Archivos de la Categoría 'Crítica'

La oveja Shaun (2015)

La oveja Shaun

No solemos hablar aquí apenas de películas de animación o de aquellas rodadas bajo el sistema del Stop Motion, Claymation (Plastilina). No sé por qué razón, pero cuando veo películas como ‘Wallace and Gromit’ o ‘Pirates’ no puedo menos que quitarme el sombrero ante semejante derroche de imaginación, talento, sabiduría y buen humor.

Con la Oveja Shaun diré algo parecido. No me veo capaz de decir si es mejor o peor que las dos películas arriba citadas, pero sí diré que me ha encantado, que he disfrutado muchísimo con esta preciosa historia de amistad, donde sin necesidad de diálogos, estaremos una hora y media en suspense, siguiendo las andanzas de un rebaño de ovejas que dejan la granja para ir en la búsqueda de su patrón, de su granjero, de su amigo, a quien sin quererlo han mandando en una roulette a la Ciudad de Londres, sin su consetimiento y donde si comerlo ni beberlo, el granjero deviene un peluquero famoso.

El guión no da tregua y se suceden los gags, todos ellos estupendos, donde no faltan los guiños a otras películas, como ese gato que parodia al Anibal Lecter de El Silencio de los Corderos, o ese perro que lleva tatuados los dedos con palabras como LADRO o MUERDO, o esa oveja con dotes grafiteras a lo Bansksy, lo que les permite huir, de momento, de ese hombre obsesinado con dar caza a los animales.

Si queréis pasar un rato entretenido, ante una película de imaginación e ingenio desbordante y humor a raudales, esta película es una opción inmejorable. Además podeís ir con niños o sólos, porque si la disfrutan los niños, los adultos ni os cuento.

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It follows (2014)

It folows

En el género del terror, y en casi todo los géneros fílmicos todo está más que trillado. A pesar de lo anterior, It follows, sin que sorprenda en demasía al espectador curtido en películas terroríficas, al menos éste tendrá la oportunidad de ver un film que mantiene el pulso desde el comienzo, y que gracias a una banda sonora desasosegante, una actriz principal (Maika Monroe) que borda su papel y una historia que bebe de otras muchas películas similares deja un muy buen sabor de boca, cierto regusto a metal, algo acerado y frío.

En su día recuerdo haber visto una película, Fallen, si no recuerdo mal, donde la gente estaba maldita y al tocar a otra persona le transfería su mal. Esto es algo parecido. Un joven se acuesta con una joven y tras el fragor amoroso, su amante le cuenta que ahora el mal anidará en su interior, la perseguirá, hasta que la joven se lo pase a otra persona, por transmisión sexual.

Los seres que acechan a la joven son como fantasmas, con muy mala pinta, que se mueven despacio pero que obligan a la joven a estar siempre al acecho, siempre huyendo, pues si llegasen a alcanzarla la matarían. La joven tiene unas amigas y un amigo, que lejos de verla como una loca, la ayudarán en su plan.

El final (como no podía ser de otro modo) deja abierta la puerta a más secuelas, porque todos sabemos que el MAL nunca acaba.

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Musarañas

Musarañas

Con dos personajes principales y algún secundario más, ubicados en un inmueble en el que transcurre toda la película, el resultado es satisfactorio.

A los directores ya afamados como Bayona, Balagueró, Morales, Vigalondo, Amenábar, Plaza, Alex de la Iglesia, etc, habría que añadir a esta miríada de nombres los de Juanfer Andrés y Esteban Roel, que debutan en el largometraje, con esta película, tras los cortos 036, Es un buen chaval y La sorpresa de Aquirana.

Estamos en España, en los años cincuenta, donde viven dos hermanas de crucifijo y misa diaria (es un decir, porque la hermana mayor es incapaz de cruzar el umbral de su casa). La madre murió cuando la hermana pequeña nació y esto la atormenta desde entonces. El padre, tras morir la madre, reemplaza a ésta por su hija, en todos los sentidos, hasta que esa situación depara insoportable y el padre desaparece de la escena, presuntamente huido.

