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Todos lo saben (Asghar Farhadi)

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Título original: Todos lo saben
Año: 2018
Duración: 130 min.
País: España
Dirección: Asghar Farhadi
Guion: Asghar Farhadi
Música: Canciones: Javier Limón, Nella Rojas
Fotografía: José Luis Alcaine
Reparto: Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín, Eduard Fernández, Bárbara Lennie, Elvira Mínguez, Ramón Barea, Inma Cuesta, Sara Sálamo, Carla Campra, Sergio Castellanos, Roger Casamajor, José Ángel Egido, Tomás del Estal, Esteban Ciudad, Nella Rojas, Jaime Lorente, Jordi Bosch

Todos los saben y todos callan. Un sentimiento de recelo, venganza, odio soterrado anida en una comunidad, en un pueblo madrileño, al que acude una familia argentina para celebrar la boda de una de las hermanas de la foránea Laura (Penélope Cruz). Familia acompañada de una hija adolescente que caerá en manos de unos desaprensivos que pedirán un dinero por su liberación.

Entre medias nos enteramos (entre otras cosas que no refiero aquí) de que la mujer que marchó a Argentina, tuvo una relación sentimental con Paco (Javier Bardem, ganador del Goya al mejor actor por su interpretación), al que vendió unas tierras antes de partir, a tan bajo precio, que será motivo de disputas y enfrentamientos pasadas unas cuantas décadas, porque entre los caciques y los jornaleros (muertos de hambre los llama el primero, saco en el que también incluyen a Paco, al que por muy bien que vayan las cosas, por mucho que se deja la piel mudando tierras áridas y yermas en fértiles, nunca será considerado uno de ellos) hay un sentimiento de injusticia, muy a flor de piel, de cuentas pendientes e infelices que no acaban de resolverse, pues todos parecen tener muchas cosas que echarse en cara.

De Argentina vendrá finalmente el padre de la desaparecida (a quien pone cara Darín), a aportar poca cosa, la verdad, pues todo lo fía éste en manos de Dios, y como nos dice la experiencia, en este caso Dios como mediador, media poco, o nada.

Sorprende ver una película de estas características en manos de un director iraní como Asghar Farhadi, encargado a su vez del guion, que por otra parte le coge muy bien el pulso a la historia, la cual sí que creo que se demora demasiado, con una media hora inicial muy plomiza, y un desarrollo que en su concreción hubiera ganado, a mi entender, en intensidad y emotividad. Si la película funciona bastante bien es gracias a una buena labor actoral del tándem Cruz-Bardem, de Bárba Lennie y de otros secundarios que sin apenas decir nada, como Eduard Fernández o Elvira Mínguez, lo expresan todo.

Al alba (Julien Trauman)

Título: Al alba / À l’aube
Director: Julien Trauman
País: 2018
Género: Cortometraje
Duración: 22 minutos
Elenco: Juliette Bettencourt, Constantin Vidal, Gaspar Meier-Chaurand

Este cortometraje de título tan poético, apuesta por lo inquietante. Vemos cómo de la manera más absurda la vida de una persona -tres en este caso- puede complicarse hasta el absurdo letal.

Una pandilla de adolescentes celebra el final de curso del bachillerato en una playa, cuando una pareja de tórtolos y un amigo, embebecidos no sabemos si por el amor, el alcohol o por el aguijón estético del rosicler, ven una zodiac abandonada próxima a la playa, se montan en ella, a modo de juego y sin comerlo ni beberlo, se les echa la noche encima y al alba, la aurora de rosados dedos, los despierta y acuna en alta mar, sin ningún punto de referencia a la vista, con hambre, sed, Lorenzo ajusticiando sus cuerpos sin piedad alguna, estafermos y azuzados a su vez por el frío cuando se cierne la noche.

Julien Trauman, el director, logra en estos 22 minutos tenernos en vilo de principio a fin, y aunque el mal trago que pasan nos lleva a imaginar en cada momento qué es lo que puede suceder a la infausta terna, no está de más ver, cómo de la manera más tonta, jugando, mientras asoma la locura, la desazón y la angustia, la vida se puede ir por el sumidero en un instante.

