Archivos de la Categoría 'Cine Británico'

La oveja Shaun (2015)

La oveja Shaun

No solemos hablar aquí apenas de películas de animación o de aquellas rodadas bajo el sistema del Stop Motion, Claymation (Plastilina). No sé por qué razón, pero cuando veo películas como ‘Wallace and Gromit’ o ‘Pirates’ no puedo menos que quitarme el sombrero ante semejante derroche de imaginación, talento, sabiduría y buen humor.

Con la Oveja Shaun diré algo parecido. No me veo capaz de decir si es mejor o peor que las dos películas arriba citadas, pero sí diré que me ha encantado, que he disfrutado muchísimo con esta preciosa historia de amistad, donde sin necesidad de diálogos, estaremos una hora y media en suspense, siguiendo las andanzas de un rebaño de ovejas que dejan la granja para ir en la búsqueda de su patrón, de su granjero, de su amigo, a quien sin quererlo han mandando en una roulette a la Ciudad de Londres, sin su consetimiento y donde si comerlo ni beberlo, el granjero deviene un peluquero famoso.

El guión no da tregua y se suceden los gags, todos ellos estupendos, donde no faltan los guiños a otras películas, como ese gato que parodia al Anibal Lecter de El Silencio de los Corderos, o ese perro que lleva tatuados los dedos con palabras como LADRO o MUERDO, o esa oveja con dotes grafiteras a lo Bansksy, lo que les permite huir, de momento, de ese hombre obsesinado con dar caza a los animales.

Si queréis pasar un rato entretenido, ante una película de imaginación e ingenio desbordante y humor a raudales, esta película es una opción inmejorable. Además podeís ir con niños o sólos, porque si la disfrutan los niños, los adultos ni os cuento.

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Another me (Isabel Coixet 2014)

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Isabel Coixet pergeña su primera incursión en el género del suspense terrorífico y trata de darle su impronta artesanal. ¿Lo logra?. A ratos.

Cuenta como protagonista con la popular actriz Sophie Turner, que conoceréis de verla en Juego de Tronos dando vida a Sansa Stark. Es una buena elección, porque Sophie es una buena actriz, la cual plasma acertadamente con su físico esa tierra de nadie entre la niñez y la edad adulta, a la sazón llamada adolescencia, embutida en un cuerpo espigado y desgarbado, en continuo tránsito, lo cual queda bien reflejado en los primeros planos que Coixet toma de su rostro.

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La adolescente tiene a su padre cuarentón postrado en una silla de ruedas aquejado de arterioesclerosis múltiple (el esforzado actor Rhys Ifans), y a su madre (Claire Forlani, que de lo operada que está no puede ni reírse ni llorar con credibilidad), convertida a su pesar en viuda sexual en vida, acostándose con el profesor de teatro de su hija (interpretado por el voluptuoso Jonathan Rhys Meyers).

Ante semejante papelón: un padre enfermo y postrero y una madre infiel y adultera, la joven la cual ya está algo paranoica, ve superada su capacidad de resistencia emocional y afectiva, y cree enloquecer al estar convencida y obsesionada con el hecho de que haya otra chica que se hace pasar por ella con idea de volverla loca.
Así verá sombras reflejadas en los túneles por los que transita, una cámara registrará la presencia de su otro yo, etcétera.

Pero no, la joven podría estar loca de atar, pero no lo está, al conocer que su madre estuvo embarazada de dos gemelas. Una de la dos tuvo que morir para que la otra salvara la vida y ahora desde el más allá (sí, amiguetes, el paso siempre vuelve) la muerta quiere cobrarse la vida de alguien vivo, y pasar a formar parte de ella. Y de eso va la película. Lo más misterioso además de ese otro yo es el tratamiento de la adolescencia: la ebullición de las hormonas, la adopción de las primeras decisiones, las primeras relaciones sexuales, la necesidad se ser aceptado por el rebaño o no ser al menos rechazado, el ir dando forma a una personalidad, a un carácter, a una forma de ser, nada fácil para la joven, habida cuenta de su situación familiar y emocional.

Coixet logra en algún momento salirse de lo previsible, pero al final ni ofrece nada nuevo ni la película tiene nada que la haga memorable, ya que las escenas se organizan sin consistencia, sin lograr una historia bien cimentada, devenida en un pasatiempo que se ven sin esfuerzo ni recompensa.

