Archivos de la Categoría 'Cine Francés'

Le guetteur (Michele Placido 2012)

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Desconozco si esta película francesa del año 2012, Le guetteur, traducida aquí como el Francotirador, se ha llegado a estrenar o no en los cines españoles. Si es así, no nos hemos perdido gran cosa, porque la película es regular tirando a mala o a rematadamente mala, por jugar con términos balísticos.

El título nos saca de dudas enseguida. El protagonista es Kaminski (Matthieu Kassovitz), un francotirador, ya saben, esos hombres (¿hay francotiradoras?) que se asientan en los azoteas y tejados de los inmuebles para disparar tranquilamente, parapetados en su lejanía e invisibilidad.

Kaminski trabaja con un grupo de ladrones, y mientras estos delinquen, él dispara, cubriendo su retirada. La secuencia inicial, rodada en las calles de París, es espectacular, el resto del metraje tedioso, caótico y sonrojante.

Tras la pista de los ladrones está Mattei (Daniel Auteuil) un inspector, cuyo hijo fue un soldado que murió en Afganistán, con apenas 30 años. Sabremos luego que era un tirador de élite, que formaba parte del equipo de Mattei (sí, este es un militar retirado o desertado), que algo sucedió y que el hijo del inspector acabó muerto.

Parece que los tiros van por dilucidar si Mattei dará con Kaminski, si conseguirá echarle el guante, pero no. Por medio se cruza un médico clandestino, un asesino en potencia y en acción que lleva años matando jóvenes mujeres, cuyas acciones salen a la luz cuando un miembro de la banda es herido y acaban en el quirófano clandestino del Doctor Muerte, el cual además de sádico es avaricioso y no puede menos que devanarse los sesos buscando la manera de quedarse con tamaño botín.

A medida que avanza la película el interés proporcionado por la misma se reduce a la mínima expresión, el guión brilla por su ausencia, las secuencias se suceden sin la menor chispa, por más violencia que halla en las mismas, se van mezclando distintos géneros (cine negro, bélico, gore, atracos, asesino en serie), escenas vistas o intuidas en otras películas similares y de ese batiburrillo de esa mezcla tan alocada, no sale nada bueno, salvo la palabra fin, que da conclusión a la película.

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Si el cine francés brilla a veces a gran nivel, ofreciendo películas de acción consistentes, profundas y equilibradas, en otras ocasiones, el resultado como acontece con Le Guetteur, es una película huera, simplona, epidérmica, previsible, pretenciosa e insignificante, donde no hay emoción, ni suspense alguno.

La dirige Michele Placido, responsable de la estupenda Romanzo Criminale, y su hija es Violante Placido, que da vida en el film a Anna, cuyo rostro os sonará de haberla visto en El americano, junto a George Clooney.

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Dos días una noche (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne 2014)

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Los hermanos Dardenne siguen metiendo una y otra vez el dedo en la llaga con cada una de las películas que realizan. Cine social, respaldado unánimemente tanto por la crítica como por el público.

En esta ocasión la pregunta que nos plantean es. ¿Estarías dispuesto a renunciar en tu trabajo a un bono de 1.000 euros a cambio de que una compañera de trabajo, que está a punto de ser despedida, mantuviera su puesto de trabajo?.
La empresa es una PYME, no una multinacional deshumanizada e impersonal, sino una empresa familiar donde para bien o para mal se conocen todos.

La empresa la integran 16 empleados, 17 contando a la protagonista, Sandra. La cual recibe el viernes la noticia de que va a ser despedida, tras una votación realizada, en la que la mayoría de sus compañeros han optado por el bono.
Tras insistir a su jefe, éste accede a realizar una nueva votación, secreta, el lunes, de tal modo que si una mayoría quiere que Sandra permanezca,renunciando al bono, él acatará la decisión.

Sandra dispone entonces de todo el fin de semana para visitar a todos sus compañeros y compañeras de trabajo, de muchos de los cuales no sabe donde viven y cuya dirección debe buscar en la guía telefónica o bien lograr las direcciones a través de otros compañeros, en un carrera frenética contra el reloj.

El problema es que Sandra acaba de salir de una baja de varios meses por depresión y sus jefes han llegado a la conclusión de que se puede hacer el mismo trabajo con 16 personas (aunque sea preciso recurrir a alguna hora extra) que con 17 y que por tanto no les es necesaria (no olvidemos que para cualquier empresa, grande o pequeña, la contratación de personal y el gasto que acarrea es un mal mayor, de ahí que se traten de ajustar las plantillas al máximo)

Gracias a la ayuda del marido de Sandra (ayuda ofrecida en parte de forma interesada, en cuanto que vivir únicamente con el sueldo de él les obligaría a dejar la casa y volver a una vivienda social y en parte desinteresada, fruto del amor que siente por su mujer y la necesidad de verla restablecida, útil, valiente, animosa), ésta encuentra en su interior la determinación y el empuje necesario para dar la cara, aunque se la partan, yendo al encuentro de sus compañeros de trabajo, fuera del recinto físico donde conviven varias horas al día.