La colección (Emmanuel Blanchard)

Título: La collection (basado en un relato de Stefan Zweig)
País: Francia
Año: 2018
Director: Emmanuel Blanchard
Elenco: Éric Génovèse, Pauline Etienne, Jean-Claude Carrière
Duración: 13 minutos
Género: Cortometraje, Drama

Cortometraje basado en el relato La colección invisible de Stefan Zweig. Si el relato de Zweig acontecía en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, a finales de la década de los años 20, en 1929 (la Bolsa de Berlín se había hundido en 1927) este corto sitúa la acción en el París ocupado por los nazis en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, en donde a la abyección de los nazis habría que sumar la de todos aquellos que sacaron tajada económica de la situación (como los industriales alemanes de aquella época como queda patente por ejemplo en un libro reciente, El orden del día, de Éric Vuillard), comprando por ejemplo obras de arte a los judíos a precio saldo, valiéndose de su maltrecha situación.

Victor Gence, es uno de estos marchantes de arte, arribista, y sin escrúpulos que va por los inmuebles hocicando en aquellos pisos en los que tiene noticia de que se albergan obras de arte con el propósito de comprarlos, por las buenas o por las malas. Si el forzado vendedor no se pliega a las “condiciones” del vendedor siempre queda recurrir a la delación. Un buen día recala en la casa del Sr. Klein, un judío invidente que vive acompañado de su hija y la historia se resolverá de manera muy sorprendente.

Fauve (Jérémy Comte)

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Título original: Fauve (Furia)
País: Canadá
Ano: 2018
Lenguaje: Francés
Duración: 16 minutos
Director: Jérémy Comte
Reparto: Félix Grenier, Alexandre Perreault, Louise Bombardier
Fotografía: Olivier Gossot
Producción: Evren Boisjoli, Maria Gracia Turgeon
Guión: Jeremy Comte
Edición: Jeremy Comte
Música: Brian D’Oliveira (La Hacienda)
Sonido: Laurent Ouellette, Jean-David Perron

Un cuarto de hora escasa le vale a Jérémy Comte, director del corto Fauve (nominado a los Oscar) para horripilar al espectador mostrándole las andanzas de dos niños que corretean en una naturaleza apartada del mundanal ruido, viéndolos recorrer los vagones de un tren, subir a un camión o internarse en una cantera. La curiosidad infantil es tan necesaria como a veces peligrosa, para su integridad física. Juegan a hacerse reír, se avisan de ver zorros que el otro no ve y a su trantrán con esa necesidad superior a cualquier tipo de cautela de llevar el juego hasta sus últimas consecuencias, la fatalidad, la Parca que vence a la Furia, llama a la puerta y entra en tropel en sus vidas, desgarrándolas, dándoles término.

¿Qué queda luego?. El dolor, la ausencia, el recuerdo, la mirada de un zorro, el llanto liberador pero nada consolador, una vida infantil que buscará el repliegue ¿dónde? ¿cercano a quién?.

Sin dejar huellas (Érick Zonca)

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Año: 2018
País: Francia
Director: Érick Zonca
Guion: Érick Zonca, Lou de Fanget Signolet (Novela: Dror Mishani)
Música Rémi Boubal
Fotografía: Paolo Carnera
Reparto: Vincent Cassel, Romain Duris, Sandrine Kiberlain, Elodie Bouchez, Jérôme Pouly, Charles Berling, …
Género Thriller. Cine negro

Toca hablar hoy de Fleuve noir, producción francesa dirigida por Érick Zonca, a la mayor gloria del actor Vincent Cassel, basada en la novela del israelita Dror Mishani, publicada en España bajo el título Expediente de desaparición.
No es nada novedoso que el inspector encargado de la resolución de un caso sea un alcohólico (ahí tenemos a Harry Hole, por citar uno), separado, con una problemática relación con su hijo adolescente enfangado en el trapicheo de las drogas, abocando a su padre a la disyuntiva de o bien dejar que caiga sobre su hijo todo el peso de la ley, así pulverizado, o bien mediar para librarlo de la trena, permitiendo su regreso a las calles desérticas oficiando entonces de camello.

