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The Treatmen (Hans Herbots)


Título original De behandeling
Año 2014
Duración 125 min.
País Bélgica
Dirección Hans Herbots
Guion Carl Joos (Novela: Mo Hayder)
Música Kieran Klaassen, Melcher Meirmans, Chrisnanne Wiegel
Fotografía Frank Van Den Eeden
Reparto Geert Van Rampelberg, Ina Geerts, Johan van Assche, Laura Verlinden, Ingrid De Vos, Brit Van Hoof, Dominique Van Malder, Tibo Vandenborre, Michael Vergauwen

A estas alturas de la película somos todos conscientes de que cuesta mucho, o es casi pedir un imposible, resultar original, máxime un género como el thriller. Aquí son inevitables los ecos de otras películas con asesinos en serie como Seven, Zodiac o bien recordar Mystic River si hablamos de niños desaparecidos y pedofilia.

El caso es que esta película belga a pesar de manejar mimbres que están muy sobados, alumbra una propuesta fílmica sorprendente. No diré original, pero sí que consigue Hans Herbots, su director, desasosegar en gran medida, gracias a una trama bastante rebuscada, que abunda en lo sórdido y lo macabro, sin que se abuse de lo explícito. Esa es su gran baza, dado que el espectador debe dejar volar su imaginación y reconstruir (con un nudo en la garganta) el final de muchas escenas. El ritmo durante más de dos horas es endiablado, es una cuenta atrás donde cada minuto cuenta, y donde la vida pende de un hilo, así que seguimos los desplazamientos y la investigación del inspector con el alma en vilo. El actor Geert Van Rampelberg se mete tan de lleno en el papel que el resultado se nota, porque parece que le va la vida en ello. El policía tiene un hermano que desapareció cuando eran niños y cuyo paradero desconoce, así como si éste sigue vivo o no después de tantos años.
El final abierto -la mano golpeando el cristal, en el último estertor, como la último coletazo del pez fuera del agua- va en consonancia con todo lo anterior.

Una película muy recomendable. Ha sido un feliz hallazgo que confirma que el cine belga- -a pesar de lo funerario de la propuesta- está muy vivo.

El perdido (Christophe Farnarier)

www.cuak.com


Título original: El perdut (El perdido)
Año: 2016
Duración: 93 min.
País: España
Dirección: Christophe Farnarier
Guion: Daniel Remón, Pablo Remón, Christophe Farnarier
Música: Joe Farnarier
Fotografía: Christophe Farnarier
Reparto Adri Miserachs

El perdido es una película silente. Su protagonista, un hombre de unos cuarenta años no dice una sola palabra y el único ruido que profiere es algo parecido a un llanto, el que tiene lugar cuando quiere volarse la tapa de los sesos con una escopeta de caza y no se ve capaz. Este hombre llega en moto a lo alto de una montaña y tras su intento de suicidio, en lugar de volver por donde ha venido o de abandonarse, decide pasar de una autodestrucción que se comprueba fallida a la autoregeneración. Así, lo que le ocupará entonces será sobrevivir y como el hombre de las cavernas, ha de hacer fuego para calentarse, buscar alimento en la naturaleza, cazar animales y obtenera así sustento para no morir de hambre. En su lucha contra los elementos, debe hacer frente al frío, al hambre, a la soledad. Esta última es buscada, porque en su deambular este hombre se acerca a la costa, y deambula por aldeas abandonadas, por la zona de La Garrotxa, en las que consigue objetos que luego se llevará a la cabaña que construye en el corazón del bosque.
Es imposible viendo su proceder no pensar en Thoreau. Si aquel hizo de una laguna apartada un laboratorio en la que medirse consigo mismo, llevando a cabo con éxito su aventura y propósito de vivir austeramente, durante dos años y dos meses, despojado de todo lo accesorio y dedicando su tiempo a aquello que le colmaba: la lectura, la escritura, el estudio de la naturaleza, el protagonista de esta película hace algo parecido, porque su situación es desesperada en cierta medida, ya que vive apartado porque quiere y le costaría muy poco volver al abrigo -o puñetazo- de la civilización.
No hay discurso, no hay perorata, no hay lenguaje, no sabemos qué piensa nuestro hombre, qué le ocupa la cabeza, qué le ha llevado a esa situación, en qúe manera le transforma lo que va experimentado en su día a día, no vemos a través de sus ojos, sino que lo vemos a él, ocupando casi cada imagen, hacer cosas: cazar, contruir su cabaña, andar, bañarse en el río, visitar casas abandonadas, y emplear su inteligencia para garantizarse y mejorarse la superviviencia.
El único contacto que el hombre entabla es con un perro y con una mujer que es ensoñación.
Es muy seductor y bello este despojamiento, esta actitud radical, ese apartamiento de un mundo de ruido y furia, de toda esta maquinaria digital que pasa por la tolva la naturaleza humana, ocupada en tareas estériles e insulsas, escapándole entre los dedos su razón de ser para devenir razón de enser, de objeto de consumo, de pieza de recambio, de humano obsoleto y baladí, compartiendo su “identidad” en la nube.

