Archivos de la Categoría 'Películas años 40'

Destino (Salvador Dalí, Walt Disney, 2003)

Dalí y DisneyDirección: Dominique Monfery
Guión: Salvador Dalí y John Hench
Duración: 7 minutos
Francia, USA, 2003

No sé si quedará mucha gente que no haya visto este cortometraje, Destino, encargado a mediados de los 40 por Walt Disney a Salvador Dalí, pero que no fue estrenado hasta el año 2003.

La razón es que en su momento el corto formaba parte de un proyecto más amplio que no acabó de realizarse, por lo que todos los dibujos realizados por Dalí quedaron como suele decirse olvidados en un cajón.

El nieto de Walt Disney, Roy Disney, fue el que volvió a poner en marcha el corto, tal y como había sido concebido en un inicio.

El toque de Dalí es indiscutible, las imágenes surrealistas que se mueven al ritmo de la música son excelentes y se ven mezcladas con algunos iconos de la sociedad americana que llaman la atención. Por supuesto, no faltan sus célebres relojes derretidos. No hay un argumento, sino que las imágenes se suceden creando su propia realidad.

Es un corto imprescindible que hay que ver. Estuvo nominado al Oscar en 2004.

Aquí puede verse una parte:

Enlaces | IMDB

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El extraño crítica película

El extraño Orson WellesDirección: Orson Welles.
País: USA.
Año: 1946.
Duración: 95 min.
Género: Thriller, drama.
Interpretación: Edward G. Robinson (Sr. Wilson), Loretta Young (Mary Longstreet Rankin), Orson Welles (Dr. Charles Rankin/Franz Kindler), Philip Merivale (Juez Adam Longstreet), Richard Long (Noah Longstreet), Konstantin Shayne (Konrad Meinike), Byron Keith (Dr. Jeffrey Lawrence), Billy House (Sr. Potter), Martha Wentworth (Sara).
Guión: Anthony Veiller y John Huston.
Producción: Sam Spiegel.
Música: Bronislau Kaper.
Fotografía (B/N): Russell Metty.
Montaje: Ernest Nims.

Para cuando Orson Welles dirigió y protagonizó El extraño ya estaba consagrado en la meca del cine. Había estrenado en 1941 la legendaria Ciudadano Kane.

Está claro que cuando se tienen las cosas claras y un guión musculado capaz de hacer que las secuencias se sucedan con un climax que va “in crescendo” el resultado ha de ser óptimo.

La película comienza con la reunión de un grupo de hombres cuya misión es perseguir a los nazis que dejaron Alemania tras la segunda guerra mundial y se cambiaron la identidad para seguir viviendo en otros lugares.

Poco despúes vemos como un hombre muy extraño, de nombre Konrad Meinike, llega a los Estados Unidos, mientra musita “estoy aquí por motivos de salud”. Esto dice cuando en la aduana se interesan por su llegada a América. Su objetivo es buscar a Kindler, nazi huido de Alemania que bajo la identidad de Charles Rankin, da clases de historia en un instituto de la pequeña ciudad de Harper y el cual busca borrar cualquier sospecha de su pasado, mediante el inminente matrimonio con Mary Longstreet, hija de un juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que está profundamente enamorada de él, y ya se sabe que el amor es ciego, como más adelante se verá.

El encuentro entre Meinike y Kindler se sucede como no puede ser de otra manera. Meinike, ahora arrepentido de su pasado nazi, quiere el perdón para Kindler, a golpe de biblia, el cual, receloso no puede permitirse que su pasado salga a la luz. Así que Meinike debe morir.

Tras Meinike , de incógnito va Wilson un curtido sabueso “caza-nazis”, que sabe tocar las teclas adecuadas para que suene la música que le gusta. Orson Welles ejecuta con maestría el papel de nazi monolítico, que quiere guardar las apariencias, pero que a lo luz de los acontecimientos intuye lo que se le avecina y sus ojos intimadatorios y su expresión se mudan en la de ese animal de presa capaz de matar no una, sino dos veces, las que hagan falta, para que su historia no salga a la luz.

De igual modo Loretta Young va tomando consciencia de quien es ese hombre con el que se ha casado, y del que desconoce muchas cosas, no es más que “un extraño” incurriendo en una crisis nerviosa cuando conoce la verdad sobre su marido. Una verdad que no “quiere reconocer ni admitir”.