El caso a resolver es la desaparición de un joven, que como cada día fue camino de la escuela y ya no regresó. La madre del adolescente se muestra destrozada. El padre, trabaja en un carguero y no aparece hasta pasadas unas cuantas semanas. El matrimonio, además del hijo desaparecido tiene una hija con discapacidad mental. En el inmueble, hay una sombra acechante, la de un profesor de francés que conocía al joven y desempeña un papel crucial en la resolución del caso, siendo al mismo tiempo el principal sospechoso, a medida que el ovillo se va cardando y afloran distintos hilos como la presunta homosexualidad del joven, los posibles escarceos de este en el bosque próximo a la vivienda: terreno abonado para el cruising, y unas relaciones entre todos los miembros de la familia, que como se verá, todos los ajenos parecen desconocer, o no.

Cassel aparece muy pasado de rosca, en pos de una imagen que resulte lo más patética posible: desgreñado, barbudo, descuidado, apestando a alcohol, dueño y señor de un caminar bamboleante más que zigzagueante y de unos prontos violentos y apetitos sexuales que se ven correspondidos en una cinta que se pasa la moralidad por el forro y resulta tan extremada como subyugante.

Fleve noir, traducida al castellano como Sin dejar huellas, es un buen producto noir francés, sobrio, acerado y muy bien resuelto.

Para acabar, comentar que como sucedía en otras películas que he visto y comentado no hace tanto, encuentro elementos comunes con esta (hablo de El autor, En la casa), en lo que tiene que ver con el papel que juega la literatura como constructora de realidad y en ese caso, el papel que juega el escritor, cuando este se cree nada menos que un demiurgo, al intervenir con fórceps sobre la alumbrada realidad para con los resultados así obtenidos, alimentar la hoja en blanco cuando la inventiva no es capaz de hacer su trabajo.

Madre (Rodrigo Sorogoyen)

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Título original Madre (S)
Año 2017
Duración 18 min.
País España
Dirección Rodrigo Sorogoyen
Guion Rodrigo Sorogoyen
Música Olivier Arson
Fotografía Álex de Pablo
Reparto Marta Nieto, Blanca Apilánez, Álvaro Balas, Miriam Correa

Después de haber visto Stockholm y El Reino, Madre, el premiado corto de Sorogoyen ofrece más de lo mismo. Sorogoyen apuesta por las sensaciones fuertes, por un marcado efectismo en su puesta en escena. Aquí tenemos a una madre divorciada que recibe en su domicilio una llamada al móvil de su hijo por la que le entera de que su vástago está solo en una playa de Francia, que el padre del niño -con el que está pasando unos días- se ha ido hace un rato a la caravana y que no ha vuelto. Para más inri el niño se está quedando sin batería en el móvil, la madre trata por todos medios de localizar al niño, pero las explicaciones de éste no arrojan luz alguna. Sorogoyen maneja bien todos estos mimbres, pues al final la situación es la que es, y puede resolverse bien o mal, pero ahí es donde entran en juego todos los temores de los espectadores: el miedo a que tu hijo le pase algo, que caiga en manos de un extraño, que el padre no aparezca porque haya sufrido un accidente, o bien por voluntad propia. Ahí Madre funciona bien, y mucho tiene que ver en ello la conseguida interpretación de la actriz Marta Nieto.

Roma (Alfonso Cuarón)


Título original: Roma
Año 2018
Duración: 135 min.
País: México
Dirección: Alfonso Cuarón
Guion: Alfonso Cuarón
Fotografía: Alfonso Cuarón
Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta, Daniela Demesa, Nancy García García, Verónica García, Latin Lover, Enoc Leaño, Clementina Guadarrama, Andy Cortés, Fernando Grediaga, Jorge Antonio Guerrero
Género: Drama

Es muy posible que Roma defraude las expectativas de aquellos que busquen en esta película un ritmo trepidante y un sinfín de aventuras, si bien colmará las ansias cinéfilas de aquel que anhele una película que se demora en su desarrollo, con un ritmo calmo, que seduce tanto con su atractiva fotografía en blanco y negro, la cual resulta a ratos pictórica, mientras vemos el día a día de una familia acomodada de D.F residente en la colonia Roma. Familia formada por un matrimonio a la deriva y cuatro hijos de corta edad. Al cuidado de la casa y de los niños, dos mucamas, una de ellas Cleo (Yalitza Aparicio), protagonista absoluta de la película, pues es a través de ella, el sumidero por donde todo sucede, a través de sus acciones, su parquedad, sus silencios, su embarazo indeseado, su ternura solipsista.