La oveja Shaun (2015)

La oveja Shaun

No solemos hablar aquí apenas de películas de animación o de aquellas rodadas bajo el sistema del Stop Motion, Claymation (Plastilina). No sé por qué razón, pero cuando veo películas como ‘Wallace and Gromit’ o ‘Pirates’ no puedo menos que quitarme el sombrero ante semejante derroche de imaginación, talento, sabiduría y buen humor.

Con la Oveja Shaun diré algo parecido. No me veo capaz de decir si es mejor o peor que las dos películas arriba citadas, pero sí diré que me ha encantado, que he disfrutado muchísimo con esta preciosa historia de amistad, donde sin necesidad de diálogos, estaremos una hora y media en suspense, siguiendo las andanzas de un rebaño de ovejas que dejan la granja para ir en la búsqueda de su patrón, de su granjero, de su amigo, a quien sin quererlo han mandando en una roulette a la Ciudad de Londres, sin su consetimiento y donde si comerlo ni beberlo, el granjero deviene un peluquero famoso.

El guión no da tregua y se suceden los gags, todos ellos estupendos, donde no faltan los guiños a otras películas, como ese gato que parodia al Anibal Lecter de El Silencio de los Corderos, o ese perro que lleva tatuados los dedos con palabras como LADRO o MUERDO, o esa oveja con dotes grafiteras a lo Bansksy, lo que les permite huir, de momento, de ese hombre obsesinado con dar caza a los animales.

Si queréis pasar un rato entretenido, ante una película de imaginación e ingenio desbordante y humor a raudales, esta película es una opción inmejorable. Además podeís ir con niños o sólos, porque si la disfrutan los niños, los adultos ni os cuento.

It follows (2014)

It folows

En el género del terror, y en casi todo los géneros fílmicos todo está más que trillado. A pesar de lo anterior, It follows, sin que sorprenda en demasía al espectador curtido en películas terroríficas, al menos éste tendrá la oportunidad de ver un film que mantiene el pulso desde el comienzo, y que gracias a una banda sonora desasosegante, una actriz principal (Maika Monroe) que borda su papel y una historia que bebe de otras muchas películas similares deja un muy buen sabor de boca, cierto regusto a metal, algo acerado y frío.

En su día recuerdo haber visto una película, Fallen, si no recuerdo mal, donde la gente estaba maldita y al tocar a otra persona le transfería su mal. Esto es algo parecido. Un joven se acuesta con una joven y tras el fragor amoroso, su amante le cuenta que ahora el mal anidará en su interior, la perseguirá, hasta que la joven se lo pase a otra persona, por transmisión sexual.

Los seres que acechan a la joven son como fantasmas, con muy mala pinta, que se mueven despacio pero que obligan a la joven a estar siempre al acecho, siempre huyendo, pues si llegasen a alcanzarla la matarían. La joven tiene unas amigas y un amigo, que lejos de verla como una loca, la ayudarán en su plan.

El final (como no podía ser de otro modo) deja abierta la puerta a más secuelas, porque todos sabemos que el MAL nunca acaba.

Musarañas

Musarañas

Con dos personajes principales y algún secundario más, ubicados en un inmueble en el que transcurre toda la película, el resultado es satisfactorio.

A los directores ya afamados como Bayona, Balagueró, Morales, Vigalondo, Amenábar, Plaza, Alex de la Iglesia, etc, habría que añadir a esta miríada de nombres los de Juanfer Andrés y Esteban Roel, que debutan en el largometraje, con esta película, tras los cortos 036, Es un buen chaval y La sorpresa de Aquirana.

Estamos en España, en los años cincuenta, donde viven dos hermanas de crucifijo y misa diaria (es un decir, porque la hermana mayor es incapaz de cruzar el umbral de su casa). La madre murió cuando la hermana pequeña nació y esto la atormenta desde entonces. El padre, tras morir la madre, reemplaza a ésta por su hija, en todos los sentidos, hasta que esa situación depara insoportable y el padre desaparece de la escena, presuntamente huido.

La idea es que todo lo que respiremos sea sucio, turbio, tóxico, asfixiante, embutido todo en una religión que lo ahoga todo y que no deja respiraderos para una vida normal, reducido todo a las oraciones, al flagelo, a purgar, a saber qué culpas y pecados pretéritos.

La hermana pequeña está bastante harta de la situación, quiere salir, conocer chicos, vivir la vida, y entonces las costuras de este sudario existencial se resquebrajan, cuando inopinadamente el vecino que vive arriba cae rodando por las escaleras, hasta ir a dar a la puerta de la casa de las hermanas, donde la mayor ejerce entonces de improvisada hermana de la caridad, hasta que muestre poco después su verdadera cara.