Sin contar con los títulos de créditos la película dura 72 minutos. Suficientes.

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Locke (Steven Knight 2013)

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Durante 85 mínutos únicamente veremos a un hombre conduciendo. ¿es una road-movie?. Se llama Ivan Locke, va camino del hospital porque va ser padre de un niño, concebido por una mujer con la que Locke se acostó una sóla noche. ¿Rizar el rizo?. Sí mucho. Pero hay más. El día siguiente va ser muy importante en su trabajo porque van a echar cemento en una obra en la que Locke es el responsable. Al poner pies en polvorosa el día antes de la gran cementada, lo cesarán en su puesto. Sí, amigos, el mercado era esto, la trayectoria, papel mojado.

Durante casi una hora y media, camino del hospital, de noche, Locke no hace otra cosa que hablar por el manos libres, con el hombre que le va a sustituir en la obra de extranjis (su segundo de a bordo), con su jefe que le canta las cuarenta por dejarlos tirados, con su mujer, la cual alucina con lo que su “perfecto esposo” le está contando, con el hijo de ambos que la narra un partido que está viendo en televisión, con la enfermera que urge a Locke a que llegue al hospital pronto, pues la parturienta no tiene a nadie más cerca y se hace imperativa su presencia. En definitiva, Locke, mientras conduce y en lenguaje cervantino, irá desfaciendo agravios y enderezando entuertos.

De llamada en llamada, vamos consumiendo los minutos (poco más de 80), los kilómetros, las rayas discontínuas de la carretera, mientras Locke trata de retener su mundo, que va haciendo aguas: perdiendo su puesto, a su mujer, su familia, etcétera.

Quizás el lloro de ese bebe que oímos al final, sea el heraldo de un nuevo mundo, de otra vida, de otra segunda oportunidad, o quizá no, no lo sabremos. Leo que Locke es un documental sobre el rostro de un actor, el de Tom Hardy. Es una buena definición. Leo también que el hombre que sube en el coche es distinto del que baja, también me vale.

Lo que consigue el director y guionista, Steven Knight, no es nada fácil, si no se cuenta con un inteligente guión y un buen actor. Con ambas cosas cuenta Knight así que el resultado es satisfactorio, y angustiante, algo similar a producciones tan asfixiantes como The Descent, La cabina, o Buried.. Por cierto, Luis Tosar está rodando El desconocido, donde la plantan un bomba en el coche y no se puede bajar del mismo si no quiere volar por los aires.

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El hombre más buscado (Anton Corbijn 2013)

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Interpretación: Philip Seymour Hoffman (Günther Bachmann), Rachel McAdams (Annabel Richter), Willem Dafoe (Thomas Brue), Robin Wright (Martha Sullivan), Grigoriy Dobrygin (Isaa Karpov), Nina Hoss (Erna Frey), Daniel Brühl (Maximilian). Guion:Andrew Bovell; basado en la novela de John le Carré.

El hombre más buscado es una estupenda película que hará las delicias de quien vaya al cine esperando ver una película que contenga suspense, intriga, buenísimas interpretaciones, un guión sólido y un final impactante. El guión, obra de Andrew Bovell, está basado en una novela de John Le Carré.

La historia que vemos resulta muy interesante. En Hamburgo (Alemania) están ubicadas agencias que luchan contra el terrorismo yihadista. Al mando de una de ellas está Günter, que hace el trabajo sucio que los alemanes, a tenor de lo que establece su Constitución, no pueden legalmente hacer.

Saltan todas las alarmas cuando llega a la ciudad portuaria de Hamburgo (estupendamente fotografiada, radiografiando así una ciudad gris, apagada, mortecina, fría, inclemente), Isaa Karpov, un checheno medio ruso, desgreñado y harapiento, quien tras haber sido torturado en Rusia, de donde huye, que tiene en su haber varias condenas por sabotajes, se presenta en la ciudad alemana buscando a un banquero, al cual reclamar el dinero de una herencia paterna.

Uno de los miembros de la casa en la cual se aloja Karpov, se pone en contacto con Annabel, una abogada que trabaja en una asociación que lucha por los derechos de los apátridas que buscan asilo en Alemania.

La historia se va poco a enredando, toda vez que Karpov contacte con el banquero y sepa que le espera una fortuna en forma de herencia, dinero que Karpov detesta porque está manchado de su sangre, al ser su progenitor un criminal.