La idea es que todo lo que respiremos sea sucio, turbio, tóxico, asfixiante, embutido todo en una religión que lo ahoga todo y que no deja respiraderos para una vida normal, reducido todo a las oraciones, al flagelo, a purgar, a saber qué culpas y pecados pretéritos.

La hermana pequeña está bastante harta de la situación, quiere salir, conocer chicos, vivir la vida, y entonces las costuras de este sudario existencial se resquebrajan, cuando inopinadamente el vecino que vive arriba cae rodando por las escaleras, hasta ir a dar a la puerta de la casa de las hermanas, donde la mayor ejerce entonces de improvisada hermana de la caridad, hasta que muestre poco después su verdadera cara.

¿Hay algo más terrorífico que un amor no correspondido?.


El ritmo resulta endiablado y aunque hay ciertas cosas en el guión que rechinan, agradezco el toque gore por obra y gracia de la actriz Macarena Gómez, brutal en todos los aspectos y que devora a todos lo que le secundan, tanto Nadia de Santiago, como Hugo Silva. El único que está a la altura es Tosar, que no falla nunca.

Coged sitio delante del televisor, poned la película y disponeros a pasar una hora y media sobresaltados, horripilados y complacidos, si os guste el género gore y el humor negro.

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Alabama Monroe (Alex Van Groeningen 2012)

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Si ya es dramático ver la historia de una niña de corta edad que muere a resultas de una leucemia, sumarle a ese hecho luctuoso la muerte de la madre de la criatura, que sin poder superar la muerte de su retoño, decide suicidarse, la película podemos imaginar la carga dramática que atesora.

Elise hace tatuajes. Didier toca en un grupo de bluegrass. Un día Elise entra en la tienda de Didier y le habla de un concierto, de un tipo de música que a él le gusta. Luego ella lo ve a él sobre el escenario, cantando y Cupido hace de las suyas y surge entre ellos la pasión, el amor a borbotones, el sexo sin medida y luego el embarazo de ella, y el nacimiento de su hija Maybelle y cuando todo parece perfecto, la niña tiene leucemia, y todo se desmorona, se resquebraja, se va al traste. Y con la muerte de la niña, surgen los zarpazos, los reproches, las reprimendas, esa ristra de agravios y heridas mal cerradas.

Magnífico el trabajo de Elise (Veerle Baetens) y de Didier (Johan Heidenbergh). Un guión potente que arremete contra esa religión que impide avanzar la ciencia y salvar vidas. Magnífico el discurso de Didier sobre el escenario, sin querer asumir de papel de víctima pasiva, sin voz ni voto. Didier aprovecha ese escenario para exorcizar su dolor, para dar su parecer, algo que Elise, no comparte.

Película desgarradora y compleja, que no esconde nada y muestra todo con toda la crudeza de la que los seres humanos somos capaces de manifestar cuando no somos capaces de controlar nada de lo que nos rodea.

Alabama Monroe se suma a otras producciones realizadas en Holanda y Bélgica como Bullhead o Borgman, que vale la pena y mucho visionar.

Más sobre el cine invisible Belga.

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Blue Ruin (Jeremy Saulnier 2013)

Blue Ruin

Blue ruin aborda con buena mano algo tan manido y abundante hoy en día como es la venganza.

El protagonista es un hombre de unos treinta y muchos años que vagabundea, viviendo en un coche aparcado, bañándose en el mar, comiendo lo que pilla de los contenedores.

Un día recibe la noticia de que el asesino de sus padres sale de la cárcel y decide tomarse la justicia por su mano y acabar con el exconvicto.

La violencia genera violencia, mediante una espiral donde sabemos cómo empieza pero nunca cómo acaba. Lo cual no nos impide intuir que acabará mal, porque es difícil acotar la violencia desmedida, cuando no sabemos de qué somos capaces, y desconocemos a su vez, cómo reaccionan nuestras víctimas, que acabarán ajustándose a las leyes de acción-reacción.

