El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra)


Título original: El abrazo de la serpiente
Año: 2015
Duración: 125 min.
País: Colombia
Dirección: Ciro Guerra
Guion: Jacques Toulemonde, Ciro Guerra
Música Nascuy Linares
Fotografía: David Gallego (B&W)
Reparto:Nilbio Torres, Antonio Bolívar, Jan Bijvoet, Brionne Davis, Yauenkü Migue, Luigi Sciamanna, Nicolás Cancino

Prometeo arrebató el fuego a los dioses para dárselo a los humanos, como si éste se tratara de las semillas del árbol de la ciencia. En esta gran película de Ciro Guerra, un explorador occidental surcará el Amazonas registrando en su cuadernos todo cuanto vea, con la idea de acercar ese mundo ancestral amazónico al mundo occidental. En un poblado y tras ser agasajado por los lugareños, a la hora de irse cae en la cuenta de que le han birlado la brújula. El viajero (con la cara de Jan Bijvoet, un rostro que no he logrado olvidar después de verlo en la siniestra Borgman), se enfada, clama al cielo, no tanto por el robo, sino porque cree que si la brújula cae en sus manos, los lugareños se atontarán, perderán sus capacidades de orientación, tal que el progreso para ellos sería algo nefasto y el explorador los quiere mantener puros, incontaminados, anclados en su mundo ancestral. Siempre presente el tono paternal occiental, cuando se demuestra que los lugareños saben sobrevivir perfectamente y que los que les joden la existencia son los hombres blancos, siempre ávidos de dinero, arrasando con todo, sometiéndolos al monoteísmo. Los caucheros son buena metáfora de esto.
A pesar de que los lugareños amazónicos tienen cincuenta nombres para denominar el verde, la película está rodada en blanco y negro, lo cual dota a la película de una aura magnética, arrebatadora, subyugante, casi onírica, pues muchas imágenes parecen rodarse en ese terreno vaporoso, bisagra entre el sueño y la vigilia.
La película es un recorrido circular, donde vemos el deambular fluvial de dos exploradores en distintos momentos del tiempo, con el mismo nexo de unión, Karamakate un chamán solitario, el único superviviente de una aldea arrasada, que primero los dejará tirados y décadas después verá en la visita de otro explorador la posibilidad de redimirse de su error.
Viajeros curiosos, solitarios, yendo siempre al límite de su físico y de su mente, porque más allá de la extenuación física, de la enfermedad, aquello que ven los golpea, los transforma, pues viven momentos dramáticos como la llegada a una comunidad religiosa, donde la primera vez salen por patas y la segunda también, con una escena de sexo y canibalismo que nos recordará a El entenado Saeriano.
Lo que logra la película es ni más ni menos que epatar y embrujar -en mi caso- al espectador, siguiendo la travesía de estos tres hombres, el occidental, el lugareño y otro rescatado por el explorador de las garras de los caucheros que siente hacia este una especie de devocación, de deuda, que parece pagar gustosamente. Imágenes de belleza aterrodora en su final, imágenes incluso cósmicas, merced a la NASA, películas desconcertantes y necesarias, que cuestionan el proceder occidental y su capacidad casi siempre aniquiladora e irrespetuosa.

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