Archivos de noviembre, 2018

Morir (Fernando Franco)


Título original: Morir
Año: 2017
Duración: 104 min.
País: España
Dirección: Fernando Franco
Guion: Fernando Franco
Música: Maite Arrotajauregi
Fotografía: Santiago Racaj
Reparto: Marián Álvarez, Andrés Gertrudix, Iñigo Aranburu, Francesco Carril
Productora Kowalski Films/Ferdydurke

Morir, de Fernando Franco es una película que creo gana peso una vez pasan unas cuantas horas tras su visionado. Comparte título y final con la novela de Arthur Schnitzler, si bien algunas cosas cambian. En la novela, ambientada a finales del siglo XIX, un hombre todavía joven va a morir y quiere que su mujer le acompañe (que muera) en ese tránsito hacia el más allá. Ella accede en un primer momento pero luego le hace la cobra y lo deja con un palmo de narices.

Aquí tenemos a una pareja joven (frisando los cuarenta), a la que a él le diagnostican un cáncer terminal (que él referirá cuando están de vacaciones en el norte (en su particular Grand Tour) aguándole -por partida doble- la estancia a su pareja), y a pesar de que una intervención quirúrgica les dará alguna esperanza, poco después se deja claro que la muerte ronda a la vuelta a la esquina y que es cuestión de meses, el fatal desenlace.

Tenemos por tanto a un moribundo en su tramo vital agónico que lidiará como buenamente pueda con sentimientos encontrados de los que es presa, pues si nos cuesta toda una vida aprender a vivir, para morir tampoco estamos preparados, pues no hay preparación que valga. Así, por una parte él querría morir sin hacer ruido, de hecho, el universo dramático se circunscribe a ellos dos (no vemos a familiares, ni amigos, de ninguno de los dos), pero cuando uno cae en picado siente también cierta envidia por la salud de su pareja, por un porvenir que a él se le niega de forma abrupta y siempre vienen a los labios un ¿por qué?. Demanda siempre estéril. La caída de él amamanta su egoísmo, saca la peor cara de una naturaleza humana siempre proteica, y si hasta la fecha su relación tampoco denotaba un apasionamiento exagerado, ante esta tesitura, cada cual buscará su espacio o madriguera, esperando que caiga el chaparrón y luego escampe; para uno de los dos, ya definitivamente.

Sobre dos atalantes, Marián Álvarez, Andrés Gertrudix, recae todo el peso de la película. Muy bien ambos en su sobriedad, manifestando sin aspavientos su situación, indeseada por ambos. Hay escenas muy significativas. Una es cuando ella abraza a un extraño en un bar de la playa y de esa manera desahoga su dolor, pena, tristeza y el cúmulo de sinsabores acumulados durante meses. Otra es la escena final cuando el correr las cortinas y dejar entrar la luz, principia otro día, otra vida, la presente.

Fernando Franco debutó con una gran película, La herida, con Morir confirma su buen quehacer.

La chica en la niebla (Donato Carrisi)


Título original: La ragazza nella nebbia
Título en castellano: La chica en la niebla
País: Italia, Francia, Alemania
Año: 2017
Dirección: Donato Carrisi
Guión: Donato Carrisi
Fotografía: Federico Masiero
Montaje: Massimo Quaglia
Escenografía: Tonino Zera
vestuario: Patrizia Chericoni
Reparto: Toni Servillo, Alessio Boni, Jean Reno, Michela Cescon, Lucrezia Guidone, Jacopo Olmo Antinori, Sabrina Martina

El escritor Donato Carrisi, autor de best-sellers debuta en la dirección de películas adaptando una de sus novelas y en mi opinión se da el batacazo. Uno ve una película como esta y tiene claro que es un refrito de mil películas vistas anteriormente. Lo peor de todo viene cuando se ponen las cartas encima de la mesa demasiado pronto y entonces uno como espectador se siente estafado y escaldado. Servillo no hace su mejor papel y me recuerda a otro trabajo en el que también hacía de inspector, La ragazza del lago, película que guarda similitudes con ésta, en cuanto a la atmósfera opresiva y siniestra en la que se ubica la historia.

Aquí, como indica el título, lo que prima es la niebla, y el frío y la nieve, en un silente pueblo prealpino, donde una comunidad religiosa con trazas de secta tiene una gran presencia. Lo de la niebla es un decir, porque como sucede siempre en estos casos, la víctima es secuestrada por alguien de confianza, con el que uno se montaría sin pensárselo mucho en su furgoneta. Carrisi emplea una puesta en escena a lo Seven, y secuencias que parecen sacadas de otras novelas truculentas del pope de las letras noruegas, sí, Nesbo.