Sandra baja la calle, coge el autobús y va al encuentro de ellos en sus domicilios, en la calle, en los lugares donde trabajan de forma clandestina, en canchas de fútbol donde ejercen como entrenadores, en lavanderías del barrio, en zonas periféricas, y una vez allí, cara a cara, les pedirá mirándoles a los ojos, con un nudo en la garganta, que renuncien al bono a cambio de que ella no pierda su puesto de trabajo.
Situación que para los interpelados va mucho más allá de dar un sí o un no, o un ya me lo pensaré como respuesta, porque esa decisión adoptada, tendrá una trascendencia, porque esa respuesta es algo que los definirá como seres humanos, que los hará sentirse orgullosos o viles, donde habrán de poner en claro qué es lo importante en este asunto, si lo humano, si lo crematístico o incluso lo divino, porque hay quien tomará su decisión en base a sus creencias religiosas, encaminadas al buen proceder, a seguir el camino de la justicia, de lo que considera cada cual como correcto.
Una pregunta cuya respuesta no es fácil, ya que el sí o el no, no es algo objetivo, dado que la respuesta de cada uno está en función, depende, de quién es la persona que se va a la calle, de quien es la persona que te pide que hagas ese esfuerzo económicos. Para unos Sandra, es un compañera de trabajo y nada más. No sienten pues ninguna relación especial con ella e incluso hay quien la ve como una jeta, la cual tras estar de baja por depresión (enfermedad que suscita muchas suspicacias en terceras personas), ahora les pide que renuncien a un dinero a cambio de su permanencia, cuando ésta ni les va ni les viene. En otros casos, votar por ella le supondría al votante (con pocos meses en la empresa) que la renovación de su contrato estuviera en el aire en el futuro, y también hay historias de fondo, de solidaridad laboral pretérita, donde Sandra arriesgó entonces su puesto por defender a a un compañero, que ahora tiene la oportunidad de devolverle el favor, para no caer muerto de la vergüenza. Como se verá, la decisión de cada uno, ya no es una cuestión de dinero o no, pues todos mantienen un estatus laboral y económico precario (clase media-baja), y excusas para negarse siempre encontrarán, tantas como para ayudar a Sandra.

Sandra lucha con coraje por su puesto de trabajo, por su dignidad, pero a su vez tiene la sensación de que esto que hace no es otra cosa que mendigar, que si la gente la apoya, es por compasión, por pena, solidarizándose con su desgracia y desamparo.

La película rehuye lo maniqueo y es todo lo compleja que se quiera, tratando de abarcar en su galería de personajes, tantas situaciones como pueden darse en la realidad, rehuyendo también de lo sentimental, lo que no impide que Sandra no pueda menos que llorar a cada rato, dudando de sí misma, encontrando no obstante la fuerza para pelear, para luchar, para dar la cara y no esconderse, ni huir y anularse bajo la ingesta de pastillas, para hacer valer su dignidad (eso que nos caracteriza y ennoblece), y ahí la película es inapelable, potente, bella y necesaria.

Si Sandra consigue mantener después de su periplo de fin de semana, de su vía crucis particular, su puesto de trabajo o no, llegado el caso, no importará, no será determinante.

Sandra supera (o va camino de superarla) la depresión gracias a la confianza que encuentra en su interior para plantar cara (o mirar a los ojos) a sus compañeros, a su jefe, para defender sus convicciones y su puesto de trabajo, para en definitiva (!menudo final!) ser consecuente de sus actos u omisiones.

Marion Cotillard

Marion Cotillard

Marion Cotillard deja el star-system americano, vuelve a la patria gala, se pone el mono de faena, se mete en el papel de lleno y borda su interpretación. La película es sobresaliente entre otras cosas gracias a su natural, espontánea y sentida interpretación, la cual no puede ser más veraz, intensa y creíble. Sandra, es ya, por derecho propio, una heroína moderna.

No tenéis excusas para no verla. O sí, pero de todas modos, verla.