Annabel se afanará en proteger a Karpov y a su vez Günter y los suyos tratarán de mantener al resto de las Agencias a raya, ganando tiempo, con la idea de que el dinero de Günter les permita echar el guante a un prestigiado árabe que aboga por el diálogo y la paz, al tiempo que financia ciertos movimientos insurgentes yihadistas, o eso es lo que Günter quiere demostrar con la investigación que tiene entre manos hace meses.

No voy a abundar en el argumento de la película para no desvelar ninguno de los muchos momentos sorprendentes que atesora.

Mantiene la película un ritmo fluido, trepidante diría, y se sostiene casi sola gracias a la memorable interpretación del desgraciadamente desaparecido Philip Seymour Hoffman, que se come la pantalla a bocados cada vez que aparece, al tiempo que bebe y fuma de manera compulsiva, en la piel de un espía amargado y cansado, dedicado en cuerpo y alma a su trabajo, como si no hubiera nada más que eso, un trabajo pleno que no deja resquicio para pensar en nada más, en una lucha denodada, sin cuartel, contra los esquejes del mal islamistas.

Rachel Adams

Muy bien definidos e interpretados están también el resto de los personajes, tanto Annabel (muy intensa y esforzada, siempre sensual, Rachel McAdams), una niña pija que quiere salvar el mundo con su bonhomía, el banquero, interpretado por Dafoe, que tiene la ingrata labor de limpiar la mierda de su padre, banquero, antaño conniviente con criminales y mafiosos, Martha de la Agencia americana, perro viejo que se las sabe todas y miente más que habla, o Erna (Nina Hoss, a quien recomiendo que veáis en la ineludible Una mujer en Berlín) que trata de mantener algo de humanidad en una tarea, la suya, que no deja lugar para los sentimientos.

Constatar como muchos de los Gerifaltes de estas Agencias ponen por delante sus intereses personales (su ansía de medrar, de obtener reconocimiento, de colgarse medallitas) antes que pensar en las personas como seres humanos que son, deja la esforzada e ingente labor de Günter en agua de borrajas, una injusticia, otra más.

Ya sabéis los daños colaterales de querer un mundo (paranoico y febril) mejor, más seguro.

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Redención (Steven Knight 2013)

Redención cartel película

Película: Redención. Título original: Hummingbird. AKA: Redemption. Dirección y guion: Steven Knight. Países: Reino Unido y USA. Año: 2013. Duración: 100 min. Género: Acción, thriller. Interpretación: Jason Statham (Joey), Agata Buzek (Cristina), Vicky McClure (Dawn), Benedict Wong (Sr. Choy), Ger Ryan (madre superiora). Producción: Guy Heeley y Paul Webster. Música: Dario Marianelli. Fotografía: Chris Menges. Montaje: Valerio Bonelli. Diseño de producción: Michael Carlin. Vestuario: Louise Stjernsward.

Hay que alabar el gusto de Statham por hacer películas que sean algo más que un simple producto de acción. Sus últimas películas me permiten afirmar esto. No busca Statham dar mamporros, embutido en productos palomiteros con disparos, explosiones y persecuciones, sino que la violencia presente en sus film, atiende a un fin (justo o no) dentro de una sociedad reconocible.

La acción discurre en la ciudad de Londres, allí está Joey el cual trabajó en las fuerzas armadas, hizo algo horrible como soldado y ahora sus malas obras le atormentan, incluso con los ojos abiertos. La única manera que tiene Joey de poner freno a esa máquina de matar en la que se ha convertido es abrazarse a Baco y atemperar su espíritu a base de alcohol.

Una noche tras ser apalizado por unos macarras que controlan el negocio de las drogas en las calles y perder de vista a una joven, amiga de correrías, cae por casualidad en una casa a través del tragaluz, donde el dueño no regresará hasta dentro de tres meses.

Ese lapso de tiempo lo aprovechará Joey para redimirse y experimentar su particular catarsis. No es algo intrínseco, ya que quien tire de él, será una monja, Cristina, que ayuda a los más necesitados y a quien Joey se aferra como un clavo ardiendo para no ahogarse en los vapores etílicos.

Si Joey dejó el uniforme Cristina bien podría dejar su hábito de monja, toda vez que conocemos las razones que le llevan a portarlo y que explicarían sus dudas sobre su vocación (forzada).