Alessio Boni, que encarna a un profesor, a quien le endilgan el muerto desde el principio, muestra la misma cara inexpresiva de siempre.
Carrisi mete a los medios de comunicación por medio, convirtiendo la desaparición en un espectáculo con el que dar carnaza al espectador, donde la justicia y la búsqueda de la verdad parecen ser lo de menos, con una periodista tan vanidosa como el inspector, que parece más empeñado en cargarle el muerto al primero que pase por allí que en buscar al auténtico asesino.

Al estilo de Sospechosos habituales la película atesora unos cuantos golpes de efecto, pero el descojone final viene con nuestro amigo Jean Reno, no ya hablando italiano, sino devenido sospechoso muy poco habitual.

En fin…

El otro hermano (Israel Adrián Caetano)


Título original: El otro hermano
Año: 2017
Duración: 112 min.
País: Argentina
Dirección: Israel Adrián Caetano
Guion: Israel Adrián Caetano, Nora Mazzitelli (Novela: Carlos Busqued)
Música: Iván Wyszogrod
Fotografía: Julián Apezteguia
Reparto: Daniel Hendler, Leonardo Sbaraglia, Alian Devetac, Alejandra Flechner, Pablo Cedrón, Ángela Molina

Si algo define esta película argentina de Israel Adrián Caetano (sobre la novela Bajo este sol de Carlos Busqued) es la sordidez deliberada (y muy bien filmada) que rezuma por todos sus poros. Ambientada en un rincón argentino, en un villorrio, donde un puñado de personajes como plantas despeluchadas buscan la manera de seguir adelante, espantando la moralidad a manotazos, como a esas moscas pesadas que acaban muertas más pronto que tarde.

A este pueblo agónico llega Cetarti un joven bastante apamplado (que ha sido despedido como empleado público por no aparecer por su lugar de trabajo durante meses) a certificar la muerte de su madre y de su hermano asesinados. Con él se entrevista Duarte (magnífico Sbaraglia) un tipo correoso, violento, de la peor ralea, muy dado a los chanchullos que le permiten ganarse una plata y granjearse de paso unos cuantos favores. Por medio, unos cuantos secuestros, sepultados dentro de lo doméstico, sin levantar sospechas, ante un vecindario por otro lado inexistente.

Israel crea una sostenida atmósfera sórdida y asfixiante, donde Duarte colabora en sus tropelías con el hermanastro de Cetarti, cuya madrasta está interpretada con solvencia por Ángela Molina. Cetarti, mientras, se deja hacer, ocupa la covacha de su hermano, hace limpieza, vende todo lo vendible y con el dinero recibido sueña con irse a Brasil, a seguir haciendo nada.

Sin escatimarnos la violencia (que resulta tan espeluznante como adictiva) que se manifiesta de mil formas y maneras (de la tortura, a la violación), la película va creciendo hasta un giro final que no sé si casa muy bien con todo lo anterior. Quizás sí, porque a fin de cuentas vivir o morir, en esta realidad aherrojada, parece aquí importar muy poco.

Bohemian Rhapsody. La película sobre Queen y Freddy Mercury

Bohemian RhapsodyEmpezaré por el final, como hace la película de la que hablamos.

Salir del cine de ver Bohemian Rhapsody, llegar al coche y que según enciendes la radio esté sonando Queen es algo mágico. Y más cuando la canción que suena es precisamente “A kind of magic“. Algo mágico, es la mejor definición.

Bohemian Rhapsody además tiene la peculiaridad de dejarte en la cabeza las canciones de Queen sonando una y otra vez. Y que nadie se extrañe si estos días me ve por algún rincón haciendo uno de los estrambóticos y particulares gestos de Freddy Mercury, porque la interpretación mimética de Rami Malek lo propicia.

Y ya que ha salido el tema, empecemos por la interpretación de Rami Malek, he de decir que lo veo con medio Oscar en el bolsillo. Sabiendo lo que a los académicos les gusta lo que yo veo como imitaciones, los va a tener a todos dando palmas de contentos, porque está a la altura de lo que se espera. A Freddy Mercury, como personaje moderno que es y en el top de los artistas de toda historia, lo hemos visto hasta la saciedad y en todas las circunstancias, por lo que he de reconocer que se me ha hecho un poco difícil dejar de ver en cada escena más al actor que lo interpreta que al personaje en si, pero su capacidad para meterse en la piel del genial cantante es para elogiar.