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Sacrificio (Andrei Tarkovski 1986)

Sacrificio Tarkovksi

Dirección Andréi Tarkovski
Producción Argos
Svenka Filminstitutet (Instituto sueco de filmes)
Guion Andréi Tarkovski
Música Johann Sebastian Bach, Watazumido Shuso
Fotografía Sven Nykvist
MontajeAndréi Tarkovski
Michal Leszczyłowski
Protagonistas Erland Josephson Susan Fleetwood Valérie Mairesse Allan Edwall Guðrún Gísladóttir
Sven Wollter Filippa Franzen
País(es) Suecia, Francia, Inglaterra
Año 1986
Género Drama
Duración 149 minutos

La película de Tarkovski a más de uno, verla, le resultará un sacrificio. Su visionado no es fácil. A Tarkovski le importaba un bledo entretener o divertir a los espectadores. Él estaba a otra cosa, a lidiar con asuntos más importantes que el ocio, temas filosóficos como la vida y la muerte, el perdón, la angustia, la trascendencia, la inmortalidad, etc.

Estamos en Götland, una isla sueca, inhóspita, desolada, fría, donde residen un puñado de personas, en una casa de madera. Vemos a un padre con su hijo plantando un árbol, el padre trata de educar a su hijo transmitiéndole lecciones de vida, luego aparece el cartero, un profesor de historia retirado, afanado en buscar historias extrañas, que está embargado con la lectura de Nietzsche, y el eterno retorno, por ejemplo, y las secuencias se suceden luego en el interior de la casa, donde se mezclan música y pintura, y monólogos, y silencios que perforan.

Y ante unos aviones que surcan el cielo y unas noticias que anuncian un ataque nuclear acontece el derrumbe humano, la necesidad de sobrevivir a través del sacrificio, de la renuncia, de la entrega.

Ciertos directores como Bergman, Trier o Tarkovski hacen películas singulares, derramando en sus películas sus manías, fobias, traumas y su personalidad, en definitiva. Esta película de Tarkovski, la última que rodó antes de morir de un cáncer de pulmón, resulta desasogante en extremo, asfixiante, por su carácter simbólico, por la opresión medioambiental, lo que se ve incrementado por una banda sonora que lleva al desquiciamiento, sostenida toda la película en algo parecido a un limbo hipnótico, durante esas 24 horas en las que se desarrolla.

Hay por ahí en internet páginas maravillosas donde analizan la película casi minuto a minuto. A mí me ha gustado. Iba avisado, sabía a lo que me enfrentaba. Un desafío. Hay imágenes en Sacrificio que estoy seguro que recordaré en el futuro. Eso no lo puedo decir de muchas películas, casi de ninguna.

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Operación E (Miguel Courtois 2012)

Operacion EPelícula: Operación E.
Dirección: Miguel Courtois Paternina.
Países: España y Francia.
Año: 2012.
Duración: 108 min.
Género: Drama, thriller, bélico.
Interpretación: Luis Tosar (José Crisanto), Martina García (Liliana).
Guion: Antonio Onetti; basado en un argumento de Ariel Zeïtoun.
Producción: Marisa Castelo, Ariel Zeitoun, Farruco Castromán, Cristina Zumárraga y Luis Tosar. Música: Thierry Westermeyer.
Fotografía: Josu Incháustegui.
Montaje: Jean-Paul Husson.
Dirección artística: Gonzalo Martínez.
Distribuidora: DeAPlaneta.

Después de ver el trepidante trailer de Operación E y sabedor de que en la película trabaja el que posiblemente junto a Javier Bardem sea el mejor actor español de todos los tiempos, hablo de Luis Tosar, tenía muchas ganas de ver esta película.

El trailer está muy bien. La película no tanto. En el trailer tenemos la ilusión de que vamos a ver una película trepidante, de hecho casi todas las imágenes que vemos son acciones en movimiento, donde vemos una avión, un helicóptero, coches, una bici, embarcaciones surcando un río, gente corriendo por la selva, etc. Esto nos hace pensar que la película será un no parar, un producto fílmico vibrante y apasionado. No es así. La película a la que le sobra un cuarto de hora, como poco, es espectacular sobre el papel. Pero la gracia, el busilis del asunto fílmico, está en conseguir que esa historia que tiene tan buena pinta, una historia que además está basada en hechos reales, llegue a golpear al espectador, a cogerlo por las solapas y no soltarlo hasta el final.

El problema del film es que o te implicas emocionalmente desde el comienzo con las penurias que sufre José Crisanto y los suyos, o sino, todo cuanto se ve te resbala.
José Crisanto, vive en Colombia, en la selva, junto a su mujer y sus muchos hijos. Los paramilitares les hicieron la vida imposible y ahora la tierra en la que moran está en manos de las FARC. A este grupo terrorista José debe venderles la coca que siembra a precio de saldo y debe luchar, jugándose el tipo, para que sus dos hijos mayores, ni siquiera adolescentes, no sean reclutados, a la fuerza, por la Guerrilla.