Edward G. Robinson está inmenso, metiendo las narices en todos los platos, el cual merced a sus dotes de investigador es capaz de reparar en los aspectos más nimios, que le permiten atar cabos y descubrir la identidad del fugado, por otro lado bastante evidente, cuando se sabe de la obsesión de Rankin por los relojes o como éste hace que su mujer permanezca callada ante las preguntas, tanto del sabueso como de su padre (el juez), cuando se le interroga acerca de la muerte de Meinike.

El tema del nazismo (se ven algunas escenas sobre el uso de las cámaras de gas y las fosas comunes) es solo el telón de fondo para arropar este historia de “suspense total“, que capta la atención desde el primer momento y que nos tiene pegados a la pantalla, viendo como a Rankin se le va poco a poco estrechando el cerco, como éste va dando palos de ciego mientras sus actos se emborrachan de odio, resucitando su atroz pasado.

El final, con el reloj de la iglesia por medio, es inolvidable. El desarrollo de la película en un pequeño pueblo, donde todos se conocen, hace que la tensión e intriga tome cuerpo, gracias a la maestría de Welles con su capacidad innata para dosificar el ritmo narrativo, apoyado en unos actores estupendos, para pergeñar una película muy entretenida. Cine en estado puro.

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Berlín Occidente (A foreign affair, 1948)

DIRECTOR Billy Wilder
GUIÓN Charles Brackett, Billy Wilder, Richard L. Breen (Relato: David Shaw)
MUSICA Frederick Hollander
FOTOGRAFÍA Charles Lang Jr. (B&W)
REPARTO Jean Arthur, Marlene Dietrich, John Lund, Millard Mitchel, Peter von Zerneck, Stanley Prager, Bill Murphy, Raymond Bond
PRODUCTORA Paramount Pictures

Tras el acuerdo de Postdam que supuso el desmembramiento y reparto de Alemania en cuatro divisiones, a manos de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial: rusos, americanos, ingleses y franceses, el Berlín Este pasó a manos de los rusos. Es en el Berlín Oriente, en concreto en el sector americano en donde se desarrolla la trama de la película.
Un comité de congresistas americanos se traslada a Berlín en 1945, a una ciudad reducida a polvo y cenizas con casas que son espejismos, y calles y plazas aniquiladas, con edificios semejantes a quesos de gruyere. El objeto del viaje es comprobar si realmente la moral de los soldados americanos está viéndose afectada por los fantasmas de carne y hueso de la guerra.
La congresista, protagonista principal de la película, a su llegada adopta una actitud censora ante lo que ve en las calles:
Soldados americanos camelando a chicas alemanas, mercado negro de toda clase de productos, club nocturnos atestados de tropas militares.
El capitán frecuenta la compañía de una mujer alemana, novia en su momento de un alto dirigente de la GESTAPO, a la cual obsequia con detalles tales como azúcar, chocolate, cigarros e incluso un colchón. Ella es una cantante que actúa en un local llamado Lorelei, al cual acuden los militares y en donde interpreta canciones que explican lo que sucede en periodo de guerra, como Black Market (Mercado Negro).
La congresista toda vez que descubre el pasado nazi de la cantante se empeña en descubrir quien en el ejercito Jean Arthur Berlin Occidenteamericano la protege, y para ello recurre al capitán ,del cual desconoce que es el amor secreto de la cantante. Ante el empecinamiento de la congresista de Iowa, el capitán recurre a sus métodos de ligón para conseguir que esos tres días que va a permanecer en Berlín, tan solo piense en el amor. Y de verás que lo consigue nuestro capitán, y así sigue jugando a dos bandas. La congresista se ve fulminante seducida por las artes amatorias del capitán, para quien, lo que comienza como un juego acaba siendo algo más relevante en su vida.

El guión hace gala de una gran ironía, y no cae en el dramatismo de la posguerra, sino todo lo contrario, es una comedia que nos hace reír, y destila hilaridad durante toda la película (Inevitable con Billy Wilder como director).
Buenas interpretaciones tanto del capitán (John Lund), de la congresista (Jean Arthur) y de Marlene Dietrich, en los papeles estelares.
Y varapalo para la clase política a la cual castiga, tachándolos de burócratas que se llenan los bolsillos sin intentar entender lo que pasa a su alrededor. Perdidos entre enmiendas, disposiciones y demás parafernalia legalistas. Deja su impronta aun habiéndose realizado hace 60 años.