A lo largo de la película nos adentramos en ambientes sórdidos, donde reinan las drogas, la prostitución, la extorsión, la trata de blancas, el narcotráfico, etc.

La historia adereza la acción con lo dramático y casi con lo documental. El resultado no es perfecto pero se agradece el cuidado de los detalles, tanto en la fotografía como en las interpretaciones, contando con un ritmo trepidante, para narrar una historia solvente y divertida. Bien.

La película se podía haber titulado catársis, para evitar confusiones nominales con otra película del 2011 del mismo título. ¿Se nos acaban los títulos para las películas o falta mucha imaginación, o ambas cosas?.

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The seasoning house (Payl Hyett 2012)

The seasoning house
Director: Paul Hyett
Guión: Paul Hyett, Conal Palmer
Elenco: Rosie Day (Angel) Kevin Howarth (Viktor) Sean Pertwee (Goran)
País: Reino Unido
Año: 2012
Duración: 95 minutos
Música: Paul E. Francis
Casting: Manuel Puro
Fotografía: Adam Etherington

Lo que más me sorprende, para mal, de una película como esta, es que la situación que vemos en la película, que es una ficción, pero al mismo tiempo es real, la hayamos asimilado de tal manera, que la podamos ver en una pantalla y no nos indigestamos viéndola, sino que nos quedemos pegados a la pantalla hasta que la misma acaba, entre atontados, hipnotizados y asqueados.

La historia se sitúa en los Balcanes, durante la guerra que tuvo lugar allí en los 90. Unos milicianos campan a sus anchas pegando tiros a diestro y siniestro, con total impunidad, violando mujeres y llevándose presas a otras tantas adolescentes o niñas, con idea de someterlas luego en prostíbulos, bajo un régimen esclavista.

A los golpes, puñetazos, patadas y cuantas otras vejaciones osemos imaginar que reciben de los hombres (más bien bestias), que allí acuden a saciar su apetito sexual con niñas, hay que sumar la sordidez, suciedad podredumbre del ambiente, y las drogas que les inyectan para que de esta manera sean más sumisas, complacientes y finalmente dependientes, entrando en un bucle del que saldrán con los pies por delante, para ser luego alojadas a las afueras del prostíbulo en un montículo, propio de un campo de concentración nazi.

Una de estas adolescentes, sordomuda, de nombre Angel, es el ojito derecho del dueño del lupanar, y esto la libera del trato carnal, realizando otras muchas tareas, como pinchar a las otras niñas y maquillarlas, para que estén presentables. Acomodada en su situación, todo cambia, cuando Angel entabla amistad con una de estas esclavas sexuales, que conoce el lenguaje de signos. Angel echa entonces la vista atrás, dinamita el muro de hormigón donde estaban sepultados sus recuerdos, y decide entonces tomar cartas en el asunto y hacer frente a los agresores: un puñado de
milicianos.

Lo que venía siendo un drama dantesco, una bajada y estancia en los infiernos, torna en algo más gore, donde prima la acción, donde chorrea la sangre y la adrenalina al mismo compás y así hasta el final de la cinta que no desvelo, porque es de traca y que me recuerda mucho a otro peliculón, Eden Lake.

Rosie Day (Angel) se come con patatas al resto del elenco. Una acertada mezcla de drama humano y violencia desmedida. Sorprendente, cuanto menos.

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Metro Manila (Sean Ellis 2013)

Metro Manila

Dirección: Sean Ellis
Guión. Sean Ellis
Intérpretes: Jake Macapagal, John Arcilla, Althea Vega, Miles Canapi, Ana
Abad-Santos, Moises Magisa, JM Rodriguez, Erin Panlilio
Género: Drama/Denuncia social
Casting: Raymond Alzona
País: Reino Unido
Año: 2013
Duración: 105 minutos
Música: Robin Foster


Metro Manila
es una película británica rodada en Filipinas, en lengua tagalo, que nos muestra con todo el dramatismo que podemos encajar, la peripecia existencial que sufre una familia que vive en el norte del país Filipino, la cual subsiste cultivando arroz y que viendo cómo con esas tareas agrícolas no pueden sobrevivir deciden probar una vida mejor en la capital, trasladándose a Manila.