Un buen día, una de las mujeres que tienen secuestradas las FARC, da a luz, y a José y a su familia, le encomiendan la misión de salvar la vida del recién nacido. En medio de la selva, sin medicamentos y casi a la intemperie, los problemas crecen y se magnifican. Al final deben dejar la selva y buscar resguardo en la ciudad, donde encontraran algo de paz, una vez que el pequeño sea entregado a los servicios sociales y dado en adopción. El problema vendrá cuando las FARC quieren recuperar al crío, para usarlo como elemento de canje en las negociaciones que el entonces presidente Colombiano, Álvaro Uribe, está llevando a cabo con las FARC.

Echo en falta más ritmo y mayor hondura en la historia, la cual da muy poco de sí. Lo mejor, sin duda, es la interpretación de Luis Tosar. Más allá de medir en qué grado Tosar es capaz de parlar en Colombiano, su cara lo dice todo, y una de sus miradas es capaz de expresar toda la rabia, frustración y desesperanza que atraviesa en esa peripecia vital, que encima acaba mal.

Al parecer, a la hora de rodar esta película era condición imprescindible por parte de los productores, que el actor fuera español. Y ahí surgió Tosar, todo un acierto.

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De Dioses y hombres (Xavier Beauvois 2010)

De dioses y hombres portada películaPelícula: De dioses y hombres. Título original: Des hommes et des dieux.
Dirección: Xavier Beauvois.
País: Francia. Año: 2010.
Duración: 120 min. Género: Drama.
Interpretación: Lambert Wilson (Christian), Michael Lonsdale (Luc), Jacques Herlin (Amédée), Philippe Laudenbach (Célestin), Xavier Maly (Michel), Loïc Pichon (Jean-Pierre), Olivier Rabourdin (Christophe), Jean-Marie Frin (Paul), Olivier Perrier (Bruno).
Guion: Xavier Beauvois y Etienne Comar.
Producción: Martine Cassinelli y Frantz Richard.
Fotografía: Caroline Champetier.
Montaje: Marie-Julie Maille.
Diseño de producción: Michel Barthelemy. Vestuario: Marielle Robaut.

De Dioses y hombres entra dentro de ese grupo de películas imprescindibles que es necesario ver se quiera o no. A priori el argumento no parece muy atrayente. Un grupo de monjes cistercienses viven en 1996 en Tibhirine (Argelia), integrados en la zona, conviviendo pacificamente con los musulmanes que los rodean, cuando debido a tensiones políticas, unos integristas, metralletas en ristre, merodearán por el lugar y siendo unos terroristas yihadistas y los otros religiosos católicos no hay que ser un lumbreras para imaginar cómo va a acabar todo aquello: como el Rosario de la Aurora.

La historia está basada en hechos reales.

Lo que más me ha fascinado es que siendo uno no creyente, una historia que tiene por protagonistas a unos religiosos me haya atraído tanto. El caso es que esos religiosos son personas volcadas y entregadas a los demás, ese tipo de personas que hacen el mundo mejor, empezando por los que viven en él. En momentos duros que quien te ayude o haga tu vida más fácil o menos dolorosa, lleve o no hábito es irrelevante. Así, este puñado de seres humanos de distintas etnias, creencias y religiones se mueven por códigos de respeto, tolerancia y solidaridad recíproca.

Los religiosos se interesarán por la cultura presente en el país que pisan, por conocer el Corán, por tender puentes entre las distintas culturas y religiones que tienen demasiadas cosas en común como para obviarlas.

Ese mensaje de paz, convivencia y fraternidad que flota en el aire, es el que impregna toda la película. El martirio al que los religiosos se ven abocados, voluntariamente, pues deciden todos ellos permanecer en el convento y que ocurra lo que Dios quiera, resulta desgarrador, pero sin sentimentalismos.

Cada uno trata de convercerse a sí mismo de que lo que hacen es lo correcto, que huir no es la solución, que morir es la última renuncia, pero todo lo anterior no quita para estos hombres que no son Dioses duden, recelen, lloren, se entristezcan y se aflijan y que sus caras sean un poema trágico cuando suene El Lago de los cisnes de Tchaikovsky..

Surgen un montón de preguntas por parte de los monjes acerca del valor o del sentido que tiene el martirio, y el sacrificio, para qué sirve entregar una vida sin luchar, sin oponer, y ese alma incendiada de dudas y temores tratará de ser sofocada a través de la razón teológica, tratando de dejar de lado esos afanes corpóreos para ser sólo espíritu, concepto, idea.