El tempo de la película es pausado. El protagonista, acostumbrado a vivir en la soledad más absoluta se asombra incluso ante su propia voz y cuando confiesa a su hermana su crimen, ésta, y sus dos hijas pequeñas tendrán que poner pies en polvorosa, dado que los familiares de la víctima, no tienen intención de llamar a la policía, pues quieren resolver el caso a su manera.

El actor que da vida al protagonista Macon Blair parece estar entre asustado y empanado. Lo cual creo que es lo que el director quiere transmitir, porque el personaje podría ser cualquier de nosotros, si un día tenemos la peregrina idea de vengarnos de alguien, sin ser capaces siquiera de disparar con acierto una escopeta de perdigones.

El enfoque singular del director Jeremy Saulnier al abordar la historia, el protagonista apocado, las escenas de suspense y tensión bien elaboradas, el climax onnírico, el ambiente gris, silente,, el humor negro y un guión mínimo pero dilatado hasta la hora media con mucha solvencia, hacen de Blue Ruin una película que sin ser una maravilla la recomiendo pues no engaña a nadie y radiografía muy bien las consecuencias de la violencia expedita a manos de un pobre diablo que no tiene nada nada que perder, más allá de su vida.

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Somos los que somos (Jim Mickle, 2013)

Somos lo que somos

Ayer por la noche vi esta película y no he dormido muy bien. No tengo claro si esto está correlacionado con el atracón de alubias de Anguiano aderezadas con morcilla de Burgos y chorizo de Baños del Río Tobía o si fue por el visionado de esta película la que me estuvo trabajando el subconsciente toda la noche, manteniéndome en suspense hasta la alborada.

Esta película, Somos lo que somos, es la adaptación americana o remake de Somos los que hay, película mexicana del 2010, la cual no he visto.

Al comienzo de la película vemos a una mujer que empieza a sangrar por la boca, cae en un pilón y muere ahogada. Luego vemos que esa mujer tenía un marido hosco y raruno y dos hijas que parecen un spin-off de Los Otros, dos jovenes hurañas y taciturnas, que cuando miran parecen estar hablando con los muertos, y en lo que dura uno de sus pestañeos mi Rumba ya me ha recogido toda la casa. Por ejemplo.

Somos lo que somos

Mientras, en el pueblo, siguen desapareciendo jóvenes adolescentes, cuyos cuerpos nunca aparecen. O bien porque se esconden de maravilla, que no es el caso, o bien porque su asesino las mata y las entierra de tal manera que nunca más aparecen, o bien como el Lobo Feroz, se las come.

Sí amigos si habéis visto Canibal, con un fantástico Antonio de la Torre, y os gustó, Somos lo que somos: una familia canibal, os llevará al orgasmo visual.

Tiene la película un tempo lento, y como esa lluvia persistente que dura toda la película, se va creando un clima inhóspito, acerado, gris, amortajado, sórdido y finalmente vomitivo. Casi nada.

Si quéreis pasar un mal rato, que al mismo tiempo es un muy buen rato, echarle un ojo a Somos lo que somos y ataros bien los machos. Yo, de hecho, desde ayer por la noche que la vi, hasta este mediodía, acabé tan estomagado que he aguantado sin comer carne.

Me ha contado un pajarito o pajarraco, no los distingo bien, que habrá una precuela y una secuela de esta película. A ver si tienen suerte y nos la cuelan.

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Elefante blanco (Pablo Trapero, 2012)

Elefante Blanco

Me enfrento a la película de Pablo Trapero con los ecos de películas como Ciudad de Dios o Tropa de élite, donde el director argentino da la voz, y las armas, a los más desfavorecidos, a las miles de personas que viven hacinadas en la Villa 31, en penosas condiciones de salubridad, reducido ese espacio a un forúnculo de la ciudad de Buenos Aires. Una realidad, la que nos presenta muy crudamente, que pocas veces se ve retratada en la pantalla grande, mas presta a conformismos y complacencias de todo tipo.