El contraste entre la vida rural y la vida en una urbe caótica, de 11 millones de personas que viven hacinadas, ruidosa, fea, supone un shock. La vida en el campo no les resultaba fácil, al contrario, de ahí su marcha, pero en la ciudad, no tardarán en comprobar la degradación humana en todas sus vertientes: prostitución, delincuencia, drogas,
contaminación, estafas, robos, etcétera.

La familia llega a la capital con lo justo, un hatillo con un par de ropas y dos niñas, una casi recién nacida y la otra con dolor de muelas. Un alma caritativa les ofrece a su llegada un inmueble donde cobijarse a bajo precio. No tardan en comprobar que les han engañado, ya que se trata de una vivienda social y les obligan a irse a otra parte, viéndose dormir los cuatro en la calle, con los bordillos como almohadas.

Queda muy bien definida lo fina que es la línea que separa la pobreza de la indigencia, cuando no tenemos recursos ni apoyo de ninguna clase.
Afortunadamente, Óscar, el padre de familia logra un trabajo como conductor de un furgón blindado y la mujer hace lo propio en un lupanar, en donde no mantendrá trato carnal con los clientes, reducido su trabajo a animar a la clientela a consumir alcohol. A pesar de todo, la mujer siente como todo aquello la degrada y envilece, a ojos vista de sus hijas que la acompañan al trabajo, pues no tiene otro sitio, ni con quien dejarlas. Digo yo, que la mala suerte es como una bola de nieve, que se retroalimenta y ceba en la tragedia.

No abundo más en el contenido de la película para no destriparla y paso ahora a remarcar sus cualidades fílmicas. La historia tiene ritmo, una fotografía luminosa y detallista, una labor actoral notable y combina con acierto el drama humano, sin cebarse en exceso (podría haber resultado otro Biutiful, pero no lo es), con otros elementos que permiten sacar a la luz y dejar en negro sobre blanco que “el hombre es un lobo para el hombre“.

En esa jungla urbana, todos quieren sobrevivir, a cualquier precio, y ante situaciones desesperadas, los hombres y mujeres son capaces de hacer cualquier cosa. Esta desesperación surge de no tener un trabajo, de no tener nada con lo que comprar medicinas o dar de comer a sus hijos, lo que permite que almas nada desinteresadas, valiéndose de la situación desesperada de los otros les obliguen a hacer cosas que de otra manera no harían, de tal manera que éstos acaban degradándose, perdiendo su dignidad, esa que es única e intransferible y que es lo que nos hace humanos. Ellas acaban en la prostitución, incluso llegando como vemos en otros países asiáticos a prostituir a sus hijas sin cumplir los diez años, y ellos, como nuestro protagonista dispuesto a todo, para que su familia tenga una oportunidad.

De una manera muy sutil la denuncia social es explícita. No hay aquí banqueros, ni preferentes, ni la mano invisible del mercado, ni nada similar. Aquí el malo de la película, el enemigo real, de carne y hueso, es la mujer que regenta el prostíbulo, el compañero de trabajo que quiere corromperte, el médico que se cobra los servicios en especie, la esposa perfecta corroída por la avaricia, los jóvenes que te roban a plena luz del día, aquel que te ofrece un piso en alquiler creyendo que te hace un favor y que resulta que te está estafando, y un entorno hostil, sórdido, una urbe corrompida desde los cimientos hasta la aguja de los rascacielos,
etc.

Metro Manila es una película potente, cruda, descarnada a la vez que tierna y hermosa, mostrándonos un dramón con una historia de amor de trasfondo, que la hace si cabe más hermosa, ya que a pesar de todo la pareja busca en el amor entre ellos y hacia sus hijos la energía necesaria para no tirar la toalla, para seguir peleando, aunque sea a la contra, con el aliento de Dios y su fe en el mismo, animándolos a luchar, a perseverar, a seguir confiando en el ser humano, en el otro, porque es lo único que puede salvar/hundir a otro ser humano.

Si podéis verla, hacerlo. Vale la pena y luego me lo contaís.