¿Hay algo más terrorífico que un amor no correspondido?.


El ritmo resulta endiablado y aunque hay ciertas cosas en el guión que rechinan, agradezco el toque gore por obra y gracia de la actriz Macarena Gómez, brutal en todos los aspectos y que devora a todos lo que le secundan, tanto Nadia de Santiago, como Hugo Silva. El único que está a la altura es Tosar, que no falla nunca.

Coged sitio delante del televisor, poned la película y disponeros a pasar una hora y media sobresaltados, horripilados y complacidos, si os guste el género gore y el humor negro.

Alabama Monroe (Alex Van Groeningen 2012)

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Si ya es dramático ver la historia de una niña de corta edad que muere a resultas de una leucemia, sumarle a ese hecho luctuoso la muerte de la madre de la criatura, que sin poder superar la muerte de su retoño, decide suicidarse, la película podemos imaginar la carga dramática que atesora.

Elise hace tatuajes. Didier toca en un grupo de bluegrass. Un día Elise entra en la tienda de Didier y le habla de un concierto, de un tipo de música que a él le gusta. Luego ella lo ve a él sobre el escenario, cantando y Cupido hace de las suyas y surge entre ellos la pasión, el amor a borbotones, el sexo sin medida y luego el embarazo de ella, y el nacimiento de su hija Maybelle y cuando todo parece perfecto, la niña tiene leucemia, y todo se desmorona, se resquebraja, se va al traste. Y con la muerte de la niña, surgen los zarpazos, los reproches, las reprimendas, esa ristra de agravios y heridas mal cerradas.

Magnífico el trabajo de Elise (Veerle Baetens) y de Didier (Johan Heidenbergh). Un guión potente que arremete contra esa religión que impide avanzar la ciencia y salvar vidas. Magnífico el discurso de Didier sobre el escenario, sin querer asumir de papel de víctima pasiva, sin voz ni voto. Didier aprovecha ese escenario para exorcizar su dolor, para dar su parecer, algo que Elise, no comparte.

Película desgarradora y compleja, que no esconde nada y muestra todo con toda la crudeza de la que los seres humanos somos capaces de manifestar cuando no somos capaces de controlar nada de lo que nos rodea.

Alabama Monroe se suma a otras producciones realizadas en Holanda y Bélgica como Bullhead o Borgman, que vale la pena y mucho visionar.

Más sobre el cine invisible Belga.

Anima nere (Francesco Munzi 2014)

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Anima nere se ha estrenado en España bajo el nombre de Calabria, mafia del Sur. Sí, la historia transcurre cerca de la punta de la bota italiana, en la región de Calabria, donde la mafia despacha los asuntos eliminando al enemigo.

La película confirma que a veces la única solución pasa por quitarse del medio. A esta conclusión llega un pastor de Calabria que se gana la vida honradamente mientras que sus dos otros hermanos viven al margen de la ley.

Cuando el hijo del pastor se deja seducir por la forma de vida de sus tíos y acaba mal, es decir, muere, el pastor ve que la mala hierba nunca muere y decide tomarse la justicia por su mano, arremetiendo no contra quienes han matado a su hijo, sino contra quienes le han abocado a esa situación.

Rodada de manera sobria, sin efectismo, resulta dramática y bastante descripitiva en cuanto a la forma de proceder de esa mafia calabresa.

Blue Ruin (Jeremy Saulnier 2013)

Blue Ruin

Blue ruin aborda con buena mano algo tan manido y abundante hoy en día como es la venganza.

El protagonista es un hombre de unos treinta y muchos años que vagabundea, viviendo en un coche aparcado, bañándose en el mar, comiendo lo que pilla de los contenedores.

Un día recibe la noticia de que el asesino de sus padres sale de la cárcel y decide tomarse la justicia por su mano y acabar con el exconvicto.

La violencia genera violencia, mediante una espiral donde sabemos cómo empieza pero nunca cómo acaba. Lo cual no nos impide intuir que acabará mal, porque es difícil acotar la violencia desmedida, cuando no sabemos de qué somos capaces, y desconocemos a su vez, cómo reaccionan nuestras víctimas, que acabarán ajustándose a las leyes de acción-reacción.

El tempo de la película es pausado. El protagonista, acostumbrado a vivir en la soledad más absoluta se asombra incluso ante su propia voz y cuando confiesa a su hermana su crimen, ésta, y sus dos hijas pequeñas tendrán que poner pies en polvorosa, dado que los familiares de la víctima, no tienen intención de llamar a la policía, pues quieren resolver el caso a su manera.