Trapero echa mano de actores importantes como Ricardo Darín (Julián), secundado por Jérémie Renier (Nicolás) y por Martina Gausman (Luciana).

Julián lleva años ejerciendo como párroco en la Villa 31 y está ya cansado y enfermo. Y busca en Nicolás, su pupilo, la figura que le reemplace con su obra cuando él no esté.

Desgraciadamente la muerte (no natural) final de Julián, lo convierte en un versión actualizada del padre Múgica, otro párroco que fue martirizado, cuyo empeño fue también dar su vida por los más desfavorecidos.

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La puesta en escena es trepidante, luminosa, vivaz, pero la historia adolece de un guion más contundente, más trabajado. Esta carencia muestra las fallas de una historia, que apenas aporta nada nuevo, con un tratamiento, donde todo queda muy en la superficie, en lo anecdótico diría, un tratamiento de la podredumbre esquemático y epidérmico.

El empeño de Trapero es plausible, su película es dura, tópica, desgarradora a ratos, pero de muy corto alcance y de escaso aliento.

La escena en la que Nicolás y Luciana dan rienda suelta a su deseo, a su pasión irrefrenable, me ha resultado el momento más intenso, verosímil y vibrante de todo el film. Ese momento, esa pequeña muerte, en la que el ser humano llega a creerse inmortal, cifra los anhelos humanos en un deseo tan urgente como contingente.

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No confíes en nadie (Rowan Joffe 2014)

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No confíes en nadie. En los reseñistas menos aún.

Este película es muy misteriosa. Su protagonista es una mujer de cuarenta y pico años la cual ha pérdido su memoria reciente. Cada día que comienza parte de cero. Se ve en la cama acompañada de un hombre, durmiente. Va al baño a hacer pis y allí encuentra un montón de fotos pegadas en la pared. Fotos de su boda, de su marido, de sus momentos felices. Luego el hombre que está en la cama, su marido, le cuenta lo que le sucede, su incapacidad para recordar nada nuevo, etcétera.

Un día, la mujer recibe la llamada de un doctor que quiere ayudarla. En una cámara ella grabará antes de acostarse lo que va haciendo cada día, así puede contrastar al día siguiente lo que le dice el marido con lo que ella registra en su cámara. Gracias al doctor, la mujer va recordando cosas, momentos, personas, como una amiga a la que hace mucho tiempo que no ve. Todo esto la sume en la confusión pues no tiene del todo claro si esos recuerdos son verdaderos o su mente los ha cincelado mezclando churras con merinas.

El director, Rowan Joffe, logra que una historia que en su planteamiento podría ser excesiva pero que se circunscribe a cuatro tópicos, mantenga el interés de principio a fin.

Algo, o mucho, tiene que ver en ello que los protagonistas con Nicole Kidman, en la piel de la mujer desmemoriada, Colin Firth, como el marido abnegado y Mark Strong como el doctor.

Como nos tememos se reserva para el final el típico y tópico golpe de efecto.

Entretenida. Sin más.

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Zulu (Jérôme Salle, 2013)

Zulú poster película

Lo que esta demuestra certifica es que la reconciliación es un camino pedregoso, plagado de merodeadores y asesinos, que siguen anhelando la sangre ajena.

La historia transcurre en Suráfrica en el momento presente. Un país donde podemos pensar que las heridas han cicatrizado y que el pacto de silencio permitió mirar para adelante en lugar de cebarse en las arenas movedizas del fangoso pasado.

La película es la lucha que mantiene con su pasado un inspector negro zulú, Ali Sokhela (Forest Whitaker) que sufrió en sus carnes los abusos del régimen, dejándole secuelas para toda su vida.
Ali ha optado por mirar para adelante, por acercarse a algo parecido al perdón, siendo esa la única manera de no envenenar su día a día, dando por buenas las palabras de Mandela.
“Si quieres hacer la paz con tus enemigos, trabaja con tus enemigos, entonces se convertirán en tus amigos.
Al lado de Ali está el joven blanco Brian Epkeen (Orlando Bloom), un tipo alcohólico, mujeriego, impuntual, trasnochador, infiel, caótico. Un buen sabueso a a pesar de todo.