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12 años de esclavitud (Steve McQueen 2013)

12 años de esclavitud poster movie

Película: 12 años de esclavitud. Título original: Twelve years a slave. Dirección: Steve McQueen. Países: USA y Reino Unido. Año: 2013. Duración: 135 min. Género: Biopic, drama. Interpretación: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup), Michael Fassbender (Edwin Epps), Benedict Cumberbatch (Ford), Paul Dano (Tibeats), Paul Giamatti (Freeman), Lupita Nyong’o (Patsey), Sarah Paulson (Sra. Epps), Brad Pitt (Bass), Alfre Woodard (Sra. Shaw), Garret Dillahunt (Armsby), Scoot McNairy (Brown). Guion: John Ridley; basado en la autobiografía de Solomon Northup. Producción: Brad Pitt, Dede Gardner, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Bill Pohlad, Arnon Milchan y Steve McQueen. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Sean Bobbit. Montaje: Joe Walker. Diseño de producción: Adam Stockhausen. Vestuario: Patricia Norris.

Steve McQueen se ha hecho un nombre, por méritos propios, en la meca del cine, tan solo con tres películas: Hunger, Shame y 12 años de esclavitud.

Quienes hayáis visto las dos primeras películas ya sabréis la concepción que tiene Steve sobre el cine.

Sucede a veces, y no es justo, que ciertas películas nos resultan apetecibles, no por sus méritos, sino por que la historia es agradable, balsámica, reconfortante, ya sea un drama o una comedia, o donde sencillamente reina el buen rollo y uno concibe el mundo como un regazo agradable, como un pezón caliente donde alimentarse, a resguardo de un mundo que se desmorona.

Steve aborda en su película 12 años de esclavitud, la historia real de Salomon Northup, un negro libre, que es secuestrado para ser enviado al sur, como esclavo, y caer en manos del negrero Edwin Epps. Brillante de nuevo Michael Fassbender (un actor camaleónico que bien podría ser ya el sucesor de De Niro).

Si juzgamos o criticamos la forma en la que la violencia, la mezquindad, la crueldad con la que el hombre blanco masacró al hombre negro, considerándolo inferior, parejo a cualquier animal, como algo de su propiedad, con quien por tanto podía hacer lo que le viniera en gana, liberando así toda la inmundicia e ignominia que podemos imaginar, la pelícual es impactante y brillante, y algo descompensada, ya que la primera hora es intensa, y el resto, casi la hora final, abunda en lo reiterativo, sin apenas avances, con un ritmo monocorde, que produce cierto cansancio, aliviado por un final, precipitado, pero deseado por todos.

Viendo a Edwin (y a su impasible esposa que además actúa de correa de transmisión y azuzadora) manejar el látigo, desatar su furia desmedida, con un proceder, en las antípodas del decoro y del menor atisbo de humanismo, no cuesta visualizar un campo de concentración cien años después, donde los nazis, al igual que los negreros, considerándose raza superior, no tenían problemas en aniquilar, reemplazando las plantaciones de azúcar o de algodón por campos de concentración o trabajos forzados y masacrar a otros seres humanos (judíos, gitanos, deficientes..), en la consideración de que no eran más que bestias inmundas e ignorantes.

Para llevar a cabo esta tarea, esta exposición cruda del mal, Steve no se corta un pelo en su puesta en escena, por lo que la película es dura de ver, hiriente, lacerante, explícita en su violencia y cruel, tanto como lo es el comportamiento de Edwin y sus testigos mudos. Ver como un latigo restalla la carne humana, abriendo surcos en la piel, no es agradable de ver, el sufrimiento ajeno tampoco.

Mención aparte para la brillante labor interpretativa de Chiwetel Ejiofor, que ayudado por Fassbender ofrecen ambos unas actuaciones soberbias (igual que el resto del reparto que brilla todo él a gran nivel), memorables, que dan a la historia mayor calado y enjundia.

12 años de esclavitud es una lección de historia reciente, no apta para todos los estómagos, que perdurará, como lo hace el buen cine, como monumento fílmico a la crueldad y la ignominia, a todo aquello que no debiera suceder nunca más
.

Y además pude ver la película en pantalla grande, por tan solo, 3.50 euros, en los Cines Moderno de Logroño. La sala estaba casi llena, así que espero que esta iniciativa, cale y tenga una duración superior a dos meses.

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Eden Lake (James Watkins 2008)

Eden lake poster movie

Dirección y guión: James Watkins. País: Reino Unido. Año: 2008. Duración: 91 min. Género: Thriller, terror. Interpretación: Kelly Reilly (Jenny Young), Michael Fassbender (Steve Taylor), Thomas Gill (Ricky), Jack O’Connell (Brett), Thomas Turgoose (Cooper), Jumayn Hunter (Mark), Finn Atkins (Paige), Bronson Webb (Reece).
Producción: Christian Colson y Richard Holmes. Música: David Julyan. Fotografía: Christopher Ross. Montaje: Jon Harris. Diseño de producción: Simon Bowles. Vestuario: Keith Madden.