Alfonso Cuarón recurre a su vida, a sus recuerdos, a la figura de Liboria Rodríguez, nana que le cuidó de chiquito. Cuarón sabe muy bien de lo que habla, y logra plasmar con profunda sensibilidad, ternura y humanidad la figura de una de estas mujeres para quienes la vida se constriñe al cuidado y servicio de los otros, lo cual no genera en ellas el menor asomo de rencor o envidia hacia sus patronos, sino más bien algo más próximo al cariño, al aprecio, al amor, que se manifiesta de múltiples maneras, como estar dispuesta a poner en riesgo tu vida para salvar la de los hijos de la familia cuando una corriente marina está a un tris de ultimarlos.

La vida de afuera, lo que pasa en las calles también se filtra en la película y oímos tiros y presenciamos un asesinato y sentimos las algaradas callejeras, con las manifestaciones callejeras estudiantiles con la Masacre del Jueves de Corpus o La Masacre de Corpus Christi —llamada El Halconazo por la participación de un grupo paramilitar identificado con el nombre Halcones— que es como se le conoce a los hechos ocurridos en la Ciudad de México, el 10 de junio de 1971. Una tragedia social que también es familiar, cuando las infidelidades conyugales se salden finalmente con la liquidación del matrimonio, aunque la vida sigue y la familia siga unidad, a pesar de los pesares.

Roma me resulta fascinante y dolorosa en su sencillez, sensibilidad, humanidad, porque no hay artificio alguno, solo una verdad luminosa y palpitante.

Yucatán (Daniel Monzón)

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Título original: Yucatán
Año: 2018
Duración: 130 min.
País: España
Dirección: Daniel Monzón
Guion: Daniel Monzón, Jorge Guerricaechevarría
Música: Roque Baños
Reparto: Luis Tosar, Rodrigo de la Serna, Joan Pera, Stephanie Cayo, Jorge Asín, Agustín Jiménez, Toni Acosta, Adrián Núñez, Txell Aixendri, Alicia Fernández, Leticia Etala, Xavi Lite, Cristóbal Pinto, Óscar Corrales, Joche Rubio, Alex Amaral, Aranzazu Coello, Angelo Olivier.

Daniel Monzón plantea en Yucatán unas muy particulares vacaciones en el mar, las que llevan a cabo un panadero al que la lotería ha hecho millonario, acompañado por toda su familia: sus hijas, casadas y solteras y sus respectivos.

Como las moscas a la miel, al olor del dinero, del rico pan del panadero, danzan unos timadores profesionales, Lucas (Luis Tosar) y Clayderman (Rodrigo de la Serna) cada uno por su bando, que se reencuentran a bordo del trasatlántico. A modo de bisagra, la bellísima Verónica (la actriz peruana Stephanie Cayo).

La película funciona si uno se toma todo lo que ve a risa, si deja en suspenso su credulidad, si se mofa con las escenas delirantes y disparatadas que plantea Monzón, con los gags, con los guiños a otras películas, con toda esta turbamulta coral (aunque sin perla), y se solaza con los múltiples escenarios que la película ofrece (Tenerife, Cancún, Casablanca, Yucatán). En caso contrario, todo lo que veremos se nos antojará, muy posiblemente, una majadería mayúscula.

Yo me quedo en un término medio. Aprecio y valoro la capacidad que tiene Monzón para reinventarse con cada película (La caja Kovak, Celda 211, El niño), su ambición y valentía y el empeño por sacar de cada actor lo mejor de sí, aunque aquí a Tosar, en esta vis cómica, no acabe de verlo.

Más allá de toda su comicidad y absurdidad, hay también unas postreras reflexiones interesantes, las que se formula el panadero, al arrostrar lo que significa, a esas alturas de su vida, y con su situación personal, conceptos como el amor o la amistad, que en este tono de absurdo general que recorre toda la película pueden pasar desapercibidos.