En uno de los casos en los que ambos dos están trabajando se topan con una caso de corrupción de proporciones gigantescas. Un doctor está probando un nuevo fármaco antidepresivo con cobayas humanas, con niños de las barriadas, quienes tras probar el fármaco se vuelven violentos, irascibles, muchos de los cuales se mutilan e incluso se suicidan.

No se puede salir limpio de una historia como esa, y Ali que hasta entonces siempre había apostado por el perdón, decide romper la baraja al constatar que el lugar donde vive es como el Lejano Oeste, un terreno fértil para que se imponga la ley del más fuerte, del más violento, del más corrupto, del más poderoso, ante quienes el ciudadano de a pie, honrado, policía o no, nada tiene que opugnar, más allá de la mejilla, para que se la partan.

Forest Whitaker nos ofrece una interpretación memorable. Bloom se despoja de su ñoñez (casi congénita) y da el pego y va camino de convertirse en un actor de verdad (quizá teniendo a Matthew McConaughey, como buen espejo en el que mirarse).

Zulú es una thriller duro, trepidante, crudo, descarnado, verosímil, un puñetazo entre los dientes, una patada en la tripa, una mano fría en el cerebro.

Su director, Jérôme Salle, ha hecho un peliculón, basándose en la novela negra de Caryl Ferey. A los que gustéis del cine de acción y de calidad (no,no es un oximorón), no se me ocurre recomendaros una propuesta fílmica mejor que esta.

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Nightcrawler (Dan Gilroy 2014)

Nightcrawler


Corran a los cines ahora mismo a ver Nigthcrawler
(merodeador nocturno), no pierdan el tiempo. La película es obra de Dan Gilroy, hasta el momento guionista de películas como The Fall. Con esta película Gilroy se ha salido del tiesto. Pocas películas, de las muchas que visiono, han conseguido tenerme tan absorto, tan subyugado, mezclando en mi interior algo intermedio entre la repulsa y la atracción, como Nightcrawler

Un resultado tan brillante es consecuencia de un magnífico guión y sobre todo de la magistral interpretación de Jake Gyllenhaal en la piel de Lou, un tipo avispado y antisocial que una noche mientras circula con su coche ve un accidente y al acercarse a hocicar descubrirá que grabar imágenes de gente agonizando, envuelta en llamas, tiroteada, mutilada, es un negocio que da dinero, que lo sangriento vende, porque hay millones de telespectadores que fijan su atención a la gran pantalla como mariposas en pos de la luz, cuando en sus pantallas huele a muerte, a sangre.

Dicho y hecho. Lou compra una cámara, sintoniza su radiofrecuencia con la de la policía, contrata a un chico al que paga cuatro duros y los dos juntos, pasan a ocupar su tiempo nocturno transitando las carreteras de Los Ángeles a la búsqueda de algún fatal desenlace.

La ambición desmedida de Lou se topa con la de Nina, quien dirige una cadena de televisión especializada en noticias lo más truculentas posibles. Cuando Nina descubre a Lou, siente que Dios le ha venido a ver, pues éste le muestra sus imágenes con regocijo, sin que todo aquello que le ofrece a Nina le suponga el menor cargo de conciencia, al revés, ya que en el dolor ajeno, ante un cuerpo muerto o agónico, Lou, como todo buen psicópata experimenta algo parecido al placer.

La historia de Lou va cada vez a más hasta un clímax glorioso. Lou y Nina muestran cada uno de ellos la enfermedad de nuestras sociedades modernas, donde a los crímenes, asesinatos, violaciones, accidentes de todo tipo, a manos de asesinos, violadores, criminales, se suman todos aquellos periodistas, presentadores, cámaras de televisión, o simples merodeadores, que tratan de sacar tajada de todo ello, contando con la complicidad del público, de la gente cómo tú y yo, creándose así un triángulo demoniaco y perfecto.

Nightcrawler es ya un película de culto, que espero y deseo no permanezca oculta.

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