Muertes que serían tan límpidas y níveas como las vidas que les han precedido.

Los actores brillan todos a tal nivel que uno no tiene la sensación de ver a alguien actúar, sino visionar fragmentos del alma humana, puestos ante nuestros ojos para nuestro gozo y disfrute. La labor de los actores Lambert Wilson (Christian), Michael Lonsdale (Luc) entra dentro de lo sublime.

Una película desgarradora, humanista y maravillosa.

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El muerto y ser feliz (Javier Rebollo 2012)

El muerto y ser feliz portada pelicula Javier Rebollo 2012Película: El muerto y ser feliz. Dirección: Javier Rebollo.
Países: España, Argentina y Francia.
Año: 2012. Duración: 94 min.
Género: Comedia negra.
Interpretación: José Sacristán (Santos), Roxana Blanco (Érika), Valeria Alonso, Jorge Jellinek, Lisa Caligaris (Alejandra), Fermí Reixach (Santiago), Vicky Peña, Carlos Lecuona.
Guion: Lola Mayo, Javier Rebollo y Salvador Roselli.
Producción: José Nolla, Lola Mayo, Damián París y Luis Miñarro. Fotografía: Santiago Racaj. Montaje: Ángel Hernández Zoido.
Dirección artística: Miguel Ángel Rebollo.
Vestuario: Marisa Urruti.

Quien busque una película alegre, divertida, personajes simpáticos y ufanos, parajes paradisiacos, diálogos trillados, encuadres perfectos, una fotografía deliciosa, le recomiendo que no vea El muerto y ser féliz.

El muerto al hoyo y el vivo a ver las películas de Rebollo.

Rebollo es director de cine. Lo descubrí con La mujer sin piano. Si la has visto sabrás que Rebollo es especial, que para él, el cine es otra cosa, a lo que significa para el público y para otros muchos directores. Así que o te gusta y te magnetiza o te echa de su lado sin remisión. A mí me ha enganchado. Y me apetece hablar de El muerto y ser feliz porque me ha gustado mucho.

La película es más rara que un perro verde, eso de entrada. Comienza con un señor en un parque, enfocado desde arriba, reducido casi al tamaño de un playmobil, mientras una vez en off nos va narrando lo que sucede. Que una mujer se acerca al caballero para darle morfina.

El caballero de la triste figura no es otro que Santos, quien va camino de palmarla porque en su cuerpo moran tres tumores diferentes. Santos ha sido asesino profesional. Recibe un encargo que no lleva a buen puerto. Y decide poner tierra por miedo.

Estamos en Argentina. Un país que habida cuenta de su extensión es ideal para pergeñar algo parecido a una road-movie.
En una gasolinera, una mujer, Érika, se introduce en el auto, en su asiento trasero. Se baja, se va caminando, es renga, es coja. Luego Santos la acoge en su auto, en su seno, en su vida. Así, casualmente, sin comerlo ni beberlo, Santos que va camino de su extinción y Érika que sólo quiere huir, se abrazan en un recorrido de casi 5000 km por carreteras argentinas, al tiempo que se van conociendo. Un conocimiento respectivo, sútil e inteligente, con unos diálogos y situaciones de las que solo Rebollo es capaz de crear.

Sacristan se muestra patético. Lo vemos apalizado, fofo, desnudo, derrumbado, socavado, en las últimas. A su lado la gran actriz Roxana Blanco (maravillosa en La demora), cuya cara de tristeza y aflicción, te empapa el ánimo como una mortaja. Y así a lo tonto, van pasando los minutos, los kilómetros, la vida, registrado con una fotografía arenosa, sucia, surcando caminos de tierra, poblaciones dejadas de la mano de Dios, donde la gente vive y canta y festeja.

Respecto a la voz en off, es obra de Lola Mayo y Rebollo, los guionistas de la película. Si al principio nos ensanchan lo que vemos y anticipan lo que va a pasar o está pasando al final esa voz en off está tan perdida como todos los demás y ya no logra interpretar ni anticipar nada, porque la sombra acaba anticipando al cuerpo.

El muerto y ser feliz una obra arriesgada, singular, original, creativa y bella.