Berlín Occidente IMDB

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El Gran Dictador (The Great Dictator, 1940)

Cartel DictadorThe Great Dictator, USA 1940

Dirección y guión:
Charles Chaplin

Reparto:
Charles Chaplin (Hynkel, dictador de Tomaína/Barbero judío), Paulette Goddard (Hannah), Jack Oakie (Napaloni, dictador de Bacteria), Reginald Gardiner (Schultz), Henry Daniell (Garbitsch), Billy Gilbert (Herring)

Género: comedia bélica dictatorial

Chaplin vs Hitler: Un auténtico clásico del cine, tanto como obra artística como obra política, debido a que se hizo precisamente en los años en los que el nazismo estaba en su máximo apogeo. El rodaje comenzó 6 días después de que se iniciara la I Guerra Mundial. De hecho cuentan que el mismísimo Hitler llegó a verla y formaba parte de su amplia filmoteca, compuesta por títulos que él veía y que luego prohibía.

DictadorCuriosamente Hitler y Chaplin tenían muchas más cosas en común, aparte del bigote. Ambos nacieron el mismo año y con muy pocos días de diferencia, en familias pobres. Antes de ingresar en el ejército Hitler fue un tipo muy parecido a Charlot, el bagabundo que dio fama a Chaplin. En su juventud quiso ser actor y cuando Chaplin ya era aclamado por las multitudes, Hitler era rechazado en la Escuela de Viena donde intentaba ingresar. No sé si el mundo se perdió a un gran artista, pero en caso de que le hubieran admitido sí que se hubiera perdido a ese “gran dictador” y se hubiera cambiado el devenir del mundo.

Tras esto Hitler ingresó en el ejército, combatiendo en la I Guerra Mundial, algo que también hizo Chaplin, en el bando contrario y de forma distinta, arengando en actos públicos a los soldados.

Hitler fue siempre un cinéfilo y un actor frustrado. Con el poder pudo satisfacer en parte ese afán y utilizó el cine como arma propagandística, filmando también los grandes desfiles que le dedicaban y algunos discursos en los que sobreactuaba de tal forma que si no fuera por el mensaje que lleva detrás sería hasta cómica. De hecho Chaplin lo que hace en esta película es más imitar que parodiar al propio Hitler, siendo hilarante en algunas escenas.

Usando la técnica: La película es en blanco y negro, a pesar de que existen imágenes documentales en color sobre el rodaje. Ya existían películas en color (por ejemplo, Lo que el viento se llevó es de 1939 y hay películas que la preceden en varios años), pero técnicamente lo que supuso un gran y difícil salto para Chaplin fue el paso del cine mudo al sonoro. Fue su primera película en la que tuvo que hablar y eso había supuesto la caída de otros muchos autores, puede que por eso esperara tanto a hacer su primer film sonoro. Pero Chaplin era mucho más que eso, en El Gran Dictador interpreta dos personajes, habla en extraños idiomas, además de producir, dirigir y haber escrito el guión.

GloboLa historia se ha encargado de recordarnos que el éxito fue notable, pero en su momento la valentía que había que tener para hacer una película así era mucha. Incluso asociaciones judías americanas le pidieron a Chaplin que no siguiera adelante, porque podía suponer para toda su comunidad que vivía en Europa que las cosas fueran a peor. Otros muchos le animaron y le dieron su apoyo y él siguió adelante porque lo vio como una forma de ayudar más que de entorpecer.

Parodias: Hynkel es una imitación de Hitler, pero además Napaloni lo es de Mussolini, Garbitsch de Goebbels y Herring de Goering.

La escena: El dictador Hynkel jugando con un globo terráqueo que mueve a su antojo, simbolizando el dominio que pretende ejercer sobre todo el mundo. Al final acaba explotándole en las manos.

Oscars: de 5 nominaciones (3 para Chaplin como productor, actor y guionista, una al secundario Jack Oakie y otra a la banda sonora) no se llevó ni uno.

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