Steve decide declararse a su prometida, Jenny en la orilla de un lago, que Steve conoce de cuando era niño. Ahora van edificar en esa zona y esa velada romántica puede convertirse en una experiencia inolvidable. Y de hecho es lo que sucede. Al llegar se topan con unos niños casi adolescentes que les reciben con insultos, con palabras cargadas de desprecio y de violencia. Lo dejan correr y hacen noche en una tienda de campaña frente al lago. A la mañana siguiente el coche en el que fueron ha desaparecido. Se afanan en su búsqueda y tras encontrar a los mozalbetes deben poner pies en polvorosa porque ven que sus vidas corren peligro.

Luego la película sigue una senda recorrida en un alud de producciones similares, lo cual no resta ni un ápice de intensidad y brutalidad a la historia, que se convierte en un lucha encarnizada por sobrevivir, con una Jenny convertida en un trasunto de Stallone en Acorralado.

Steve y Kelly

El climax se sostiene y mantiene hasta un final que es el golpe de efecto perfecto para redondear una película casi rendonda, en su sencillez, logrando angustiar al espectador casi en cada secuencia.

Pocas cosas asustan tanto a los humanos como la violencia injustificada, imprevisible, máxime, si ésta viene de la mano de unos ñiñatos afanados en glosar con letras de sangre la banalidad del mar, la suya.

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Sacrificio (Andrei Tarkovski 1986)

Sacrificio Tarkovksi

Dirección Andréi Tarkovski
Producción Argos
Svenka Filminstitutet (Instituto sueco de filmes)
Guion Andréi Tarkovski
Música Johann Sebastian Bach, Watazumido Shuso
Fotografía Sven Nykvist
MontajeAndréi Tarkovski
Michal Leszczyłowski
Protagonistas Erland Josephson Susan Fleetwood Valérie Mairesse Allan Edwall Guðrún Gísladóttir
Sven Wollter Filippa Franzen
País(es) Suecia, Francia, Inglaterra
Año 1986
Género Drama
Duración 149 minutos

La película de Tarkovski a más de uno, verla, le resultará un sacrificio. Su visionado no es fácil. A Tarkovski le importaba un bledo entretener o divertir a los espectadores. Él estaba a otra cosa, a lidiar con asuntos más importantes que el ocio, temas filosóficos como la vida y la muerte, el perdón, la angustia, la trascendencia, la inmortalidad, etc.

Estamos en Götland, una isla sueca, inhóspita, desolada, fría, donde residen un puñado de personas, en una casa de madera. Vemos a un padre con su hijo plantando un árbol, el padre trata de educar a su hijo transmitiéndole lecciones de vida, luego aparece el cartero, un profesor de historia retirado, afanado en buscar historias extrañas, que está embargado con la lectura de Nietzsche, y el eterno retorno, por ejemplo, y las secuencias se suceden luego en el interior de la casa, donde se mezclan música y pintura, y monólogos, y silencios que perforan.

Y ante unos aviones que surcan el cielo y unas noticias que anuncian un ataque nuclear acontece el derrumbe humano, la necesidad de sobrevivir a través del sacrificio, de la renuncia, de la entrega.

Ciertos directores como Bergman, Trier o Tarkovski hacen películas singulares, derramando en sus películas sus manías, fobias, traumas y su personalidad, en definitiva. Esta película de Tarkovski, la última que rodó antes de morir de un cáncer de pulmón, resulta desasogante en extremo, asfixiante, por su carácter simbólico, por la opresión medioambiental, lo que se ve incrementado por una banda sonora que lleva al desquiciamiento, sostenida toda la película en algo parecido a un limbo hipnótico, durante esas 24 horas en las que se desarrolla.

Hay por ahí en internet páginas maravillosas donde analizan la película casi minuto a minuto. A mí me ha gustado. Iba avisado, sabía a lo que me enfrentaba. Un desafío. Hay imágenes en Sacrificio que estoy seguro que recordaré en el futuro. Eso no lo puedo decir de muchas películas, casi de ninguna.

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