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Los últimos días (Alex y David Pastor 2013)

Los últimos días Hermanos Pastor entradas cine

Película: Los últimos días. Dirección y guion: Àlex Pastor y David Pastor.
Países: España y Francia. Año: 2013. Duración: 103 min.
Género: Thriller, drama, ciencia-ficción. Interpretación: Quim Gutiérrez (Marc), José Coronado (Enrique), Marta Etura (Julia), Leticia Dolera (Andrea), Iván Massagué (Lucas). Producción: Alberto Marini, Pedro Uriol, Mercedes Gamero y Kristina Larsen. Música:
Fernando Velázquez. Fotografía: Daniel Aranyó. Montaje: Martí Roca.
Dirección artística: Balter Gallart. Vestuario: Olga Roda

De los hermanos Pastor (David y Àlex) había comentado su anterior trabajo, la muy recomendable “Infectados“, en la cual combinaban con acierto los elementos apocalípticos, revestidos de una pandemia que asolaba a la humanidad y convertía a los humanos en zoombies, que se infectaban los unos a los otros, con elementos dramáticos, dado que los personajes debían elegir entre buscarse la vida solos (o en compañía de no afectados) o preferir la compañía de sus seres queridos, aunque hubieran sido infectados, abocados a sí a una muerte ciertas.

Los últimos días, sigue un esquema similar. La acción transcurre en Barcelona. En ella habitan el prota, Marc, y su mujer, Julia. Marc trabaja en una empresa como informático, progamando líneas de código, encargado de la seguridad virtual. Julia quiere tener un hijo y se está cansando de las negativas reiteradas de Marc a quien el momento actual le parece cuaquier cosa menos propicio.

Los noticieros dan cuenta de ciertos suicidios de personas que no son capaces de abandonar sus edificios y acaban quitándose la vida. Marc siente algo extraño en el ambiente. Lo que es un pálpito se concreta cuando uno de sus compañeros de trabajo que lleva varios días sin salir de la oficina, viviendo allí a escondidos, es despedido. Dejar el edificio le supone una muerte fulminante. Fenecerá en los brazos de Marc.

Luego en los medios hablarán de la enfermedad que comienza a cundir entre la población: la agorafobia, el miedo a los espacios abiertos.
Esto condicionará la vida de los ciudadanos que comienzan a buscarse la vida en el subsuelo, en las vías del metro, en los centros comerciales, en las estaciones, en sitios que no les suponga salir al exterior.

Marc quiere saber qué ha sido de Julio y Enrique comprobar cómo está su padre, a quien dejó en un hospital. Es esa búsqueda lo que hace que esta pareja no se hunda, siendo esas sus razones para vivir y en ello se afanarán con uñas y dientes, ayudándose entre ambos, si bien el punto de partida no es el mejor, dado que Enrique quería ver fuera de la empresa a Julio como Responsable de los Recursos Humanos que era.

El ritmo está bien dosificado, el climax va in crescendo, alternando momentos de gran acción con otros de alta tensión dramática, otros en los que la historia se acelera y otros en los que se ralentiza, para coger impulso, momentos en los que los protagonistas tienen ganas de dejarlo todo y abandonarse y otros de seguir hasta el final y morir matando.

Quim Gutiérrez y José Coronado
cumplen a la perfección en sus respectivos papeles. Se complementan bien. Quim sale ojeroso, compungido, atormentado, pueril, quejoso y llorica, pero a pesar de todo es tal el amor que siente con Julio, tal la fuerza magnética del posible reencuentro, que se dejará la piel para tratando de encontrarla. Coronado sigue haciendo encarrilando buenos trabajos, aquí en la piel de un delfín blanco que nada en soledad, un hombre sobrio, cuyo padre es el elemento catártico, su último bastión antes de abrzarse al gran infinito.

El dinero invertido luce muy bien, el aspecto apocalíptico de la ciudad condal está bien conseguido, la panda de barbudos, greñudos y hombres-ratoniles que pueblen los subsuelos son una gran labor de vestuario.

Los hermanos Pastor consiguen una película entrenida, vibrante, dramática y apocalíptica a partes iguales con secuencias de gran intensidad. A quien guste el cine palomitero americano, este producción nacional en nada desmerece, y además sube bastante el nivel con producciones similares.
Cine de consumo nacional de calidad y fácilmente exportable.

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Darling (Christine Carrière 2006)

Darling poster movieAutor de la obra original : Jean Teulé
Guionista : Christine Carrière
Elenco: Marina Foïs, Gillaume Canet, Anne Benoit
Director de fotografía/imágen : Gordon Spooner
Ingeniero de sonido : Éric Rophé
Asistente de cámara : Julien Bureau
Directora de producción : Marie-Jeanne Pascal
Encargados de prensa (pelicula) : Myriam Bruguière, Olivier Guigues
Montadoras : Matilde Grosjean, Martine Barraqué
Escenógrafo : Antoine Platteau
Música : Nicolas Haas
Vestuarista : Catherine Boisgontier
Mezcladores : Christophe Winding, Christophe Vingtrinier
Director de producción asistente : Grégory Valais
Géneros : Ficción
Subgéneros : Comedia dramática
Idioma de rodaje : Francés
Nacionalidad : 100% francesa (Francia)
Año de producción : 2006
Duración : 1h 33mn