Pero volvamos a la película. El inicio es la salida al escenario de Freddy Mercury en la mítica actuación de la banda en Julio de 1985 en el Estadio de Wembley, en el concierto contra el hambre en África, Live Aid. Esta actuación fue considerada como el mejor concierto de toda la historia en diversas encuestas y aunque depende de las fuentes que tomemos, en cualquier caso, esos escasos 20 minutos ante un Wembley repleto hasta la bandera es por méritos propios uno de los momentos artísticos más relevantes de esa década de los 80 que culturamente es como decir de toda la historia. No os preocupéis, y creo que rompo la magia, pero el concierto prácticamente calcado es la escena con la que termina la película. Y para que lo podáis comparar con el original, aquí tenéis el vídeo, incluyendo los cómicos que presentaron a Queen y que se oyen desde el backstage en la película.

La película cuenta la historia, aventuras y desventuras de la banda, desde sus inicios hasta ese momento del concierto, con Mercury todavía no enfermo de SIDA, a pesar de los que se dice en la película, pero con esa contagiosa energía de la siempre había hecho gala. Es una de la pequeñas licencias que se toman, todas ellas supervisadas y con el visto bueno de los miembros de la banda que aún están en activo. Y lo cierto es que cuenta las cosas con muy buen gusto, sin detenerse en las partes oscuras, que las hubo y aparecen, pero como pasando por ellas de puntillas, lo que no es tan habitual en otras producciones.

Donde sí se detiene, y es de agradecer, en el proceso de creación y grabación de las canciones, esas ideas que se acabaron convirtiendo en auténticas obras de arte, himnos cantados por millones de personas a lo largo del mundo sin importar sus idiomas o cultura. El proceso de creación artística es algo que siempre llama la atención y verlo es increíble en muchas ocasiones. Más si en algún momento has intentado saca adelante cualquier tipo de creación artística y te has visto en algunos de los más habituales puntos, un bloqueo, ese síndrome de la página en blanco y ese indescriptible momento en que te vienen a visitar las musas.

La película es para verla y disfrutarla y su estilo documental la hace amena y le aporta un excelente ritmo. Puede haber cosas que no sean reales, que se hayan dejado otras… creo que poco importar. La fuerza que tiene Bohemian Rhapsody es para verla relajadamente y como digo, disfrutar de ella.

Además creo que la historia viene con moraleja y es doble. Por un lado luchar por ser como quieres ser, como hizo Freddy Mercury durante su vida, a pesar de sus particularidades. Por otro, que ojo con quien te rodeas. Se dice que somos la media de las 5 personas más cercanas, con las que más tiempo compartimos. Así vemos como Freddy Mercury mientras es con sus compañeros de la banda con los que tiene más afinidad, le van las cosas de maravilla, las canciones compuestas por unos o por otros fluyen y la banda consigue sus grandes éxitos. Cuando empieza a distanciarse de ellos, todo el arte se esfuma y las malas compañías le llevan al mal camino y a echar a perder su vida, por fortuna hasta límites salvables, pues la banda acabó volviéndose a reunir y todavía cuajarían algunos grandes discos más y varias canciones de las que aunque no aparezcan en la película, todos conocemos.

En la historia que se cuenta sobre Queen en esta película, entre los personajes, como buen cuento, hay un hada madrina para Freddy Mercury, que es el gran amor de su vida, Mary Austin (Lucy Boynton). La historia es fiel a la realidad en este sentido, la relación entre ambos, muy de película romántica, fue como se ve aquí reflejada. También está el malo, Paul Prenter (Allen Leech), aunque aquí la realidad, sabiendo que May y Rogers están en la producción, no creo que fuera para tanto, pero también se puede decir que es fiel a los hechos. Y por cierto, el personaje de Brian May, interpretado por Gwilym Lee, está clavado. Es sin duda el que más se parece al guitarrista en la realidad.

Por terminar contaremos también los avatares que ha tenido esta película hasta lograr, después de muchos años, salir a la luz. El actor protagonista era un amargo caramelo. Por un lado cualquier actor lo hubiera deseado, pero por otro dada su gran personalidad, era muy complicado acertar y actuar correctamente.