El actor que da vida al protagonista Macon Blair parece estar entre asustado y empanado. Lo cual creo que es lo que el director quiere transmitir, porque el personaje podría ser cualquier de nosotros, si un día tenemos la peregrina idea de vengarnos de alguien, sin ser capaces siquiera de disparar con acierto una escopeta de perdigones.

El enfoque singular del director Jeremy Saulnier al abordar la historia, el protagonista apocado, las escenas de suspense y tensión bien elaboradas, el climax onnírico, el ambiente gris, silente,, el humor negro y un guión mínimo pero dilatado hasta la hora media con mucha solvencia, hacen de Blue Ruin una película que sin ser una maravilla la recomiendo pues no engaña a nadie y radiografía muy bien las consecuencias de la violencia expedita a manos de un pobre diablo que no tiene nada nada que perder, más allá de su vida.

Somos los que somos (Jim Mickle, 2013)

Somos lo que somos

Ayer por la noche vi esta película y no he dormido muy bien. No tengo claro si esto está correlacionado con el atracón de alubias de Anguiano aderezadas con morcilla de Burgos y chorizo de Baños del Río Tobía o si fue por el visionado de esta película la que me estuvo trabajando el subconsciente toda la noche, manteniéndome en suspense hasta la alborada.

Esta película, Somos lo que somos, es la adaptación americana o remake de Somos los que hay, película mexicana del 2010, la cual no he visto.

Al comienzo de la película vemos a una mujer que empieza a sangrar por la boca, cae en un pilón y muere ahogada. Luego vemos que esa mujer tenía un marido hosco y raruno y dos hijas que parecen un spin-off de Los Otros, dos jovenes hurañas y taciturnas, que cuando miran parecen estar hablando con los muertos, y en lo que dura uno de sus pestañeos mi Rumba ya me ha recogido toda la casa. Por ejemplo.

Somos lo que somos

Mientras, en el pueblo, siguen desapareciendo jóvenes adolescentes, cuyos cuerpos nunca aparecen. O bien porque se esconden de maravilla, que no es el caso, o bien porque su asesino las mata y las entierra de tal manera que nunca más aparecen, o bien como el Lobo Feroz, se las come.

Sí amigos si habéis visto Canibal, con un fantástico Antonio de la Torre, y os gustó, Somos lo que somos: una familia canibal, os llevará al orgasmo visual.

Tiene la película un tempo lento, y como esa lluvia persistente que dura toda la película, se va creando un clima inhóspito, acerado, gris, amortajado, sórdido y finalmente vomitivo. Casi nada.

Si quéreis pasar un mal rato, que al mismo tiempo es un muy buen rato, echarle un ojo a Somos lo que somos y ataros bien los machos. Yo, de hecho, desde ayer por la noche que la vi, hasta este mediodía, acabé tan estomagado que he aguantado sin comer carne.

Me ha contado un pajarito o pajarraco, no los distingo bien, que habrá una precuela y una secuela de esta película. A ver si tienen suerte y nos la cuelan.

Elefante blanco (Pablo Trapero, 2012)

Elefante Blanco

Me enfrento a la película de Pablo Trapero con los ecos de películas como Ciudad de Dios o Tropa de élite, donde el director argentino da la voz, y las armas, a los más desfavorecidos, a las miles de personas que viven hacinadas en la Villa 31, en penosas condiciones de salubridad, reducido ese espacio a un forúnculo de la ciudad de Buenos Aires. Una realidad, la que nos presenta muy crudamente, que pocas veces se ve retratada en la pantalla grande, mas presta a conformismos y complacencias de todo tipo.

Trapero echa mano de actores importantes como Ricardo Darín (Julián), secundado por Jérémie Renier (Nicolás) y por Martina Gausman (Luciana).

Julián lleva años ejerciendo como párroco en la Villa 31 y está ya cansado y enfermo. Y busca en Nicolás, su pupilo, la figura que le reemplace con su obra cuando él no esté.

Desgraciadamente la muerte (no natural) final de Julián, lo convierte en un versión actualizada del padre Múgica, otro párroco que fue martirizado, cuyo empeño fue también dar su vida por los más desfavorecidos.

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La puesta en escena es trepidante, luminosa, vivaz, pero la historia adolece de un guion más contundente, más trabajado. Esta carencia muestra las fallas de una historia, que apenas aporta nada nuevo, con un tratamiento, donde todo queda muy en la superficie, en lo anecdótico diría, un tratamiento de la podredumbre esquemático y epidérmico.

El empeño de Trapero es plausible, su película es dura, tópica, desgarradora a ratos, pero de muy corto alcance y de escaso aliento.

La escena en la que Nicolás y Luciana dan rienda suelta a su deseo, a su pasión irrefrenable, me ha resultado el momento más intenso, verosímil y vibrante de todo el film. Ese momento, esa pequeña muerte, en la que el ser humano llega a creerse inmortal, cifra los anhelos humanos en un deseo tan urgente como contingente.