Darling es una película sin concesiones al espectador. Quien guste de un dramón en condiciones Darling le gustará, porque la vida que lleva la protagonista no puede ser más triste y desaladora. Al final del film leemos que está basado en hechos reales. Ahí es nada.
La película es francesa y la protagonista aparece en la sala de un médico, que se sorprende y mucho de que a la vista de las radiografías, la responsable de las mismas todavía esté viva, habida cuenta de cómo está su cuerpo de machacado.
A partir de ahí se nos cuenta la historia de la joven, la cual vive en una casa pegada a un carretera muy transitada por camiones, que odia realizar las actividades agrícolas que le encomiendan sus padres, agricultores.
En cuanto puede se busca la manera de salir de allí y logra trabajar como ayudante en un horno de pan, donde la chica trabajará de lunes a viernes. Luego el fin de semana vuelve el horror familiar.
A la pobre le dan por todas partes, sus padres parecen bestias y no cejan en su empeño de menospreciarla y nunca valorar nada positivo en ello.
Viendo el film parece que un error lleva a otro error, que hay personas que nacen estrelladas y hagan lo que hagan siempre encontrarán a su alrededor gente maldavada y despreciable que las veje y humille hasta lo dantesco.
A pesar de todo, esa voz de la protagonista que nos va contando la historia, trata de restar dramatismo a la misma, quizá para no volverse loca de remate.
En esa caída libre el papel de la actriz Marina Foïs es espectacular. Su labor interpretativa es encomiable. Su cara un poema. A su lado un Guillaume Canet notable en su papel de hombre despreciable. Valiente Romeo.
La directora Christine Carrière imprime un ritmo endiablado a su propuesta y apenas hay ocasión de digerir tanta brutalidad como uno va visionando. Al final a pesar de todo parece haber una puerta abierta a la esperanza. Una flor en ese desierto.
Una película tan dura y desoladora como maravillosa.

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This must be the place (Paolo Sorrentino 2011)

This must be the place cartel película SorrentinoPelícula: Un lugar donde quedarse (This must be the place). Título original: This must be the place.
Dirección: Paolo Sorrentino.
Países: Italia, Francia e Irlanda.
Año: 2011. Duración: 118 min.
Género: Comedia dramática. Interpretación: Sean Penn (Cheyenne), Frances McDormand (Jane), Eve Hewson (Mary), Judd Hirsch (Mordecai), Kerry Condon (Rachel), Harry Dean Stanton (Robert Plath), Joyce Van Patten (Dorothy Shore), David Byrne (él mismo), Olwen Fouéré (madre de Mary), Shea Whigham (Ernie Ray).
Guion: Paolo Sorrentino y Umberto Contarello; basado en un argumento de Paolo Sorrentino. Producción: Francesca Cima, Nicola Giuliano y Andrea Occhipinti. Música: David Byrne, con letras de Will Oldham.
Fotografía: Luca Bigazzi. Montaje: Cristiano Travaglioli. Diseño de producción: Stefania Cella. Vestuario: Karen Patch

A Paolo Sorrentino merece la pena seguirle la pista. Quién haya visto sus anteriores trabajos: L´uomo in piú, Le conseguenze dell´amore o Il divo sabe que Sorrentino tiene un mundo propio, su propio universo.

Esto en sí mismo no es bueno ni malo, pero testifica su singularidad como artista, que lo es.

En esta película Sorrentino decidió cruzar el charco e irse a rodar a los Estados Unidos, contando como protagonista principal con Sean Penn, el cual ya sabemos que no le tiembla el pulso a la hora de elegir sus papeles.

Aquí Penn encarna a Cheyenne un hombre cincuentón, que hace 30 años triunfó en la música, hasta que lo dejó, atormentado con la muerte de dos fan que se suicidaron quizá influenciados por sus letras góticas, tristes, deprimentes. Lo estético se volvió existencial o mejor, dejo de ser existencia gracias a la música y Penn desde entonces carga no solo con esa cruz, sino también con el hecho de no haber visto a su padre en treinta años, y volver a reencontrarse con él en un tanatorio.

Cheyenne sale de Dublín, donde vive junto a su mujer, para saldar las deudas con su pasado. En el entierro de su padre, judío, descubre cómo este sufrió la humillación por parte de un nazi, en campo de concentración, el cual todavía vive en una caravana en medio de la nada.