A esto se le suma, como hemos dicho, que los dos componentes actuales de Queen, el guitarrista Brian May y el batería Roger Taylor, son productores de la película y tenían voz y voto en la producción, tenían que dar el visto bueno. De hecho, el actor con el que se empezó a sacar adelante el proyecto incial, Sacha Baron Cohen acabó, no se sabe bien si despedido o renunciando, pero desde luego en desacuerdo con ellos. La causa principal fue el argumento inicial de la película, que se centraba más en el grupo que en el propio Mercury y en la historia llegaba a tratarse su muerte y las visicitudes del grupo para salir adelante después de ello. Sin duda más lacrimógeno y posiblemente con menor interés, pero es lo que pasa cuando los miembros de la banda son los productores.  Y por cierto, entre los productores también está Robert De Niro. Por fortuna la historia que se ha contado ha cambiado desde aquellas ideas iniciales.

También con el director hubo problemas. El designado finalmente fue Brian Singer, director que no necesita credenciales y que ha hecho un gran trabajo, a pesar de no haber terminado él la película porque al parecer, sus ausencias y desplantes acabaron por desquiciar a los productores que lo echaron. Aún así, es el director que firma la película dado que la gran parte del metraje fue rodado por él y se le ha considerado con derechos para ello. Habrá que ver si llega a ser nominado al Oscar, como sudará más de uno a la espera de que gane o no.

Bohemian Rhapsody concierto Wmbley

La chica desconocida (Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne)

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Título original: La Fille Inconnue
Año: 2016
Duración: 113 min.
País: Bélgica
Dirección: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
Guion: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
Fotografía: Alain Marcoen
Reparto: Adèle Haenel, Jérémie Renier, Olivier Bonnaud, Olivier Gourmet, Louka Minnella, Pierre Sumkay, Nadège Ouedraogo, Ben Hamidou, Thomas Doret, Fabrizio Rongione, Christelle Cornil

A menudo vemos como el único espíritu que alimenta ciertos comportamientos es la necesidad de venganza. En La chica desconocida, notabilísima película de 2016, de los hermanos Dardenne, lo que alimenta y motiva las acciones de la protagonista, Jenny, una joven doctora, es la necesidad de liberar su conciencia aclarando una muerte, la de una joven que llama a la puerta de su consulta cuando ya han echado el cierre, sin que nadie la abra, pues la médica por llevar la contraria al joven que está haciendo prácticas en su consulta, toma una decisión que se sabrá fatal, pues la policía le enterará de que la joven murió poco después de llamar al timbre de su consulta, donde el rostro de la joven queda inmortalizado en la cámara de la doctora instalada en la calle. Jenny es consciente de que no es la autora material del éxitus de la joven, pero se siente culpable, presa de remordimientos que la atormentan, enturbiando sus noches, y todo su empeño consiste en saber qué pasó, si su muerte atendió a un accidente o si fue asesinada; a su vez quiere localizar a algún familiar que reclame el cuerpo y reciba así digna sepultura. Este empeño de la doctora no le traerá más que problemas, pues a medida que empiecen sus pesquisas interrogando a sus pacientes, y al descubrir que la joven extranjera y menor de edad, ejercía la prostitución, comprobará cómo algunos de ellos se mueven entre el deseo de callar y la imperiosa necesidad de confesar, provocando reacciones violentas en sus interlocutores que no ven con buenos ojos que la doctora se entrometa en algo que debería dejar en manos de la policía. Ella pone tesón y buena fe y recibe los insultos y la agresión a su vehículo de unos chulos que no ven bien que la doctora vaya por ahí preguntando por los cibercafés, ve también cómo el hijo de un paciente se violenta con ella cuando le hace preguntas incómodas, cuya base no es verdadera pues otro de sus pacientes, un adolescente, mentirá para proteger a su padre. Todo se embrolla, en definitiva (espejo de una realidad compleja, nada fácil y mucho menos complaciente), y lo que registra a la perfección la cámara de los Dardenne es la zozobra de Jenny su necesidad de obrar bien, de redimirse. El reencuentro con el joven médico en prácticas le hará ver a su vez que cada cual atesora sus fantasmas familiares. La película evita cualquier discurso, cualquier subrayado, cualquier lección moral y muestra a las claras, las dificultades y trabas de toda clase que le suponen a alguien normal tratar de hacer el bien, implicarse en algo de lo que podría pasar olímpicamente. Ahí Jenny es un colosa, un heroína en la sombra, consumida en las arenas movedizas del día a día. ¿Me puede dar un abrazo? dice Jenny al final. Un abrazo que es tanto redención como aliento.