Yuli (Icíar Bollaín)


Título original Yuli
Año 2018
Duración 109 min.
País España
Dirección Icíar Bollaín
Guion Paul Laverty
Música Alberto Iglesias
Fotografía Alex Catalán
Reparto Carlos Acosta, Santiago Alfonso, Keyvin Martínez, Edison Manuel Olvera, Laura de la Uz, Yerlin Pérez, Mario Elías, Andrea Doimeadiós, Carlos Enrique Almirante, César Domínguez

Icíar Bollaín sigue haciendo películas de sumo interés. En esta ocasión el objeto de la película es un joven bailarín cubano de extracción humilde, al que habida cuenta sus dotes para el baile, se le ofrece la posibilidad de hacerse una carrera en el mundo de la danza. El muchacho no quiere dedicarse al baile, entre otras cosas porque sus compañeros de clase le llamarán entre mofas maricón. El empecinamiento de su padre hace que su retoño se encamine finalmente por la senda del baile, camino duro, que exige sacrificio.
El padre del niño, hijo de esclavos, que bien sabe lo que vale un peine, no se lo piensa dos veces en apalizar a su retoño cuando éste deje de asistir a clases. El padre tiene sus motivos, sus creencias firmes, y ve que su hijo tiene una oportunidad única que no debe desaprovechar. De esta manera el niño Yuli, empezará su andadura por el mundo del baile, una andadura nada fácil, ya que en ningún momento consigue ninguna amistad y siempre se ve rodeado de la soledad, soledad que se verá asentada a medida que va haciéndose mayor, tanto en su adolescencia como ya en su época adulta, a pesar de los múltiples éxitos que Yuli irá cosechando, al pasar a formar parte de grupos de baile ya sea en Italia o posteriormente en Londres.

El problema que se le plantea siempre a Yuli siempre es el mismo: vivir la vida que él quiere vivir, la cual ni el mismo sabe cuál es, porque nadie se ha tomado nunca la molestia de preguntarle qué es lo que le haría feliz o qué es lo que le gustaría ser o hacer, o bien vivir la vida de los demás, es decir llevar a buen puerto las esperanzas que su profesora de baile y sus padres -en especial su padre- ha puesto en él desde pequeño. En ese aspecto, si la película no conmueve más quizás sea debido al hermetismo de Yuli y a su inaccesibilidad.

Puede darse al final una circustancia intermedia, que pasaría por que Yuli permanezca en Cuba, junto a sus seres queridos, haciendo aquello que le gusta, que es bailar, en este caso como la máxima autoridad del ballet cubano.

La película arranca con Yuli ya adulto (con el rostro del bailarín Carlos Acosta) haciendo una coreografía, que es una autobiografía, en la que nos relata su vida a través de pequeños números de danza, donde se explica y se entiende a sí mismo, donde la danza sirve de catársis y exorcismo del pasado.

El Debut (Gabriel Olivares)

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El Debut es una película muy original y en cierta medida me recuerda a la película Dogville de Lars von Trier, en su puesta escena. Supone el debut en la dirección del director Gabriel Olivares. La película versa sobre un grupo de teatro que escenifica una puesta en escena que tiene entre uno de sus elementos la tauromaquia. Todos ellos, los actores y actrices junto a su director van analizando su día a día actoral, sorprendiéndose del hecho de que cuanto más sucinta y minimalista es la puesta en escena, más afloran sus sentimientos, abriéndose a un sinfín de posibilidades, así todos ellos van dando su parecer sobre lo que van ejecutando, alentados por el director, que les anima continuamente a improvisar, a sacar de dentro de sí lo mejor, aquello que permanece oculto, como le sucede a uno de los toreros de la obra, que inopinadamente descubre su homosexualidad en los brazos de otro torero.

En la cinta prima lo corpóreo, la expresividad de los cuerpos, el erotismo que los mismos transmiten y exudan, movimientos, y coreografías propias incluso de la danza. La creación es aquí un proceso abierto, no acotado, objeto de reflexión en todo caso, si bien no alcanzo a determinar muy bien qué es lo que se puede sacar como conclusión de toda esta aventura exploratoria e introspectiva.

Finaliza la película con el elenco de la película, reunidos, junto a la pantalla de un ordenador viendo la película que han realizado y riéndose al verse en pantalla. El plantel actoral lo conforman Raúl Peña y Jorge Monje, acompañados de Silvia de Pé, Cecilia Solaguren, Mar del Hoyo, Mónica Vic, Eduard Alejandre, Efraín Rodríguez, Chupi Llorente, Elena de Frutos, Paco Mora y Chemi Moreno.