Sí, el viaje exterior, esa travesía por unos Estados Unidos inmensos, de carreteras interminables, donde el gris del asfalto se funde con el horizonte, supone a su vez un viaje interior en Cheyenne que debe mudar la piel, o más bien desprenderse de su máscara, vaciar lo estético para que aflore lo existencial, dejar esa depresión y tristeza que lo lastra, para soltar lastre, recuperar el cariño de su padre a través de un acto heroico y nada más heroico que una venganza. Y luego seguir viviendo.

Sorrentino logra hipnotizar, con esa combinación alquímica, de imágenes y música (una banda sonora de David Byrne brillante). Ciertos encuadres son de la marca Sorrentino, también su forma de arañar las historias, de mostrar seres descarnados, perdedores, que llevan su cruz a cuestas o en este caso una maleta con ruedas.

La escena en la que Cheyenne conversa con un hombre tatuado en la barra de hablar acerca de la bondad y la compasión es impagable.

Grazie Sorrentino.

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La horda (Yannick Dahan Benjamin Rocher 2009)

La horda cartel peliculaDirección: Yannick Dahan y Benjamin Rocher.
País: Francia.
Año: 2009.
Duración: 97 min.
Género: Terror.
Interpretación: Claude Perron, Jean-Pierre Martins, Eriq Ebouaney, Aurélien Recoing, Yves Pignot. Guión: Arnaud Bordas, Yannick Dahan, Stéphane Moassakis, Nicolas Peutafaillit y Benjamin Rocher. Producción: Raphaël Rocher.
Música: Christopher Lennertz.
Fotografía: Julien Meurice.
Montaje: Dimitri Amar.
Diseño de producción: Jérémie Streliski.
Vestuario: Priscilla Van Sprengel.

El cuerpo de un hombre aparece tirado en una cuneta, asesinado, con las manos atadas en la espalda. Sobre la loma, un hombre mira el cadáver de su amigo con los ojos arrasados reconcomido en su fuero interno por la sed de venganza. Resulta que el asesinado es un poli, y cuatro de sus compañeros, deciden vengar su muerte, dado que ellos son una “hermandad”. Tras apalizar a un hombre, logran conocer el paradero de los que mataron a su amigo, que residen en un bloque en la periferia y deciden hacerles una visita y no de cortesía.

Allí irán los cuatro en misión especial y secreta. El tiro les sale por la culata, o más bien les estalla en plena jeta pues no tardan mucho en perder un efectivo y el éxito de su misión pende de un hilo.

Hasta ahí algo convencional: el deseo de venganza es tan propio de la naturaleza humana como la bondad, los celos, la alegría o la tristeza. Lo que deja de ser convencional es cuando de repente se oyen unos ruidos salvajes, monstruosos. Lo que se avecina no son los refuerzos de los polis, que no hay, sino Zoombies. Como es clásico en el género, los zoombies, no sé porque motivo, siempre se mueven frenéticos hacia todas las partes, retorciéndose como si tuvieran dolor de tripas, arman mucho jaleo, siempre tienen sed de sangre y hambre de carne humana, no les afectan las balas y mueren cuando les arrancan o revientan la cabeza, en resumen, la retahíla de tópicos zoombicos que hemos visto cienes de veces.

Ante la inopinada presencia de los zoombies, los policías y los cacos dejan de lado sus rencillas, y llegan a la conclusión de que tiene más posibilidades de éxito si están juntos que si actúan por su cuenta. Así que se juntan los tres polis y los tres cacos y deciden buscar una salida al edificio en cuyas inmediaciones pululan los zoombies.

La película es bruta a más no poder. La sangre impregna cada resquicio del inmueble; paredes, techos, barandillas, ventanas, pomos, etc, la barbarie enajena a los protagonistas y su belicosidad corre próxima al paroxismo. En ese bacanal de sangre, surge un personaje que es lo mejor del film, un abuelete que hacha en mano les va dando para el pelo a los zoombies. Tras haber combatido en Vietnam, tiene ahora la ocasión de recordar esos “Glory Days”, que diría El Boss, y desempolvar todo un arsenal a la espera de ser empleado en una gran ocasión como la presente.

De las motivaciones de los personajes no sabremos mucho porque los tiros no van por ahí, sino que van destinados a hacer picadillo a los zoombies. El ritmo de la película es frenético, no hay tregua, lo brutal y lo gore se dan la mano en un orgía de sangre y violencia explícita que lejos de repeler engancha, aunque esto depende de gustos.

El cine francés sigue ofreciendo interesantes producciones de terror: Haute Tension o Vertige son dos ejemplos.

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