: Xavier Legrand
Guion: Xavier Legrand
Fotografía: Nathalie Duran
Reparto: Léa Drucker, Denis Menochet, Thomas Gioria, Mathilde Auneveux, Saadia Bentaïeb, Jean-Marie Winling, Martine Vandeville, Florence Janas, Jenny Bellay

Custodia compartida guarda elementos comunes con la soberbia Te doy mis ojos, para mí dos grandes películas sobre el maltrato. Si allí era un mujer la que sufría el tormento perpetrado por el energúmeno de su esposo, aquí, a la mujer hay que añadir el pavor que sufre su hijo cada vez que su progenitor (soberbios Denis Menochet y Léa Drucker) está a su vera.

La película se inicia en un despacho en el que una jueza debe decidir si concede o no la custodia compartida a una pareja. La jueza oyendo a ambos miembros cree que ambos mienten, pues sus opiniones sobre su caso son totalmente dispares. La madre no permite que su marido se acerque a su hijo pequeño y a su hija ya casi adulta y el padre a su vez dice ser una bella persona cuyo único objetivo es no ser privado de la compañía de sus vástagos. A medida que se desarrolla la película el padre se quita la careta y muestra su peor cara. Lo grande de la película es lo real, verosímil y brutal que resulta. Que un hijo le tenga miedo a su padre, ya dice mucho (lo dice todo) de la relación entre ambos. A lo que conducen estos amores mal entendidos y peor llevados lo sabemos. En España ya casi son mil las mujeres asesinadas por sus parejas. Si nos ponemos en la piel de la madre y del hijo podemos experimentar lo traumático, desgarrador e insufrible que puede ser vivir una situación análoga, tener que arrostrar tanta violencia ciega, tanto maltrato, los gritos, las extorsiones, las salidas de tono, las llamadas nocturnas.

La escena final en la bañera es demoledora, escena dificil de olvidar. Sin apenas discurso, y dejando que los hechos hablen por sí mismos Xabier Legrand pone el dedo en la llega y la película sangra, sin que la sangre se vea, lo que la hace aún más terrorífica.

Si la vecina en vez de llamar por teléfono, hubiera mirado hacia otro lado, es posible que el final hubiera sido otro. Un silencio a menudo cómplice de la barbarie.